En este país donde el horror no se detiene y uno puede morirse sin mayor trámite son pocos los motivos para la alegría. La muerte violenta absolutamente incomprensible de un niño secuestrado, hace apenas unos días, el reciente asesinato de las niñas de San Lucas y el crimen generalizado, incontenible, alimenta ese sabor amargo que amenaza con permanecer en nuestra boca para siempre. En medio del caos, de una inseguridad que sin duda supera a los días de la guerra y sin tener asideros para la esperanza, vuelven los días dedicados a los libros, como un vaso de agua fresca. La VI Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA) es uno de esos acontecimientos que nos devuelve a la cordura. Porque los libros nos recuerdan que todavía somos seres humanos; personas inteligentes con la capacidad para crear una vida que no carezca de sensatez. Una sociedad como la nuestra, hundida en la locura de la criminalidad, cuyo único incentivo es alcanzar la riqueza a toda costa; una sociedad que no cuida de la educación de sus niños; que no lee, apabullada por la tecnología, consumista y complacida en su ignorancia, está condenada al fracaso.
Los libros nos incitan a pensar, a desarrollar ideas propias, a tener una visión crítica de la realidad; insinúan posibilidades, esbozan respuestas, iluminan la penumbra. Los libros nos abren puertas y compuertas, derriban muros y echan a volar esa miríada de insectos inquietantes que son las ideas cuando despiertan. Los libros nos regalan nuevas palabras y significados; nos llevan a caminar a lugares inesperados, nos meten en los pensamientos de personas que nunca llegaremos a conocer y nos permiten el lujo de la imaginación. Los libreros ofrecen rebajas en la feria, una oportunidad para hacerse de libros a precios asequibles. Así compré Pelando la cebolla, de Günter Grass, un texto que agarra de la solapa al lector apenas cruza la primera página: “Lo mismo hoy que hace tiempo, sigue existiendo la tentación de disfrazarse de tercera persona…” También conseguí la edición conmemorativa de La región más transparente, de Carlos Fuentes, una novela reveladora que recoge una visión histórica de la vida en la ciudad de México y que marca un cambio en la narrativa, a las puertas del ya añejo boom de la literatura latinoamericana; un libro llamado Vida, naturaleza y ciencia, todo lo que hay que saber, cuyo título es repelente pero que promete ser una buena introducción para no iniciados en los fundamentos de las ciencias naturales; los Cuentos del desierto, de Paul Bowles, que andaba buscando desde hace tiempo, sobre todo por Un episodio distante; el Roget’s Desk Thesaurus, que tiene la gracia de ofrecer el análisis de 400 sinónimos, además de sus once mil entradas; Blink, del escritor, periodista y crítico cultural Malcolm Gladwell, sobre la inteligencia intuitiva, un libro curioso y perspicaz y, entre otros libros, una edición económica de Críticas con humor sobre el idioma y el diccionario, de Álex Grijelmo, ese incansable explorador de nuestro idioma, en cuyas páginas uno se entera, por ejemplo, de que no puede andar por ahí priorizando impunemente ni posicionando cosas.
Claro que la feria ofrece más que libros a precios rebajados. Lo más importante es la actividad cultural; la oportunidad de escuchar a escritores y participar en talleres y presentaciones de libros como La vida es sueño de Marco Antonio Flores; Las huellas de Guatemala, de Gustavo Porras; Narrativa breve, de Méndez Vides, y Material humano, de Rodrigo Rey Rosa. El jueves por la noche asistí a la presentación de El arte del asesinato político, el libro de Francisco Goldman sobre la muerte de monseñor Gerardi. Escuchar al autor fue interesante porque se trata de un trabajo de periodismo de investigación que le tomó cerca de ocho años. ¿Nuevo periodismo? No hacen falta las etiquetas, dice Goldman, y nos recuerda el trabajo de Martí. Con todo lo que puede mejorar en el futuro —como salones para las presentaciones menos ruidosos—, FILGUA nos deja un aire refrescante y la sensación de que la inteligencia todavía tiene un lugar entre nosotros.
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