Proyecto enseña a jóvenes de comunidades de la comunidad sobre producción de video y documentales.
CArlos F. Rigalt
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los jóvenes de Ixcán, Quiché, realizan los documentales.
“Vamos a mostrarles los documentales a los niños que nacieron después de los Acuerdos de Paz para que no olviden su pasado”. - Miguel Coctoma, poblador de Ixcán.
A mediados de los años sesenta, los padres Maryknoll que daban atención a la diócesis de Huehuetenango se fijaron en Ixcán para iniciar un proceso de colonización en el que se darían parcelas a los campesinos pobres y sin tierra.
La Iglesia, que había comprado algunas fincas en la zona, negoció con el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA) la autorización para colonizar las tierras nacionales entre los ríos Xalbal e Ixcán, que serían conocidas como Ixcán Grande.
El proyecto consistía esencialmente en organizar a los campesinos desplazados en cooperativas agrícolas, cada una de ellas responsable de parcelar y distribuir entre sus asociados una cierta extensión de tierra.
Desde las tierras frías y nubladas del altiplano, cientos de familias indígenas rehicieron sus vidas en un nuevo horizonte de esperanza, caluroso y húmedo como la selva que penetra la frontera guatemalteca desde México; hasta que llegó la guerra. El conflicto armado interno fue violento en el norte de Quiché. La represión obligó nuevamente a los recién llegados a emigrar hacia zonas selváticas en Chiapas y formar las Comunidades de Población en Resistencia (CPR).
Con la firma de la paz, muchos de estos retornaron a sus antiguas parcelas y en otros casos formaron nuevos pueblos. Uno de estos es La Primavera.
La inclusión
Mientras Rafael Gonzales Quintero realizaba documentales en Ixcán hace tres años, se sorprendía por la cantidad de niños y jóvenes que se acercaban a observar las cámaras.
De eso a organizar talleres de producción audiovisual con ellos hubo un paso. Ahora esos mismos jóvenes han filmado sus propios documentales para narrar una historia –como la guerra y sus consecuencias– que ni siquiera ellos mismos experimentaron. De niños crecieron en las montañas del autoexiliio, en las selvas mexicanas.
Uno de ellos es Miguel Coctoma, de 20 años, un q’eqchi’ que trabajó como guionista y productor de uno de los 2 documentales. “Me interesó plasmar la historia como la vivieron mis padres o los de mis amigos. Para que no se borre”, cuenta.
Los temas no necesariamente se enfocan en el pasado sino hacia otros viajes, también fuera de su pueblo, más recientes. “La falta de trabajo, de oportunidades. Muchos se vuelven a ir a México a trabajar o sus padres ya viven en Estados Unidos”, dice Rafael.
Desde Huehuetenango a Ixcán. De Ixcán a Chiapas. De regreso a Ixcán. De nuevo hacia el norte, hacia Estados Unidos y luego otra vez a Ixcán, la vida de estos trotamundos a la fuerza no ha tenido descanso en los últimos 30 o 40 años.“Es muy duro migrar ”, dice Rafael.
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