Una reunión de los diferentes colegios de médicos de América Latina en Bolivia arroja datos preocupantes para el país.
Carlos Rigalt
Después de reunirse con sus colegas de toda América Latina en Santa Cruz, Bolivia los directivos del Colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala recogieron las inquietudes más importantes entre médicos del continente respecto a la pandemia A H1N1.
Entre ellas el que mientras todos los países latinoamericanos padecen la epidemia, unos van de salida y en otros, como el nuestro, las cifras aumentan. Según Mario Rodolfo López Castillo, presidente del colegio, están sucediendo entre 75 y 100 casos por semana.
Otro aspecto que pudieron confirmar es que las cifras sobre la epidemia que todos llevaban al cónclave de la Confederación Médica Latinoamericana y del Caribe tenían subregistros. Por cada diez casos reportados pueden existir dos o tres más.
En la reunión intercontinental también fue tema de discusión la posibilidad de que se cuente en un futuro no muy lejano con la vacuna, a finales de octubre o noviembre esperan, pero que también se prevé que esta no sea asequible a toda la población en los distintos países.
Seguramente Estados Unidos o Canadá la tengan primero. Por ello, otra de las conclusiones de los médicos fue que los estados reiteren la prioridad de la salud por encima de la propiedad intelectual, y permitan que se fabrique la vacuna en laboratorios de universidades u hospitales.
Respecto al papel jugado por el Ministerio de Salud en Guatemala, López señaló que ha adolecido de problemas, entre ellos la secretividad con que se han manejado los datos, y la falta de interés porque se forme una plataforma entre distintas instituciones para enfrentarse a la epidemia en conjunto y más efectivamente.
Otro de los rezagos de la política nacional en salud respecto al A H1N1 ha sido el que luego de cinco meses de haber comenzado el problema se “ha bajado la guardia” de parte de las autoridades respecto a la concientización de la población sobre los peligros de la enfermedad y formas de prevenirla. Para López la llegada de más lluvias en septiembre y luego la época fría suponen un gran riesgo para que continúe o se agrave la epidemia.
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