La clásica definición es aristotélica: “Es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde”. El inmortal estagirita dedicó una parte de su obra al tema de la justicia, al igual que lo hizo Santo Tomás de Aquino rescatando en su momento, muchas de las enseñanzas de Aristóteles.
Aun antes, otro inmortal griego, Platón, consideró a la justicia como la más importante de las virtudes cardinales del ser humano. El valor central que se basa en la idea del bien. Las demás virtudes (la prudencia, la templanza y la valentía), dan base precisamente a la justicia. No obstante, el ideal de la justicia, el arzobispo salvadoreño monseñor Óscar Arnulfo Romero, expresó que “La justicia es como las serpientes: sólo muerde a los descalzos”. ¿Cómo es posible que de conceptos y definiciones filosóficas como las platónicas o aristotélicas, podamos pasar a nociones tan desgarradoras y hasta peyorativas de la justicia, como la atribuida al asesinado monseñor Romero?
Una respuesta podría ser que esa caracterización de la justicia no se podría dar en aquellas sociedades donde existe una verdadera convicción ciudadana en que no se puede vivir en paz y democracia si no es por medio de un Estado social y democrático de Derecho. Entre muchas otras respuestas para entender por qué monseñor Romero pudo haberse referido así a la justicia, prefiero concentrarme en tan sólo una de las posibles causas para ver a la justicia como serpiente y no como valor. Me refiero al incumplimiento del rol que la sociedad espera de sus jueces.
Ahora que están en plena marcha las Comisiones de Postulación, me pareció importante recordar que existe un Estatuto del Juez Iberoamericano que es parte de la normativa sobre ética judicial que deben observar jueces y magistrados guatemaltecos. ¿Cuántos de los candidatos que hoy se consideran para las más altas magistraturas de la nación conocen estas normas? ¿Cuántos de ellos están dispuestos a comprometerse públicamente a ajustar estrictamente su actuación a las mismas? Aparte de las obligaciones para mantener la imparcialidad e independencia, indispensables para posibilitar la justicia, me encantaría saber cómo todos quienes aspiran a esos cargos de máxima responsabilidad, entienden, por ejemplo, el principio de equidad contenido en el Artículo 43 de dicho Estatuto. ¿Qué dice ese artículo? Sería bueno preguntárselo a los candidatos.
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2 comentarios:
Roberto Ximenej: (2009-09-11 10:52:16 horas)
Voz Álvaro, no tenes ni idea de que es ser descalzo o en el contexto que Mons. Romero lo uso.
Salí a la sexta un domingo por la tarde y quitate los rieles Florsheim (que ahora son 'Made in India) solo para darte un quemón.
Rodolfo Marquez: (2009-09-11 08:54:58 horas)
El lic. Castellanos tiene mucha razón al afirmar que los candidatos a magistrados deben ser personas intachables, a quienes no pueda imputárseles ninguna falta a la ética. Es por eso que la Constitución de la República estipula como requisito indispensable para ser electo magistrado, que se goce del atributo de reconocida honorabilidad. En Guatemala hemos tenido muy malas experiencias con las Cortes Supremas de Justicia designadas bajo el amparo de la actual Constitución. No obstante lo anterior, nunca se había designado a una Corte Suprema de Justicia tan inútil y cuestionada como la actual, integrada por abogados cuyas actuaciondes han dejado mucho que desear, al extremo que han sumido al Organismo Judicial en un estado de apoplejia terminal crónica, que impide que dicho Organismo cumpla con su principal función, ADMINISTRAR JUSTICIA. Es por eso que una vez más, hago eco del llamado de las organizaciones de la Sociedad Civil, en el sentido de condenar y rechazar que se considere posible la reelección de algún magistrado de la CSJ, pues estos individuos ya han demostrado hasta la saciedad no solo que carecen de los atributos necesarios para combatir la impunidad, sino que la avalan con sus actos, en detrimento del Estado de Derecho. Los actuales magistrados de la CSJ son responsables por acción y por omisión de la apoplejía del sistema de justicia, pues con su incapacidad, ineptitud y falta de voluntad política han contribuido activamente a que las cosas continúen igual o peor que cuando asumieron sus cargos. Es inconcebible que algunos magistrados de la actual CSJ pretendan reelegirse en dichos cargos, y continuar mamando de la teta del Estado. Para conseguir sus fines de perpetuación en sus cargos, algunos de esos magistrados como V Aguilar, están utilizando como estrategia el transar o negociar el voto que tienen en la Comisión de Postulación de Magistrados a la Corte de Apelaciones, a cambio que los Representantes de dichos Magistrados lo apoyen en su espurio deseo de continuismo. Es inadmisible que buitres chupa sangre como el citado pretendan perpetuarse en tales cargos, los cuales han ejercido con evidente ineptitud e incapacidad, en detrimento de los intereses de todos los guatemaltecos. Aguilar es un acomodaticio y un convenenciero, lo cual se evidenció en las fallidas votaciones para elegir al presidente del OJ, donde el farsante al principio votaba nulo, para ver si lo nominaban a él como "candidato de la unidad", pero como su estrategia falló, se descaró y transó su voto, a cambio de jugosas prebendas. El pueblo de Guatemala ya no debe aceptar más transes de este tipo, clientelistas, sucios, y obscuros. Esto ejemplifica la supuesta "honorabilidad" que afirma tener el magistrado Aguilar, que nada más es una farsa. Como no lo eligieron al principio del período, tuvo que venderle el alma al FRG y a la UNE, y ahora se excusa en que no estuvo desde el principio para pretender evadir su responsabilidad. Sin embargo, es comparsa de sus colegas. Por eso es que hay que apoyar a las organizaciones que integran la Convocatoria Ciudadana en su solicitud de que no se reelija a los magistrados de la CSJ, y menos si entre éstos se encuentra gente como el susodicho magistrado Aguilar, que ya tiene compromisos adquiridos con grupos de poder paralelo, para proteger intereses espurios e inconfesables. La única manera de lograr que la justicia triunfe sobre la impunidad, y que se consolide el Estado de Derecho, es que se nomine a personas verdaderamente honorables, honestas y probas, que no se presten a componendas obscuras o juegos espurios, y que tengan claro que no van a proteger intereses de nadie en particular, sino a efectuar verdaderas reformas al sistema de justicia, que permitan que se rompan las estructuras que garantizan la impunidad de los corruptos. NO A LA REELECCIÓN DE MAGISTRADOS DE LA CSJ!!!!
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