Es de los preferidos por los coleccionistas de peces tropicales y quizás esta fue la causa de su llegada a las aguas americanas desde su lejano origen: Oceanía.
Todo el que haya hecho el viaje de cuatro horas hacia Los Cayos de Belice sabe que observar por primera vez las imágenes de los penachos de palmeras que se funden en las aguas color turquesa del Caribe centroamericano es una experiencia inolvidable.
Quienes van un poco más allá y se sumergen para bucear, se percatan de que hacerlo en ese acuario compuesto de peces fluorescentes y bosques de coral no tiene precio. Por causa de su excepcional belleza natural, por sus procesos ecológicos y biológicos, y por contener los más importantes hábitats para la conservación de diversidad biológica, el sistema de arrecifes beliceños fue elevado a la categoría de Patrimonio de la Humanidad en 1996.
A pesar de estas medidas protectoras, el arrecife está amenazado por la contaminación oceánica, el turismo incontrolado, el tráfico marítimo y la pesca. Y ahora por un pez endiablado, el pez león, pez diablo, pez pavo o cebra.
A pesar de estar entre los peces marinos más populares, estos miembros de la familia Scorpaenidae son reconocidos no sólo por su apariencia, sino por su habilidad de atacar a sus víctimas inyectándoles veneno a través de sus espinas.
El hecho de que los peces león sean unos de los más atractivos para los acuarios hace que tengan un potencial para que los aficionados al hobby del acuarismo reciban muy probablemente tales lesiones.
Llegó en los noventa
Este pez es un intruso en el Caribe, un depredador. Fue avistado en las costas americanas cercanas a Florida, Estados Unidos, desde 1992. Se ha reportado su presencia en el Golfo de México y frente a las costas de Cancún en 2003. Esta especie venenosa es originaria de mares lejanos: del Pacífico Oeste y Oceanía.
Su presencia en el continente, específicamente frente a las costas mexicanas y estadounidenses, según Ramón Ruiz Carús, biólogo mexicano, es probablemente resultado de escapes accidentales o intencionales de coleccionistas de peces, dado que es una de las diez especies importadas más valiosas y buscadas en Estados Unidos.
De tamaño mediano, llega a medir 40 centímetros y a pesar hasta 1,200 gramos, tiene 13 espinas dorsales y 3 anales. Todas son venenosas y su picadura, aunque puede no doler mucho al comienzo, es extremadamente dolorosa después de un rato, dependiendo de la cantidad de veneno recibido. Los síntomas pueden incluir inflamación, enrojecimiento, sangrado, náuseas, entumecimiento, dolor de articulaciones, ansiedad, cefalea, confusión, mareo, parálisis o convulsiones.
Debe erradicarse
Para Néstor J. Windevoxhel, biólogo venezolano radicado en el país, es un pez sumamente vistoso y de desplazamiento lento. Hipnótico a la vista, rodea a sus presas –peces más pequeños– a los que arrincona en espacios reducidos del arrecife. Crea un vacío al abrir la boca y luego los engulle. Es un anda solo y sobre todo, un invasor.
Según Windevoxhel, aunque no existen estudios que certifiquen su impacto sobre la vida marina en los arrecifes, es un competidor muy agresivo contra otras especies que se alimentan de pequeños peces.
Por ello, entre los buzos se sabe que cuando hay peces león rondando no es muy común observar otros peces pequeños. El pez león erosiona y arrasa la calidad de los arrecifes, dice Windevoxhel. Según él, lo adecuado es que cuando alguien aviste un pez león, avise de su existencia. Esto fue lo que sucedió recientemente en el cayo Zapotillo, situado al extremo sur de Belice y más próximo a Guatemala y Honduras.
Aunque cree que lo adecuado es eliminarlo, piensa que es peligroso que las personas individualmente se lancen a esta cruzada. Lo ideal es que el Gobierno, a través de sus agencias de protección a la naturaleza, diseñe una estrategia para erradicarlo. Aunque al final la naturaleza seguramente encontrará la forma de equilibrar el desbalance creado por este pez que, al ser un intruso en los ecosistemas americanos, no encuentra fácilmente ningún depredador y tiende a reproducirse y acabar con su entorno. Existe una diferencia entre los procesos naturales y los inducidos por el ser humano. Este es el caso del pez diablo, agrega Windevoxhel.
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1 comentarios:
Pedro Escalante: (2009-09-30 10:32:03 horas)
Es un buen reportaje , pero si ya se sabe lo que podria ocasionar este pez , seria bueno comenzar a pensar con la existencia de este pez , antes de que se vuelva mayor la existencia . La prevencion anticipada al ecosistema marino .
1 comentarios: