Hoy traigo a la memoria a esa madre ortodoxa, orgullosa de su misión de esposa y centro del hogar, que refleja con hidalguía ese deber cumplido que ha convertido en alegría. Abanderada de esa satisfacción que disfrutamos quienes la queremos. Me encanta visitarla, madre de nueve amigos y esposa de un hombre digno de recordar, abuela y bisabuela.
Me refiero a doña Soledad Alavedra de Ramos, quien se unió en matrimonio con un insigne caballero, destacado profesional y maestro, don Rafael Ramos Bosch. Pero el énfasis lo enmarco sobre todo como padres ejemplares, precursores de una familia llena de ejemplos.
Juntos procrearon nueve hijos, cada uno ha ido dejando un lindo mensaje en el transcurso de su vida. Para quienes hemos tenido la satisfacción de contar con su amistad, es importante mencionarlos con su nombre de pila, porque seguramente muchos de mis lectores los tendrán presentes en algún pasaje compartiendo con ellos: Jorge, Lito, Neto, Luis, Carlos, Fernando, Roberto, Carolina y Mino, así se llaman o son sus diminutivos. Gente de aquel barrio del centro, atrás de la Escuela de Medicina, aquel callejón normal, prolongación con calle empedrada que luego se convirtió al asfalto y en 12 calle “A” y “B”.
Llenos de travesuras que después con la edad se fueron convirtiendo en aventuras. Desde chamuscas de fut en la calle hasta de beiscito en los jardines de la Escuela de Medicina, con jonrones que paraban en el anfiteatro de la facultad. Chiviricuartas, electrizados, tocadas de tocadores, luego timbres, posadas de navidad. En fin, dulces recuerdos que siempre contaban con la presencia de doña Sole, con picheles de limonada, pan de manteca y barras de chocolate.
No contenta con sus nueve vástagos, siempre contaba con agregados culturales del barrio como yo. Entre semana y no digamos para vacaciones escolares, por montones nos apiñábamos, siempre dispuestos a invadir su casa, nos metíamos al comedor y antes de refaccionar lo convertíamos en una cancha para jugar ping pong. Los fines de semana tomábamos por asalto la camionetilla de don Rafael para jugar con el equipo del barrio nuestros campeonatos en el campo Marte, dirigidos por Tito Figueroa (Q.E.P.D.). Muchas gracias doña Sole, recordarla es memorable.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
Mensajes de contenido pornográfico
Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
2 comentarios:
Juan Ignacio Ramos O.: (2009-10-10 15:07:10 horas)
Jose, gracias por tan bonitas palabras a mi abuelo, a mi abuela y a mis tios. Han sido un gran ejemplo para todos nosotros, los nietos.
Saludos
Carlos Ramos Alavedra: (2009-10-10 09:11:11 horas)
Jose, sinceramente te agradezco los comentarios a mi mama. Que épocas aquellas. Definitivamente mejores que las actuales. El terror del barrio no era ninguna persona. Si no tu querido Boxer "LA FLIKA". Y el mejor carro de todos el de Tito, donde aprendieron a manejar la mayoria. Gracias Jose por hacernos recordar esa epocas hermosas de nuestra querida Guatemala.
2 comentarios: