“Con el partido de gobierno acabamos de tener una crisis”
El jefe de la CICIG concedió una entrevista este miércoles al periódico español “La Vanguardia” donde habla de diversos temas, entre estos del caso Rosenberg y la elección de magistrados de la CSJ.
Redacción
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Jesús Alfonso
el titular de la cicig se encuentra en España, su país de origen. Su actuación fue vital para cambiar a tres magistrados electos.
A continuación un resumen de la entrevista concedida por el jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) al diario “La Vanguardia” de España. Se extraen fragmentos relacionados a temas nacionales.
Hablemos del caso Rosenberg – El caso se mixtificó como si fuera una gran crisis de Estado. Y es cierto que durante 72 horas la gobernabilidad en el país se vio afectada. Pero el caso en sí no es tan complejo. Y es un buen ejemplo de lo que hace la CICIG, que es aplicar prácticas que son habituales y funcionan con éxito en otras partes de modo que no hacemos grandes milagros. El caso Rosenberg se resolvió porque, en vez de hacer lo que una buena parte de la opinión pública guatemalteca y mundial estaba pidiendo, y que era el gran proceso de inculpar al Presidente y la Primera Dama, hicimos lo que es la estricta técnica policial. Hicimos lo que se hace en cualquier país civilizado: pincharle el teléfono, y hacer el seguimiento ordinario hasta que cayó toda la banda.
¿Qué responsabilidad tiene el presidente Álvaro Colom? – Espere a que terminemos la investigación. Nosotros hemos aportado la credibilidad que las instituciones locales no tenían, y en ese sentido la Comisión auspiciada por la ONU facilitó la recuperación de la normalidad en el momento en que instituciones muy débiles son puestas en entredicho, y no tiene más que ver el ejemplo del país de al lado, Honduras.
¿La Comisión fue bien recibida por las autoridades? – Han sido bastante respetuosos y nos han dado el tiempo necesario. En cuanto al Gobierno, para ser muy sinceros, hemos tenido idas y venidas. Ha habido algunas crisis, una de ellas con nuestra contraparte principal, el Ministerio de la Gobernación, que fue muy bien en 2008 y empezó a ir muy mal en 2009 con el cambio de Ministro, que estuvo desde enero hasta julio-agosto, y ahora retomando esa relación con el Ministro actual. Con la Presidencia, o con el partido del gobierno, para ser más precisos, acabamos de tener una crisis porque hizo unas propuestas para magistrados de la Corte Suprema que incluían, en la lista que salió elegida, 8 de 13 que nosotros considerábamos poco idóneos, por decirlo en términos diplomáticos. Esto se está resolviendo de manera que es casi media Corte Suprema que se está rediseñando siguiendo las recomendaciones, que no pueden ser otra cosa, de la Comisión Internacional y de las embajadas, que nos están ayudando mucho.
¿Guatemala es más violento que El Salvador, que era el más violento de América Latina? – Yo diría que cualitativamente sí, pero en términos de respuesta del Estado, en El Salvador el índice de impunidad ronda el 50 por ciento y Guatemala es del 98. En Guatemala el Estado no es capaz de garantizar unos mínimos de libertad y seguridad que permitan vivir con normalidad.
¿En qué proporción podemos hablar de delincuencia común, de maras y de violencia política? – Eso empieza a complicarse con la llegada de muchos deportados de EE.UU. que son delincuentes jóvenes y que encuentran en las barriadas del extrarradio de la capital y los centros principales de población caldo de cultivo extraordinario. Es una delincuencia común, pero relativamente organizada. Eso viene a encontrarse con la delincuencia organizada, ya sin apellidos, y finalmente, con la delincuencia organizada transnacional, de manera que el fenómeno se agrava.
¿Se ocupan también de los asesinatos de mujeres? ¿Es un caso más grave que el de Ciudad Juárez, en México? – En Ciudad Juárez el Estado es fuerte, aunque haya un alto nivel de corrupción. En Guatemala las cifras superan todas las expectativas: 700 mujeres asesinadas al año en un país de 12 millones de habitantes. Con un índice de éxitos del 2 por ciento. En 3 años han asesinado 2 mil mujeres y ha habido 43 condenas. Eso, para empezar, es una invitación a la reiteración del crimen: porque un crimen que no recibe respuesta por parte del Estado quiere decir que es un crimen que casi se despenaliza: se pueden matar mujeres porque no pasa nada. En Ciudad Juárez estamos hablando de 400 mujeres en 10 años.
¿Cuál es el perfil de estos casos? – La estadística es más o menos la misma, pero entre los asesinatos de hombres y mujeres hay una diferencia crítica. A los varones se les asesina por lo que hacen, mientras que a las mujeres se las mata por lo que son. Necesitan una especial protección porque sufren una especial agresión, y tendría que ser correlativa la respuesta del Estado. Alrededor de dos terceras o tres cuartas partes de los casos el asesino es perfectamente conocido; porque es violencia doméstica, es violencia del entorno. A la mujer no la mata un extraño, la mata su marido, su novio, su padre, su conviviente, su compañero de trabajo, su jefe... La mayor parte de los asesinatos se cometen en el contexto de una separación matrimonial en el momento preciso en que el juez va a dictar las medidas que dicen que el señor se va de la casa...
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