“El conocimiento indígena es esencial para la conservación ambiental”
Juan Carlos Velásquez, de la Secretaría de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES, por sus siglas en inglés), admite que los indígenas no han sido escuchados en este tema.
>Es la convención que desde 1975 vela por que el comercio de especies animales y vegetales no constituya una amenaza para su existencia, y está suscrita por 173 países (sólo 16 quedan fuera). Lo regula sin prohibirlo, salvo en los casos excepcionales en que el peligro de que un animal se extinga es inminente. >De hecho, el comercio desarrollado según los términos de la CITES ha atenuado en algunos casos la amenaza.
¿Qué compromiso hay a nivel regional para frenar el tráfico ilegal de especies? – A nivel técnico hay un gran entusiasmo y compromiso de las personas asignadas en las regiones donde trabajamos: Petén, las áreas protegidas y la frontera. Son las áreas que se han visto afectadas por el crimen organizado y por las mafias que extraen la fauna y flora silvestre. Sin embargo, a nivel político el compromiso de asignar fondos y recurso humano es menor. Nos hemos comunicado con la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), para desarrollar una estrategia de cooperación integrada por una red de fiscales y procuradores para analizar la legislación, los vacíos legales existentes para subsanar, y sistemas de información incluyendo bases de datos sobre decomisos y sentencias condenatorias, por ejemplo, y si tienen algún impacto positivo sobre la conservación.
Guatemala ha sido señalada como uno de los países que más especies de flora y fauna se exportan de forma ilegal. – Sabemos de volúmenes, no de precios. Solicitamos un sistema aduanero que elabore un código arancelario más detallado para estimar el monto total.
Las especies que más exporta Guatemala son básicamente de flora, como las tillandsias y la caoba. También, en menor escala, los reptiles y los loros.
¿Hay avances reales en el compromiso que existe con la CITES por parte de los países de Centro América? – Hay resultados positivos, pero en materia ambiental se avanza dos pasos y se retrocede uno, como en el mundo entero. Los avances son lentos, hemos caminado en la comprensión del problema a nivel regional. Hay coordinación de políticas del comité CITES y comunicación. Pero al mismo tiempo hay dispersión y se duplican las iniciativas que se quedan sin implementar. Hay falta de fondos para ejecutar y falta voluntad política. Los donantes dan fondos para diseñar las estrategias pero no para su ejecución. No tienen en cuenta las realidades y limitaciones de nuestro países.
¿Cómo ejerce ese liderazgo Guatemala? – El mayor problema que he podido observar es que algunos países carecen de instituciones para ejecutar los planes. En Guatemala trabaja el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), que ha logrado concentrar funciones, lleva a cabo las iniciativas, tiene control global de lo que se decide y no hay problemas de coordinación. También ha ejecutado algunos proyectos en áreas protegidas, ha producido campañas de información e involucrado a algunas organizaciones ambientales. Guatemala también tiene personal muy capacitado. Lo que pasa es que hace falta mayor voluntad política y que las capacidades están muy dispersas, los esfuerzos son individuales.
Hay un acuerdo de poner en práctica el conocimiento heredado de los grupos indígenas para proteger el ambiente. ¿Ya se hace? – No hemos avanzado como se debiera. Sobre todo en países como Guatemala, con un porcentaje de la población indígena tan alta. Ellos son los grandes ausentes de la planificación y la ejecución. Desperdiciamos el conocimiento que ellos tienen y estamos más apurados con ciencia clásica. Pero la realidad es que estamos en el paleolítico de la conservación, no lo entendemos bien. Saben más los indígenas, estoy convencido de eso.
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