Ahora que el Protocolo de Kyoto fracasó en impedir que los países catalogados como grandes contaminadores siguieran calentando la atmósfera, las Naciones Unidas tienen la mira puesta en el acuerdo de Dinamarca.
>Michéle Ramis-Plum, embajadora de Francia en Guatemala, señala que Europa irá unida y muy comprometida a la reunión de Copenhague. >Pretenden evitar que la temperatura aumente más de dos grados centígrados. >Tanto Francia como el Reino Unido van con el compromiso de reducir en una quinta parte las emisiones de CO2 respecto a los niveles de 1990. >Falta ver “qué hacen Estados Unidos y China”, respecto a estas decisiones.
Hace un año, Enrique Bonilla, pescador de Champerico, hablaba sobre extraños cambios en el mar que afectaban a los pescadores. “Desde hace siete años la pesca ha bajado. Los tres últimos años han sido los peores”. Para ellos, que no pueden esconderse de los vaivenes del clima, el cambio climático es una realidad incómoda desde hace un lustro.
El cambio climático ya ha impactado al planeta. El ser humano trata de organizar sus recursos en conferencias mundiales que prohíban a los países que más contribuyen al problema seguirlo haciendo. Pero hasta el momento las cosas no parecen funcionar bien, sobre todo para los países más vulnerables. Centroamérica está en la lista de los más afectados, a pesar de su ínfima contribución al calentamiento global.
Aunque economistas destacados como Fred S. Singer, profesor emérito de Ciencias del Medio Ambiente de la Universidad de Virginia, insisten en que “las actividades humanas no influyen en el clima global de manera perceptible”, la gran mayoría de científicos cree lo contrario, y también que no todos los países tienen la misma responsabilidad en el problema.
La temperatura promedio de la superficie de la Tierra es la medida fundamental del cambio climático. Las temperaturas registradas durante el último medio siglo “han sido las más altas de cualquier período de 50 años durante los últimos 1,300 años”, dice el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008.
En su reciente alocución ante las Naciones Unidas, el presidente Álvaro Colom llevó la estrategia del país ante los efectos de un problema que no hemos causado: “estamos trabajando para que el istmo centroamericano sea considerado internacionalmente con las características de isla, como medio para obtener los beneficios de la compensación derivada de nuestra adaptación forzosa y mitigación obligada al cambio climático”, dijo.
Quizá la petición de transformar nuestra semántica de istmo a isla pasó desapercibida por la mayoría, pero tiene sentido. Jorge Cabrera, de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), menciona que existen oportunidades de compensaciones a los países según su grado de vulnerabilidad ante el cambio climático. Las islas son las más afectadas y a quienes más se ayudará.
Según el Informe del PNUD, el cumplimiento de las metas del Protocolo de Kyoto ha sido decepcionante. “Se tardó cinco años en llegar a un acuerdo y otros ocho antes de que el acuerdo fuera ratificado por un número suficiente de países como para empezar a funcionar”.
Las negociaciones orientadas a alcanzar en las Naciones Unidas un acuerdo de lucha contra el cambio climático a partir de 2012, momento en que dejarán de estar vigentes disposiciones clave del Protocolo de Kyoto, deben concluir en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima, a realizarse en Copenhague, Dinamarca, entre el 7 y el 18 de diciembre próximos. La primera ronda de las sesiones preparatorias finalizó la semana pasada en Bangkok, Tailandia.
De acuerdo con Cabrera, aunque el país tiene esperanzas de obtener apoyos importantes en Copenhague, el tema ha sido tratado con mucha secretividad. “Para la gente de a pie, el cambio climático es una realidad. Les afecta la sequía, los huracanes. Deben conocer que el Estado de Guatemala, desde la sociedad civil, va a esta reunión a buscar compensación para exigir los beneficios luego”.
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