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Archivo familiar
Roberto Piedra santa en Panajachel para Semana Santa.
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Solía decir que su retiro sería a los 50 años para entonces dedicarse por completo a lo que le gustaba: la pintura. La diabetes, sin embargo, debilitó su salud poco a poco hasta limitar su vista y por ende su trabajo.
Jaime Roberto Piedra Santa Durini nació el 4 de junio de 1945 en Quetzaltenango, tenía dos años cuando su familia se mudó a la capital. “Traía el arte en las venas, su abuelo Francisco diseñó varias esculturas de la avenida Reforma, incluyendo el monumento a Miguel García Granados, por otro lado, los Piedrasanta formaron la primera editorial educativa que existió en el país”, cuenta su hija Pierina Piedrasanta.
Estudió la secundaria en el Instituto Adolfo V. Hall bajo una estricta educación militar, de la cual varias veces escapó debido a su carácter rebelde. En realidad su ideología era opuesta a la de su padre, el coronel Jaime Piedra Santa. “Siempre lo tildaron de izquierdista, pero realmente fue un humanista, únicamente pedía una sociedad justa”, lo describe su amigo de juventud Herbert Belches. “Lo conocí en una escuela de yoga que impulsaba la filosofía oriental, nos encantaba leer a Herman Hesse y practicar la meditación contemplativa, especialmente en medio de la naturaleza”, continúa.
Jairo –su nombre artístico (de la unión de las primeras dos sílabas de Jaime y Roberto)– mostró señales de talento desde joven, sin embargo, le tomó varios años descubrirse en la ilustración, estudió Ingeniería y Arquitectura antes de dedicarse por completo al dibujo. Junto a dos amigos fundó en los setenta la editorial Plus Ultra, donde publicó la revista semanal Crimen, que recogía los crímenes a través de la historia del país y los presentaba de manera gráfica. “Ser dibujante es mucho más que sentarse y realizar un par de trazos. Conlleva un proceso de investigación periodística y alrededor de más de 200 bocetos para armar la historia”, explica Pierina del trabajo realizado por su padre. La persecución política de la época terminó con la empresa debido a que algunos crímenes involucraban al Estado.
Piedra Santa conoció mundo. “En Estados Unidos trabajó de brasero (obrero) y fue ahí donde conoció a su esposa María Altagracia Abud-Hazim”, recuerda su amigo cercano Luis Fratta. De regreso a Guatemala se sumerge en las artes gráficas. La OEA junto con Unicef y la ONU impartieron talleres de ilustración avanzada en los años setenta con el fin de promover la lectura en Latinoamérica. Piedra Santa sometió su trabajo a oposición para ganar una beca y asistir a dichos talleres en Brasil, Argentina, Chile y Colombia entre otros.
Tras diez años de matrimonio y cinco hijos procreados, Roberto se separa, y de acuerdo a la cultura y religión de su entonces pareja, sus hijos se quedan con él. Era padre y estudiante, en los ochenta se inscribe en la Universidad de San Carlos para estudiar Ciencias de la Comunicación. Sostenía a su familia elaborando tarjetas navideñas y otros trabajos tipográficos, cuenta Fratta.
“Una de sus metas fue promover la lectura a través de la ilustración”, comparte Pierina. Colaboró en la revista infantil Chiquirín y la serie de libros Colorín Colorado de Editorial Piedrasanta. Pero el máximo legado Jairo fue la columna gráfica La Coba, publicada en los diarios La Hora, La República y Prensa Libre a lo largo de una década. En ella, el cómic político presentaba las distintas situaciones que enfrentaba el país.
Si algo lo enfadaba era toparse con un “McPapita”, como llamaba a personas que no manejaban un mínimo de acervo cultural. Eso y que lo interrumpieran mientras meditaba. Bohemio por naturaleza, Roberto nunca gustó de las multitudes. Solía reunirse con amigos en su casa. Con un habano en la mano, Piedra Santa compartía impresiones de la vida y sueños con sus allegados.
Su último trabajo fue como catedrático en la Facultad de Humanidades de la Usac, donde impartió talleres de ilustración y la cátedra de comunicación de imágenes de 1988 a 1995. El 13 de octubre, Piedra Santa murió a los 64 años de un paro cardiaco durante una hemodiálisis. “Lo había visto una semana antes y me dijo que sabía lo que venía, y estaba preparado”, dice Luis Fratta.
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4 comentarios:
Pierina Piedra Santa Abud: (2010-02-15 18:34:31 horas)
Señores El Periódico: de todo corazón quiero agradecerles por la nota que publicaron con respecto a la labor que realizó en vida mi señor padre. Gracias por la nota y el espacio.
Por otro lado, quisiera comunicarme con el joven Luis Molina, me pueden brindar su número de teléfono, email o dirección de casa. Gracias por su fina ayuda.
Saludos cordiales, pps
Herman Sulecio : (2009-11-10 14:13:42 horas)
Cuanto siento la muerte de Jairo, el fue mi maestro y amigo yo estube trabajando con el en la revista crimen en los años 70 me hubiera gustado estar en su sepelio pero la noticia me llego muy tarde pero por este medio quiero hacer llegar mi pesame a sus hijo: Roberto, Jaime, Pierina, Linda Altagracia y Rosita. a quienes recuerdo con cariño cuando eran niños.
Cadmon Marroquin: (2009-10-19 16:45:32 horas)
Bonita nota!! :)
Eddy Roma: (2009-10-18 12:57:07 horas)
Recuerdo también haber escuchado que Jairo fue bajista de algunos de los primeros conjuntos de rock de Guatemala, como Los Picapiedra y la Unidad Cinco. Su partida, como la de tanta gente poseedora de vivencias y conocimientos, nos sumerge aún más en la oscuridad. Mis condolencias a sus familiares.
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