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Guatemala, domingo 18 de octubre de 2009

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¿Existe realmente la literatura guatemalteca?

Fuera de Guatemala, literariamente hablando, no existimos. Nadie conoce nuestra literatura, ni a nuestros escritores. Se salvarán unos cuantos autores, que llegan fácilmente a contarse con los dedos de una mano.

Luis Eduardo Rivera

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Fuera de Guatemala, literariamente hablando, no existimos. Nadie conoce nuestra literatura, ni a nuestros escritores. Se salvarán unos cuantos autores, que llegan fácilmente a contarse con los dedos de una mano
El encabezado de este artículo podrá resultar absurdo al lector, sobre todo al lector guatemalteco. Poner en entredicho la existencia de una literatura que, en rigor, existe como tal desde hace cinco siglos, desde el Popol Vuh y las Crónicas de Bernal Díaz hasta la última generación de escritores, que se expresa en blogs y cuelga sus primicias en páginas personales de la web, puede también parecer una broma, si no una provocación.
Los lectores  habituados a frecuentar la literatura guatemalteca no se platean la cuestión; para ellos es un hecho indiscutible que ésta existe,  tanto como es un hecho para ellos la existencia de una tradición literaria guatemalteca.  Como en cualquier tradición literaria normalmente constituida, encontramos ahí obras que abordan todos los géneros con mayor o menor fortuna.  Esta tradición se apoya a su vez en una historia que explica su desarrollo y su transformación a lo largo del tiempo, siempre dentro de su propia especificidad. Esta historia, en su desarrollo,  va instaurando un canon de obras y de autores que muestra el nivel alcanzado por la literatura (llamémosla ahora) nacional a lo largo del tiempo.  Finalmente, tales obras y autores, que el canon literario señala como las cimas representativas de su tiempo, son lo que normalmente llamamos  nuestros clásicos.
Como se ve, no hay la menor duda sobre la existencia de la literatura guatemalteca, está viva  e, incluso, en ciertos  momentos de su historia pasada y presente, ha llegado a brillar y hasta a deslumbrar.
Debo confesar que el título de este artículo tiene su origen en una pregunta que me hizo un amigo francés, bromeando, al constatar que la presencia de libros de autores guatemaltecos traducidos al francés (exceptuando unas poquísimas excepciones  a lo largo de todo un siglo) era ínfima. Moviendo la cabeza para demostrar su incredulidad, mi amigo exclamó: “Pero dime, ¿existe realmente la literatura guatemalteca?”   
De manera que el título hace referencia exclusivamente a su improbable existencia fuera de las fronteras del país. Porque es ahí donde surge, primero, la duda y, luego, la constatación: fuera de Guatemala, literariamente hablando, no existimos. Nadie conoce nuestra literatura, ni a nuestros escritores, menos aún nuestra variada tradición literaria. Se salvarán unos cuantos autores, que llegan fácilmente a contarse con los dedos de una mano, y es posible que puedan sobrar algunos dedos. Hasta el momento, incluso si los problemas de publicación y distribución han mejorado notoriamente en Guatemala durante las últimas dos décadas, la situación sigue siendo la misma para nuestra literatura. Bastaría con acercarse a cualquiera de las  librerías mejor surtidas del Distrito Federal, como la Gandhi, El Sótano o la librería de FCE, y echar una ojeada a los estantes de literatura hispanoamericana. Sin duda encontraremos ahí todos los libros de Tito Monterroso, y casi todos los de Luis Cardoza y Aragón, quienes, para los mexicanos, son autores más suyos que nuestros.  Seguramente estarán algunos títulos de M. A.  Asturias, porque es imposible no tomarlo en cuenta. Probablemente, habrá uno o dos  títulos de Mario Monteforte Toledo, porque él, como Monterroso y Cardoza, vivió, trabajó y publicó en ese país durante muchos años, aunque hoy ya no se le reedite y empiece a caer en el olvido. Es probable que haya algún libro de Carlos Illescas, pero en el estante de poesía mexicana, por las mismas razones que los anteriores. Y con un poco de suerte, encontraremos algún libro de Dante Liano, de Rodrigo Rey Rosa y tal vez de Eduardo Halfon, y esto, gracias al poder de penetración que poseen en el mercado del libro las editoriales españolas en las que estos tres autores fueron editados. A partir de ahí, sobreviene un vacío.  Y si hago mención del Distrito Federal en primer lugar, es porque México -y en particular su capital-, ha sido, desde siempre, tanto un destino obligado como un centro de acogida para la cultura guatemalteca, con todas las dificultades que supone el expatriamiento y el exilio.
En Centroamérica, la situación es otra muy distinta. El escaso interés que demuestran los lectores centroamericanos por conocer las obras literarias  de sus vecinos del Istmo, es también una consecuencia de la falta de un mercado editorial; la situación se agrava entre los lectores de los demás países del continente. Me interesaría saber qué idea se hará (si es que llega a hacerse una idea) un boliviano o un argentino sobre nuestra literatura. Seguramente andará en la luna.
Desde hace una década, más o menos,  algunas importantes editoriales españolas e hispanoamericanas han instalado antenas en distintos países de Centroamérica con el propósito de romper con este mutuo desconocimiento y ofrecer a verdaderos dispositivos de edición y distribución. Sin embargo, sus políticas editoriales han resultado erróneas hasta hoy, por dos razones fundamentales:
La primera es que se reducen a publicar y promover a los autores locales, pero dentro del mercado local;  es de suponer que el objetivo de esta estrategia comercial es sondear si el libro, como producto, a través de sus ventas en el mercado interno, se revela  susceptible de ser explotado comercialmente ya sea en otros países de Cetro y Sudamérica o, mejor aún, en España.   
En el caso de Guatemala, es rarísimo que una obra literaria supere sus expectativas comerciales, puesto que, por una parte, al no existir una red establecida de comentaristas que se encargue de hacer publicidad al libro a través de las páginas culturales de los  periódicos y de revistas literarias desde el momento en que sale a la venta,  éste tardará mucho tiempo en ser conocido por el público. Como consecuencia, al no haber sido superadas las expectativas comerciales, el libro tampoco será promovido fuera del país.
La segunda razón es que, generalmente, estos editores piden novelas, y novelas que además sean inéditas.
En este caso, poner como condición, para publicar una novela, que ésta sea inédita, es caer igualmente en un absurdo, y hasta resulta un contrasentido, porque, como ya he explicado,  la tragedia de nuestra literatura es que gran parte de sus mejores obras narrativas (sin mencionar los otros géneros) ya publicadas son totalmente desconocidas fuera de nuestras fronteras, es decir, inéditas para los lectores no guatemaltecos.
Para romper el círculo vicioso, yo sugeriría a estos editores que reconsiderasen sus políticas editoriales y que se abriesen más a la difusión de obras tanto de nuestros jóvenes talentos inéditos, como a las de los autores con obra editada y reconocida, porque, fuera de nuestras fronteras, ya sea en las culturas de los demás países de lengua española, o bien en literaturas en lenguas extranjeras, todos participan de una misma y dramática situación: la de no existir.    

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6 comentarios:

  1. Renato Lechuga: (2009-12-06 11:46:01 horas)
    Nuestra literatura si existe, que no tengamos habito de lectura es otro asunto y de los países vecinos no hablemos porque ni ellos mismo conocen a sus autores. Quiero finalizar mi argumento diciendo que debemos leer a nuestros autores y son muy buenos, aunque se nos diga que no se conocen en el extranjero hay que leerlos.
  2. Angelo Spiriti: (2009-11-09 21:34:49 horas)
    Estamos en una época troglodita y sumamente individualista. "práctica", consumista, "superficial" y relativista. "A quien le importa quien escribe qué...No me importa NO conocer a nadie...no leo porque es una pérdida de tiempo...El mejor libro es la vida, no lo que escriben" Son frases cotidianas, ya no interesa conocer el pensamiento de los otros...solo el mío cuenta...egoísmo, ignorancia, limitación,corrupción. Anti-valores que , como una hierba maligna, asfixian los gritos aislados de escritores que tambien son víctimas de los mercenarios editores, que por un puñado de dólares editan cualquier porquería sin ninguna ética y talvez dejan en el olvido a grandes valores anónimos que no pueden costear su propia edición. El mercado está saturado de candidatos y no wnxclpuede haber un "comité de ética"que diga cuales son los temas o estilos que deben prevalecer....estamos ante un gran impasse...en estos tiempos: a quien quiero leer?, qué debo leer?, qué realmente vale la pena?, qué propone cada quien?, Oh mistério!...
  3. Angelo Spiriti: (2009-11-09 21:20:30 horas)
    No solo la literatura Guatemalteca. Ese fenómeno de anonimismo cultural parece haberse extendido globalmente, más con los intereses comerciales editoriales que se esfuerzan en publicar unicamente "best-sellers"u obras de autores ya conocidos (aunque sean basura). Tiene razón el columnista al decir que fuera de nuestras fronteras casi nadie conoce a nuestros autores. Vivo en Brasil y nadie conoce a NADIE (ni a MAA ni a NADIE), solo algunos intelectuales conocen a nuestros "intelectuales" del siglo pasado, además los "nuevos valores"no se hacen ver. Pero lo mismo sucede en cualquier país, hasta en Francia o España podemos decir que muy pocos conocen a los propios escritores contemporáneos. Hay un gran desinterés por la literatura, aún vivimos de los "clásicos"de hace uno o dos siglos. Hay que tomar muy en serio la recomendación del columnista a los editores. O se reinventan o se siguen masturbando con los ideales de un "ancienne régime".Reinventarse o morir...
  4. Luis Alfredo Beteta Perera: (2009-10-21 14:25:26 horas)
    Definitivamente nuestra literatura carece de proyección a causa de que no hay políticas que se preocupen por propiciar la investigación científica de nuestros creadores literarios ni su divulgación. Creo que corresponde a las personas que se dedican a las letras comenzar a tomar conciencia en este aspecto.

    Es que sucede que, lamentablemente, seguimos una tradición de pensamiento que proviene de las llamadas "sociedades de primer mundo", es decir, de las sociedades que han ostentado el poder económico, en hacer creer que nuestros países pequeños son incapaces de tener una tradición literaria. Por supuesto que esto es consecuencia de sus mismas políticas colonialistas, que han aceptado en nuestros países el fenómeno literario como isla que solo puede provenir de la marginalidad: literatura feminista, literatura de las clases oprimidas, del indígena, etcétera, pero que nos consideran incapaces de crear una literatura de calidad amarrada al tiempo. Ojo, porque no estoy diciendo que la literatura considerada de marginalidad no tenga esta calidad. Lo que estoy tratando de expresar es el pensamiento de las sociedades "desarrolladas", a las cuales les interesa imponer su cultura.

    Un ejemplo claro es España. A nadie se le ocurriría negar la gran tradición literaria que hay en España. Dentro de los académicos, hasta podría ser una herejía. Sin embargo, en España, al igual que hay excelentes escritores, también los hay mediocres, como existen en Guatemala. ¿Y por qué coloco como ejemplo a España? Porque es bien conocido que todo lo que, por mucho tiempo nos ha llegado de literatura mundial ha sido a través de este país, que todavía se siente el mediador para muchos países latinoamericanos. Por supuesto que hay excepciones como México, Brasil, Argentina o Chile, que se han preocupado más por divulgar e investigar su literatura, y que van bien encaminados al reconocimiento de su tradición literaria. A lo que quiero llegar es que, en Guatemala, no es que exista tradición literaria, sino más bien, esta se pierde por falta de interés de los profesionales de esta área, falta de políticas que promuevan la investigación y divulgación, y también por problema de los medios de comunicación que ceden los espacios a personas que no saben del tema o bien a temas de menor intrascendencia.

    Un ejemplo de esta influencia española de la que no hemos podido librarnos es si revisamos el pensum de la carrera de letras en la San Carlos, atiborrado de literaturas españolas, en contraposición a las literaturas hispanoamericanas y guatemaltecas. Además, se caen en absurdos tales como no permitirle a un estudiante que elabore sus tesis sobre obras literarias de autores que no sean hispanohablantes, con lo que se niega la posibilidad de tomar en cuenta las literaturas de origen maya, e incluso las literaturas fuera del ámbito español. Esta actitud, simple y sencillamente, nos muestra qué tanto seguimos conservando esta actitud provinciana heredada de la España decimonónica.

    Por aparte, está el aspecto divulgativo, pues creo que es indispensable, no para que la información llegue al círculo reducido de académicos, sino para que se diversifique al público en general. El problema es que en Guatemala, hay que comenzar a crear este público, que se interese por su propia literatura, que se interese siquiera por leer. Principalmente creo que es responsabilidad de nosotros mismos darle la importancia que en realidad merece a nuestra tradición literaria.

  5. Luis Alfredo Beteta Perera: (2009-10-21 14:24:10 horas)
    Definitivamente nuestra literatura carece de proyección a causa de que no hay políticas que se preocupen por propiciar la investigación científica de nuestros creadores literarios ni su divulgación. Creo que corresponde a las personas que se dedican a las letras comenzar a tomar conciencia en este aspecto. Es que sucede que, lamentablemente, seguimos una tradición de pensamiento que proviene de las llamadas "sociedades de primer mundo", es decir, de las sociedades que han ostentado el poder económico, en hacer creer que nuestros países pequeños son incapaces de tener una tradición literaria. Por supuesto que esto es consecuencia de sus mismas políticas colonialistas, que han aceptado en nuestros países el fenómeno literario como isla que solo puede provenir de la marginalidad: literatura feminista, literatura de las clases oprimidas, del indígena, etcétera, pero que nos consideran incapaces de crear una literatura de calidad amarrada al tiempo. Ojo, porque no estoy diciendo que la literatura considerada de marginalidad no tenga esta calidad. Lo que estoy tratando de expresar es el pensamiento de las sociedades "desarrolladas", a las cuales les interesa imponer su cultura. Un ejemplo claro es España. A nadie se le ocurriría negar la gran tradición literaria que hay en España. Dentro de los académicos, hasta podría ser una herejía. Sin embargo, en España, al igual que hay excelentes escritores, también los hay mediocres, como existen en Guatemala. ¿Y por qué coloco como ejemplo a España? Porque es bien conocido que todo lo que, por mucho tiempo nos ha llegado de literatura mundial ha sido a través de este país, que todavía se siente el mediador para muchos países latinoamericanos. Por supuesto que hay excepciones como México, Brasil, Argentina o Chile, que se han preocupado más por divulgar e investigar su literatura, y que van bien encaminados al reconocimiento de su tradición literaria. A lo que quiero llegar es que, en Guatemala, no es que exista tradición literaria, sino más bien, esta se pierde por falta de interés de los profesionales de esta área, falta de políticas que promuevan la investigación y divulgación, y también por problema de los medios de comunicación que ceden los espacios a personas que no saben del tema o bien a temas de menor intrascendencia. Un ejemplo de esta influencia española de la que no hemos podido librarnos es si revisamos el pensum de la carrera de letras en la San Carlos, atiborrado de literaturas españolas, en contraposición a las literaturas hispanoamericanas y guatemaltecas. Además, se caen en absurdos tales como no permitirle a un estudiante que elabore sus tesis sobre obras literarias de autores que no sean hispanohablantes, con lo que se niega la posibilidad de tomar en cuenta las literaturas de origen maya, e incluso las literaturas fuera del ámbito español. Esta actitud, simple y sencillamente, nos muestra qué tanto seguimos conservando esta actitud provinciana heredada de la España decimonónica. Por aparte, está el aspecto divulgativo, pues creo que es indispensable, no para que la información llegue al círculo reducido de académicos, sino para que se diversifique al público en general. El problema es que en Guatemala, hay que comenzar a crear este público, que se interese por su propia literatura, que se interese siquiera por leer. Principalmente creo que es responsabilidad de nosotros mismos darle la importancia que en realidad merece a nuestra tradición literaria.
  6. Rodrigo: (2009-10-19 18:59:27 horas)
    Desde Chile, algo sabemos, pero, claro, de los pocos que traspasan fronteras, como Monterroso y Rodrigo Rey Rosa, un escritor de enorme talento, a mi juicio, avalado por la recomendación de un ilustre compatriota mío, Roberto Bolaño.
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