No se recorte usted mismo las callosidades, acuda al podólogo.
Use zapatos sin costuras y cómodos. Ya existen zapatos especiales para pie diabético.
Camine por lo menos 20 minutos diarios 5 veces a la semana, usando zapatos especiales para su condición. Esto acelerará su circulación.
Recuerde que después de 10 años de tener la enfermedad, el riesgo de desarrollar un pie diabético aumenta al doble, sobre todo porque se estrechan los vasos sanguíneos por debajo de la rodilla.
La medicina moderna ha clasificado en variedad de grados y tipos a las diferentes heridas y úlceras que puede padecer una persona, según lo que las ocasionó, el lugar donde se ubican y la profundidad de las mismas hacia adentro del organismo. Todas son peligrosas si no se tratan de manera correcta y a tiempo, y las consecuencias más graves son la amputación de un miembro o extremidad, y la aparición de una sepsis.
Hay varios tipos de heridas y varios tipos de úlceras. Heridas las hay limpias o contaminadas, estas últimas son las que se complican porque se abren o se infectan, y un proceso infeccioso no permite que haya cicatrización en el área. En realidad, el riesgo de que una herida se infecte no se da sino hasta unos siete o diez días después de haber suturado la piel y es entonces cuando se debe agudizar la vigilancia, sobre todo si hay material purulento en la misma. “Si el cuadro no se combate a tiempo con antibióticos, la infección puede llegar hasta a los órganos internos del paciente, o sepsis, y ocasionar su muerte”, comenta Elda Hernández, cirujana vascular especializada en angiología. Algunas heridas peligrosas de por sí son las posteriores a una cirugía de apéndice porque se hacen en el ciego del intestino grueso, donde hay materia fecal que afecta la piel, y las ocasionadas por la mordedura de un perro, que encima de no poderse suturar, son un caldo de cultivo por la cantidad enorme de gérmenes que se quedan en el lugar.
Úlceras puede haber venosas, arteriales y neuropáticas: las primeras se refieren a una úlcera a nivel del maleolo interno, es decir, en el tobillo del lado de dentro; las segundas son más frecuentes arriba del maleolo externo (en el ojo del pie) y suelen tener bordes necróticos por muerte celular, en ellas ya no hay pulsos distales y se habla de una artereopatía periférica; y las terceras son frecuentes en áreas de presión por debajo de la rodilla, y sobre todo en los pies, cuando los pacientes han perdido toda sensibilidad, por eso se agravan y pueden terminar en una amputación. “Hay productos que facilitan una pronta cicatrización, aún en casos de heridas crónicas con las que ha vivido el paciente hasta por 30 años. Los tratamientos incluyen ungüentos, parches medicados y geles, según la gravedad de la úlcera, y vendas y medias de compresión cuando se trata de úlceras venosas, entre otros. Una úlcera infectada puede parar en una amputación”, continúa Hernández. Se trata de tratamientos largos.
El riesgo de padecer úlceras de cualquier tipo aumenta en las personas diabéticas (en el mundo hay unos 200 millones de personas con el mal). Se calcula que de cada 100 diabéticos, 10 presentan problemas de esta naturaleza, sobre todo en los pies. Y de cada 3 pacientes con pie diabético, 1 termina en amputación. Hay diferentes grados de complicación en los pies de estos enfermos. “Un grado 0 es quien sólo tiene callosidades en los pies; el grado 1 corresponde a quienes ya tienen una lesión superficial en la piel que parece un raspón; el grado 2 es cuando existe una lesión más profunda con infección en los tejidos que aún no llega a los huesos; y en el grado 3 la infección ya llegó a los huesos. A partir de ahí, el cuadro sólo puede empeorar si no se controla, puede llegar a la muerte celular en alguno de los dedos o en la mitad del pie, o a que la necrosis abarque todo el pie, y que la infección llegue a todos los órganos del cuerpo”, dice la cirujana. Los diabéticos desarrollan el pie de Charcot: el pie pierde su curvatura normal, con ello se crean áreas de presión y de paso se pierde la sensibilidad en la piel (neuropatía diabética) porque se dañan los nervios periféricos en la región. Cuando el nervio se daña, el músculo local ya no se alimenta y eso complica el cuadro clínico. Estos pacientes deben ser vistos por un cirujano vascular.
Información en Centro Kyr’a, teléfonos 2369-4506 y 5414-5586 o escriba a draehhg@yahoo.com. Bulevar Vista Hermosa II, 22-74 z. 15.
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