La semana anterior inicié una historia ficticia de cómo un crucero de 5 mil personas encalla en una isla solitaria y deshabitada, en la cual van a tener que organizar una nueva sociedad. Antes de bajar a la isla, el capitán del barco –quien no fue responsable del infortunado incidente, de otra forma no tendría autoridad para hacer esta propuesta– les hace ver dos realidades: todos son iguales en los derechos consignados en la Declaración Universal, y el conocimiento de las realidades es imperfecto, y está disperso entre todos los pasajeros y tripulantes del barco.
Con base en estas 2 realidades, el capitán Galt les propone que todos acepten como estatuto fundamental de esta nueva comunidad, el Decálogo unido a los primeros 22 incisos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; sobre este estatuto se irán redactando los reglamentos que nunca serán superiores al mismo. Además les propone que acepten que todos son iguales ante las normas de convivencia, y que tanto estas como las que adopten en el futuro, no pueden privilegiar o discriminar a nadie. Todos los que viajan en nuestro barco imaginario son de origen europeo o americano, para no entrar en conflicto con las diferencias culturales y éticas de las sociedades orientales.
El capitán Galt también les propone que elijan democráticamente dos comités, uno de administración y otro de seguridad, los cuales se financiarán mediante la venta de parcelas de la isla. En un inicio todos construirán sus champas en áreas públicas y la comunidad será la propietaria de toda la isla. Todos los nuevos colonos podrán ir adquiriendo parcelas mediante el aporte de trabajos que le interesan a la comunidad, y tanto los precios de las parcelas como de los trabajos serán puestos por el interés colectivo en el plebiscito diario que conocemos como mercado.
Para facilitar el crecimiento económico de la isla, los dos comités públicos –que tendrán diez miembros electos democráticamente y durarán dos años en su cargo– utilizarán las monedas del casino del barco como dinero. Los colonos podrán utilizar cualquier otro medio de intercambio, y será el mercado (la comunidad) el que determine cuál será el dinero que esta acepte al final. Los colonos que violen la ley fundamental serán capturados por el comité de seguridad, y tendrán derecho a un juicio por jurado, compuesto por 12 miembros elegidos al azar entre toda la comunidad.
Los comités de seguridad y administración, además de la venta de las parcelas, se financiarán con un impuesto equivalente a un décimo de lo que los colonos produzcan. Estos recursos se utilizarán para construir infraestructura y para mantener al personal que contratará el comité de seguridad.
El comité de administración construirá un hospital y una escuela, pero el personal de los mismos será contratado y remunerado por los usuarios de los mismos. En resumen, el capitán John Galt les propone un sistema de convivencia basado en leyes que protegen la vida, libertad y propiedad, y que son abstractas y de aplicación general: Estado de derecho.
La propuesta del capitán fue aceptada por la mayoría y entre todos construyeron una nueva sociedad abierta.
¿Ficción? Sí, pero existen ejemplos reales de sociedades que se desarrollaron bajo las premisas de la sociedad abierta y que en pocos años han alcanzado gran desarrollo socioeconómico. Próxima semana: Declaración Universal de DD.HH.
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1 comentarios:
Carlos Lopez Contreras: (2009-10-22 01:02:23 horas)
Jajajaja....la "isla del racismo" o "porqué el KKK existe" se podría llamar su articulo.
En todo caso, algunas irregularidades, falacias o tonterías que quiero remarcar.
1. Si ud empieza diciendo que el decalogo (entiendo los 10 mandamientos Judeo-cristianos?), se impusieron, que pasa con otras formas de comprender la cosmovisión de la Creación? No tienen derecho los ateos, los mayas, los judíos y los musulmanes por igual? Pero ya allli de entrada se jodió su analisis.
2. Dice que para evitar problemas de diferencias culturales, asume que todos son canchitos, blancos y que mas faltó? A talvez de sangre azul... Galt a todas luces es un neonazi con esa apología a la raza aria.
3. Creo que Musolini, El Muso y Galt se parecen en este cuento y en Proreforma. Yo lo dije hace un año cuando ud empezó a escribir: Que iba a defender a la UFM, a la oligarquía y a Proreforma.. Como hubiera querido equivocarme!
Pero ta bueno, sigan sacando la casta los neoliberales... quedan peor pues de intelectuales no tienen mucho...
no tardan los blogueros que me insultan a falta de argumentos, a empezar a bombardearme AD HOMINEM en este blog. 5,4,3,2,1 .... ya!
(No a la censura, no estamos en honduras por favor elp.)Si quieren publiquenme a las 11 am. pero no me censuren please. En nombre de la igualdad y de los ddhh.
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