El muro que separa a las niñas de los pandilleros debe ser más alto
Las monjas que dirigen el Hogar Santa Rosa de Lima buscan recursos para levantar aún más la pared que las separa de El Boquerón, donde viven sus únicos vecinos.
Diana Choc
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Diana Choc
las religiosas señalan la intranquilidad que viven a diario por temor a que algún reo pueda escaparse y hacerles daño.
Ayudas >El hogar requiere donaciones de comida, ropa o voluntarios para beneficio de las alumnas. Por lo que ponen a disposición el correo electrónico: hogarmariagoretti@yahoo.es para mayor información.
Cena por que crezca
>La seguridad de las alumnas es algo que preocupa constantemente a las monjas. >Ahora quieren que la pared que los separa sea de 3 metros, pues los 1.80 no son suficientes, y construir 3 aulas para impartir clases de cocina. >El Fondo Unido ofreció apoyarlas. El próximo 5 de noviembre realizará, junto con la Cámara Americana de Comercio (Amcham), la cena “Sabores Unidos” para reunir los US$50 mil que se necesitan. >La actividad se ha realizado durante 8 años consecutivos a beneficio de determinado proyecto. >Este año la totalidad de lo recaudado es para este hogar. >El valor es de US$100 por persona y la preparación del menú estará a cargo de 4 chefs de: Santo Domingo, Jake de Jakes, Tamarindos e Intercontinental.
En el kilómetro 65.5 en Cuilapa, Santa Rosa, se encuentra el centro preventivo de máxima seguridad El Boquerón. Detrás, un pasillo de metro y medio de ancho divide la pared del lugar con la del Hogar para niñas Santa Rosa de Lima. La directora, sor Irma Dávila sólo alcanza a decir: “No pregunten cómo dormimos, sino cuánto dormimos”.
Niñas de 4 años de edad hasta adolescentes de 16 son atendidas en el hogar. De febrero a octubre casi todas viven allí; pero 18 de ellas y 14 monjas lo habitan siempre. Por las mañanas reciben clases como en cualquier otra escuela y en las tardes se ocupan de las tareas escolares y colaboran con la limpieza. Las niñas de cuarto grado, por ejemplo, aprendieron a elaborar rosarios para vender.
A las nueve de la noche cierran los dormitorios y salen sólo si es necesario, pues en ocasiones personas ajenas han ingresado a las instalaciones y lo único que se han llevado es ropa. Aunque parece ser un lugar tranquilo rodeado de bosques, es imposible olvidar que tan sólo dos paredes y un patio dividen las instalaciones de Santa Rosa de Lima de El Boquerón, este último habitado por pandilleros.
En este lugar tampoco se escucha el sonido de los teléfonos celulares. Los bloqueadores que el Sistema Penitenciario colocó en la prisión para evitar que los reos los utilicen para extorsiones las mantiene incomunicadas.
En El Boquerón permanecen 174 presos, 111 pertenecen a la Mara Salvatrucha y el resto es conocido como Los Paisas.
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