El potencial de los bosques secos en peligro de extinción
En estos lugares se puede encontrar más de 80 especies de cactáceas y 45 animales distintos. Conap señala que se le ha dado el uso extractivo y no el de conservación.
Óscar F. Herrera
La sensación que una persona experimenta cuanto está en medio de un bosque tropical es diferente a la de otra que se adentra en un bosque seco. La primera podría asegurar que en el segundo ambiente no existen señales de vida.
Sin embargo, los bosques secos albergan en algunos casos más especies de fauna y flora que los bosques de pino. Esto se sustenta cuando se descubre que en los bosques secos del país se han contabilizado 82 especies de cactáceas. Mientras que en un bosque de pinos sólo encuentran 19 especies.
Para catalogar un área como bosque seco se debe revisar la existencia de árboles, que alcanzan este nombre cuando sobrepasan los siete metros de altura, de lo contrario se les denomina arbustos.
Variedades diversas
Según la Asociación Regional Campesina Chortí (Asorech), con sede en Chiquimula, se han encontrado 183 especies de árboles en el bosque seco, entre los que figuran el palo blanco, el matilisguate y una especie muy apreciada de caoba, la Switemia umilis o zapotón. Sobresale el símbolo de este tipo de bosques, que es el guayacán, el cual se caracteriza por el color lila de sus flores en época seca.
También es el hábitat natural de 45 especies de mamíferos como mapaches, la zorra gris y una diversidad de especies de murciélagos que son los reforestadores naturales del bosque, ya que cumplen de manera natural la tarea de dispersar las semillas.
Este ambiente es el predilecto para los reptiles de los cuales figuran 64 especies y 14 de anfibios. Entre los primeros sobresale el Heloderma horridum que además de ser endémico del país, está al borde de la extinción.
El coordinador del programa ambiental de Asorech, David Horacio Estrada Jerez, refiere que el reporte a la fecha es de 200 ejemplares del también llamado niño dormido o escorpión en su hábitat natural.
Indica que han sabido de coleccionistas que pagan US$1,000 a quien capture un ejemplar de este animal que aunque no es agresivo, posee glándulas venenosas que inyectan veneno al morder. “Curiosamente existen más ejemplares en zoológicos de todo el mundo que en su hábitat natural”, refiere Estrada.
Alrededor del singular reptil han tejido mitos como que a la hora de matar un ejemplar, hay que enterrar todos sus restos ya que su sangre envenena el terreno y jamás vuelve a crecer monte en diez metros a la redonda.
Extracción y no conservación
La dirección de Vida Silvestre del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), señala que el área del bosque seco del país disminuye constantemente ya que el uso que se le ha dado es más extractivo que de conservación. Esto se debe a que la mayor parte de este tipo de bosque es de propiedad privada y lo explotan con cultivo de tabaco, melón, ganadería y minería.
Informan que dentro del Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas se encuentra una pequeña parte de bosque seco dispersa en reservas municipales y privadas de la Sierra de las Minas. Pero la extracción de plantas medicinales, ornamentales y alimenticias sin autorización, ha provocado que varias especies cuenten con escasos ejemplares.
El bosque seco del país se extiende por todo el valle del río Motagua, el cual inicia desde Huehuetenango y Quiché, pasa por El Progreso y Baja Verapaz, Zacapa y parte de Chiquimula. También en los alrededores de los lagos de Amatitlán en Guatemala y Atitlán en Sololá, es posible observar especies de bosque seco.
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