Cartas escritas por una viuda, una princesa o un gran banquero. La moderna estafa nigeriana engaña a sus víctimas por internet y las convence de enviar dinero a cambio de una suma millonaria que nunca llega. En Guatemala los “e-mails” fraudulentos son cada vez más frecuentes.
Amílcar
Hernández estaba ya guardando sus cosas y apagando su monitor cuando una señora
irrumpió en su oficina. “Necesito que me ayude”, le rogó. Era una mujer mayor,
de unos 70 años que no hablaba muy bien el español. El fiscal escuchó atento su
historia: hacía unos días recibió un mensaje en su celular, le decían que había
ganado un carro último modelo y que para reclamarlo tenía que enviar cuatro
códigos de tarjetas de telefónicas de Q100 cada una. La señora corrió a
comprarlas y regresó con la emoción a flor de piel, pero le confirmaron que aún
le faltaba un requiso más: Q3 mil por pago de impuestos. Le enviaron un número
de cuenta bancaria y le aseguraron que en cuanto hiciera el depósito llegarían
a su casa. Antes de ir al banco, doña Aurora, pasó con la usurera local a
dejarle las escrituras de su pequeña vivienda en la zona 18, a cambio del
dinero para los impuestos, y fue, emocionada a ingresarlo al banco.
Llamó
para dar el comprobante de deposito y una mujer al otro lado de la línea le
pidió que se arreglara y que limpiara muy bien su casa porque en unas horas
llegarían con cámaras de televisión a entregarle el premio. Aurora se quedó
dormida con su ropa más fina y la ilusión de su primer carro. Nunca llegaron.
Lo
primero que hizo el fiscal Amílcar Hernández fue llamar al banco y pedir que le
ayudaran a localizar la cuenta donde la señora hizo el depósito. Lo obtuvo:
pertenecía a una mujer de Izabal. Contactó con la policía de Puerto Barrios y
logró la captura de la estafadora. Después, en su oficina, el abogado defensor
aceptó los hechos: “mi clienta reconoce que cometió un error y promete
devolverle todo el dinero a la señora, pero no quiere ir a la cárcel. Así que…
mejor arreglémoslo aquí entre nos”, propuso.
Hernández
se negó, “tiene que ser juzgada o va a volver a hacer lo mismo”. Para su
sorpresa, frente al juez, la estafadora se hizo pasar por la víctima, juro con
los ojos llenos de lágrimas que una viuda con un niño le pidió prestada su
cuenta para que le depositaran un dinero, nunca imaginó que era dinero mal
habido.
El
juez titubeó, pero Hernández contraatacó: tenía los cheques cobrados por la
estafadora con los que había retirado el dinero de su cuenta.“Fue usted la que
sacó el dinero”, sentenció. Y todo parecía ir a favor de Aurora, hasta que el
abogado defensor sacó su as bajo la manga. “Ninguna de esas pruebas puede ser
tomada en cuenta porque no se obtuvieron por medio de orden de juez”. Un gancho
al hígado directo. Hernández pidió como favor al banco que le entregaran los
documentos, no lo hizo de forma oficial y por lo tanto nada de lo aportado
tenía valor. Los ojos de la señora se llenaban otra vez de lágrimas.
En
la oficina del fiscal, una vez más, el abogado intentó hacer las paces.
Consiguieron un acuerdo: la estafadora pagaría Q10 mil y Aurora desistiría de
enviarla presa. Era un trato justo, al final de cuentas, podía salir absuelta
en el juzgado. El dinero sirvió a Aurora para recuperar las escrituras, pagar a
la usurera y recuperar la calma. Y Hernández quedó satisfecho: “lo importante
es hacer justicia, aunque no se cumpla la ley”.
Millonarios de ilusión
Al principio pensó que se habían equivocado de dirección. Alguien apuntó mal una palabra y por eso él tenía en su computadora una invitación a participar en un negocio millonario. Respondió de inmediato, pero para su sorpresa le contestaron que no había confusión, era a él a quien querían premiar con poco más de US$2 millones. No cabía en sí de la emoción. Lo único que tenía que hacer era prestar su número de cuenta bancaria. La historia era sencilla: una mujer nigeriana acababa de perder a su amado esposo en un accidente aéreo. El amado esposo tenía en la cuenta US$4 millones y ella era la única heredera. El problema: en Nigeria una mujer soltera no puede tener dinero –eso decía el correo– y muy pronto se lo quitarían todo… a menos que lograra sacarlo del país. Por eso necesitaba un número de cuenta para depositar una cifra millonaria. Luego ella vendría a Guatemala y compartirían el dinero mitad y mitad. “Estoy confiando en ti, porque no me queda alternativa”, le decía el e-mail. Roberto –nombre ficticio– envió sin tardanza todos los datos para el depósito. Pero lo que recibió de vuelta fue un e-mail desconsolador que le decía que para hacer la transferencia necesitaba pagar impuestos, cosa de US$500, nada comparado con lo que se movería. Pero ella no tenía ese dinero en efectivo –sí leyó bien, no tenía US$500 en efectivo, pero sí US$4 millones– así que necesitaba que él los pagara. Roberto pagó, ya que esa suma se multiplicaría por miles. Y llegó otra carta: un empleado del banco advirtió la jugarreta de la viuda y había que pagarle un soborno, otros US$500 mínimo. Roberto entonces reaccionó: le estaban timando. Pronto, muy pronto, la dirección de e-mail dejó de funcionar y la viuda desapareció del ciberespacio. Lo que le pasó a Roberto le ha sucedido a cientos de personas alrededor del planeta. Se llama estafa nigeriana, porque el 90 por ciento de los casos viene de allí. También se le conoce como Estafa 419, por el número del delito en el Código Penal nigeriano. Sólo el año pasado fueron detenidos 87 nigerianos que estafaban a través de internet; el grupo había conseguido 170 millones de euros de unas 1,200 víctimas de todo el mundo, y de acuerdo con la Policía española, que investigó los delitos, los delincuentes enviaban cerca de 15 mil mensajes al día. Las formas de la estafa son variadas. Algunas veces “encantan” a la víctima con cifras millonarias de dinero que no puede ser utilizado en Nigeria u otros países (el gerente de un banco que tiene un excedente en la bodega y lo quiere compartir, un príncipe expulsado de su tierra que desea proteger su fortuna, o una mujer que ganó la lotería y teme que su ex marido la deje sin nada); también le aseguran a la víctima que ha ganado un premio y que para reclamarlo primero tiene que pagar impuestos o timbres fiscales. Un timo frecuente en Guatemala es el de la Lotería Primitiva Española. La víctima recibe un correo donde le dicen que ganó millones –aunque nunca haya comprado un boleto de lotería– y que debe pagar una cifra mínima comparada con lo ganado, para acceder a ella. “Se envían de modo masivo cartas redactadas en papel timbrado que indican que la víctima ha sido agraciada con un premio elevado y les derivan en múltiples conversaciones para que ingrese una serie de cantidades para poder cobrar ese premio. Este entramado está organizado por delincuentes internacionales, los cuales operan desde España y otros países europeos”, según un comunicado emitido por la Embajada española en Guatemala. Dar con los delincuentes no es sencillo. La única forma de localizarles es a través del número IP, un código único que posee cada conexión a internet. “Se necesitan equipos bastante sofisticados o herramientas avanzadas instaladas en ciertos puntos de tráfico de los proveedores de internet”, explica José Carlos López, experto en informática de la Universidad Francisco Marroquín, “en muchos casos estos IP de origen ya han sido cambiados, los usuarios expertos saben cómo enmascarar los mensajes para que no lleven el origen real”, agrega, “pero siempre quedan señales de donde partieron y con tiempo se puede determinar. Como es un proceso sofisticado y caro sólo lo utilizan bajo ciertas circunstancias, que ameriten investigación”, agrega. Elizabeth Gudiel, la jefa de la Fiscalía de Estafas del Ministerio Público, no conoce ninguna denuncia de este tipo y eso es porque denunciarlo es muy complicado, la gente suele tener vergüenza y piensa que no hay forma de dar con un timador al otro lado del mundo. “Pero sí se puede”, explica el fiscal Marco Tulio Escobar, “se puede pedir una rogatoria internacional para que el ente paralelo al MP en otros países realice una investigación”.
El timador timado
Betty Smith le ha hecho pasar momentos inolvidables a Adriano Veletti. Ella no lo sabe, pero con cada carta suya Adriano se dobla de la risa hasta que le duelen las mandíbulas. Adriano es un publicista guatemalteco de 29 años y la señora Smith es, supuestamente, una inglesa, católica y adorable, que tiene un hijo haciendo voluntariado en Nigeria. Los 2 empezaron a comunicarse cuando un amigo de Adriano recibió un correo electrónico de Betty. Ella le escribió para pedirle que le vendiera una computadora, “la quiero para mi hijo que está en Nigeria”, los dos amigos olieron la estafa y decidieron contraatacar. Veletti respondió el mensaje: “Soy Benito Carlos de León y estaré encantado de venderle la máquina. Tengo una empresa que se llama ‘Krishna Ebenezer, computadoras, planchas y más as as’. Desde entonces han ido y venido e-mails arreglando un negocio que a todas luces pretende ser un fraude. Betty quiere que le envíen la computadora a Nigeria y ella se compromete a depositar el dinero en la cuenta de Benito Carlos. La señora Smith, que uno imagina como Mary Poppins, debe ser en realidad un moreno de 1.80 m. y brazos musculosos, que busca una máquina gratis. Lo que Veletti hace es un pasatiempo para decenas de cibernautas en el mundo entero, se llama Scam Baiting, y consiste en burlarse de los estafadores, en hacerles perder el tiempo con e-mails absurdos y así evitar que se ocupen en timar a una víctima real. Pero los burladores no se conforman con cadenas interminables de e-mails, van más allá en su lucha por poner en ridículo a los estafadores: piden también fotos e incluso hubo alguno que consiguió que el delincuente le depositara dinero a él. Se trata de ver quién es más astuto. “En este pequeño círculo se considera un trofeo cuando el estafador te envía una foto en alguna actividad previamente acordada, puede ser con un zapato en la cabeza, o mordiendo un pescado”, cuenta Veletti. Donkki Punch, un estadounidense experto en Scam Baiting logró una imagen singular. Le dijo a un nigeriano que le enviaría el dinero requerido para que sacara su herencia de Nigeria, pero que necesitaba verlo para poder confiar en él. Le pidió una foto y para asegurarse que no copiara cualquiera de internet le impuso condiciones especificas: recibió el retrato de un hombre grande con una sombrilla y un letrero donde se lee: “It’s Raining Man”. La “inglesa” que escribía a Veletti ofreció pagar un muy buen precio por la máquina y Benito Carlos de León se comprometió a enviarla a Nigeria. “Ya le instalé los mismos programas que le puse al señor que me cobra la renta, el señor Barriga”, le escribió Veletti. Smith se mostró entusiasmada. Entonces empezaron los asuntos delicados, la señora le pidió al vendedor que le enviara todos los datos de su cuenta bancaria. Veletti trasladó de inmediato todo lo requerido para que el dinero llegara a la “cuenta” de Benito Carlos de León, en el banco central de Teheringo El Chico. Al poco tiempo Veletti recibió una carta electrónica de Bank of America, en la que en inglés, le explicaban que la señora Smith le había depositado US$450 en su cuenta de Teheringo, y que el dinero sería liberado en cuanto él entregara el comprobante del envío de la computadora. “Es gracioso, porque se supone que ella está en Inglaterra pero el banco es Bank of America, con la bandera de Estados Unidos y hasta la foto del gerente”, cuenta. Veletti le escribió de vuelta, “le tengo la computadora con un mouse negro negro, y un teclado con todas las letras menos esta: æ”. Adjuntaba fotos de cajas donde le aseguraba estaba empacada la máquina. Cuando el estafador ya salivaba esperando recibir su nueva computadora le llegó un correo: “lamentablemente cometí un error, ¿se acuerda que le dije del mouse negro?, pues se me acabó, entonces le estoy mandando uno blanco, pero cuesta US$1 más, no sé si es mucha molestia que usted me deposite el dólar”. Y así esperó un nuevo correo del banco donde le acreditaban la feliz cantidad de un dólar. Veletti ya tiró el anzuelo y pidió la foto de la inglesa. Está a la espera de ver si la tramposa cae en la trampa.
Activistas en aprietos
Hace unos meses un correo electrónico se multiplicó entre todos los conocidos de la activista por los derechos humanos Norma Cruz. Era una carta firmada por ella donde aseguraba estar en Nigeria y haber sido asaltada. “Estoy escribiendo esto con lágrimas en mis ojos, no se cómo volver”, decía, y después pedía a sus amigos que le depositaran dinero a través de Western Union para poder regresar a su país. En total necesitaba US$2 mil 800. Minutos después de que la carta se difundiera, el teléfono de Cruz no dejaba de sonar. Voces asombradas le preguntaban si todo estaba bien, si se encontraba en Guatemala. Fue entonces cuando Cruz se dio cuenta que habían usurpado su dirección de e-mail y que estaban usando su nombre para pedir dinero. “Hubo gente que ya estaba lista para ir a depositarme el dinero”, dice, “fue algo realmente molesto. Perdí control de mi correo y mucha información delicada cayó en manos de quién sabe quién”. Lo mismo le sucedió en abril pasado a Helen Mack. Idéntica historia del asalto, sólo que esta vez aseguraban que Mack estaba en Filipinas. Además, el mensaje decía que no tenía forma de conseguir un teléfono y que aquel e-mail era la única esperanza para volver a casa. Pedía US$1,500. Mack tuvo que cambiar su dirección y repartir un comunicado advirtiendo del intento de estafa. Cruz denunció al Ministerio Público. “Nos auxiliamos de peritos especializados y se determinó que alguien se infiltró en el correo y lo utilizó”, dice Marco Tulio Escobar, jefe de la Fiscalía de Delitos contra Activistas de Derechos Humanos. “Son delitos nuevos y no estamos exactamente preparados para enfrentar a la tecnología”. Los estafadores suelen localizar a personas admiradas y respetadas por la sociedad para pedir dinero en su nombre. Es mucho más fácil que alguien acceda a entregar dinero cuando piensa que le será útil a una mujer que lucha por los derechos humanos.
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3 comentarios:
Yol Perez: (2009-10-27 16:32:19 horas)
Lamentablemente muchas personas son inexpertas y/o apenas aprenden a usar Internet y ven esto.. fácil caen.
Marco T. Escobar: (2009-10-26 17:59:36 horas)
En lo personal, e recibido estos correos, deben tener mucho cuidado ya que para enganchar a sus victimas solicitan se les agregue como amigos en alguna pagina y luego inician diciendo que quieren ayudar y dan direcciones que parecen reales y el que no sabe sobre este tema, cae facilmente.
Marjorie Koplowitz: (2009-10-25 16:44:35 horas)
Y ahora el Dr. Mann Pellecer es victima de la misma "broma". Ojo a quien reciba el e mail supuestamente del Reino Unido solicitando fondos para regresar.
3 comentarios: