Más cercana, imposible. Entre los espías reclutados por la Central de Inteligencia de Estados Unidos para espiar a los comunistas en Cuba, figuraba la hermana de los líderes de la revolución, Fidel y Raúl Castro. Juanita, hoy de 76 años, trabajó para la agencia durante 3 años
Su alias era Donna y fue reclutada para la tarea por la esposa del entonces Embajador de Brasil en La Habana, Vasco Leitao da Cunha, adelantó ayer El Nuevo Herald.
Juanita Castro abandonó la isla en 1964, cinco años después del triunfo de la revolución, y desde entonces ha sido una acérrima crítica del régimen de la isla.
Sin embargo, el considerado “secreto más grande” de su vida se dio a conocer apenas hace dos días: fue espía entre los años 1961 y 1964 y los detalles se explican en sus memorias Fidel y Raúl, mis hermanos. La historia secreta, que salió ayer a la venta, y cuyo prólogo fue escrito por el cubano disidente Carlos Alberto Montaner.
El enlace de la CIA con la hermana de los dirigentes de la isla por más de medio siglo fue Tony Sforza, agrega el diario.
Sforza, que se habría presentado ante Juanita Castro bajo el nombre de “Enrique”, fue una “pieza clave” de la Operación Mangosta, las actividades de sabotaje económico encubiertas de la CIA en Cuba impulsadas tras el fracaso del ataque de Bahía Cochinos (Playa Girón) en 1961 y que desembocaron en la Crisis de los Misiles un año más tarde.
Sforza trabajaba infiltrado en Cuba haciéndose pasar como jugador de casinos, con el nombre falso de Frank Stevens.
Según Juanita, ella le pasó información a la CIA a través de la esposa del Embajador brasileño de que “cohetes soviéticos estaban siendo instalados en Cuba y que cada vez había más personal ruso en la isla”.
Basándose en el libro, cuya puesta a la venta estuvo precedida por estrictas medidas de seguridad para que no se adelantara ningún detalle, el diario indicó que la CIA decidió sacar a Juanita de Cuba después de que Virginia Leitao da Cunha les enviara una carta y cuando el hoy presidente cubano, Raúl Castro, visitó a su hermana para informarle de que había un expediente en su contra por “actividades contrarrevolucionarias”.
Al parecer sus hermanos no detectaron su filiación con la agencia estadounidense. Juanita le comunicó a su hermano Raúl que iría por un tiempo a México y este accedió a agilizarle los trámites para el viaje.
Cuando acababa de llegar a Estados Unidos, muchos exiliados consideraban a Juanita Castro como una espía comunista. Después ayudó a fundar una organización sin fines de lucro, con el respaldo de la CIA, la cual operaba contra el Gobierno cubano.
Durante el gobierno del presidente Richard Nixon, funcionarios de la CIA le dijeron que ya no podían respaldar la lucha clandestina contra Castro por el efecto negativo que esta tenía en las relaciones de Estados Unidos con la Unión Soviética.
Castro dijo que la CIA deseaba que ella hiciera declaraciones públicas para afirmar que el comunismo en América Latina ya no era una amenaza. Fue en esa época en que cortó su relación con la agencia. Fuente: AP, DPA, El País
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