>El mutualismo es una interacción biológica entre individuos de diferentes especies en la que ambos se benefician y mejoran su aptitud biológica. >Cuando este mutualismo funciona bien, los árboles de acacia proveen a las hormigas con espinas hinchadas que les sirven de nido, y néctar que colectan de las bases de sus hojas. >A cambio, las hormigas protegen al árbol de los mamíferos herbívoros al salir en tropel de las espinas para picar al invasor, como guardaespaldas que lo protegen de ser devorado.
En los bosques secos espinosos de Guatemala hay una plantaque mantiene una sofisticada y compleja relación con un insecto, que parece salida de un cuento.
Los árboles y arbustos de acacia se encuentran en los bosques secos del oriente del país, y son fáciles de reconocer por sus hinchadas espinas huecas. Dentro de las espinas viven colonias de pequeñas y delgadas hormigas del género Pseudomyrmex.
Las acacias no sólo proveen a sus invitadas de vivienda gratuita. Además tienen nectarios extraflorales que contienen todos los nutrientes –azúcares, aminoácidos, iones minerales y sustancias aromáticas– que necesita una colonia de estos insectos. Como las necesidades de alimento y cobijo de las hormigas son cubiertas por la planta, toda su energía la vuelcan en promover el bienestar del árbol.
Para ver su lealtad en acción, sólo hay que rozar la rama de un árbol de acacia o tocarla con un palo. Las hormigas se desbordan y salen de las espinas huecas para atacar ferozmente al invasor.
Sus fuertes picaduras desilusionan a la mayoría de los mamíferos que pastan en el área. Además, las obreras que patrullan constantemente se encargan de remover los insectos herbívoros de las hojas antes de que puedan hacer algún daño.
Hoy por ti, mañana por mí
Los beneficios directos para la planta son obvios, pero ahí no termina la historia. La mayoría de las acacias produce compuestos ricos en nitrógeno parecidos al cianuro para protegerse de los herbívoros. Estos compuestos son costosos y difíciles de producir, especialmente en ciertos suelos, y es mucho más fácil para las plantas generar los dulces químicos que satisfacen a sus hormigas. Además, no necesitan grandes cantidades.
Por el otro lado, las hormigas también cortan las enredaderas que amenazan el crecimiento de sus plantas anfitrionas, y en algunos casos hasta recortan la vegetación que las rodea. Esto no sólo reduce la competencia, sino que también los riesgos de daño por fuego.
La relación no siempre es color de rosa. Como en todo, hay quienes hacen trampa. Por lo menos una especie de Pseudomyrmex que ocupa las espinas de estas acacias y se aprovecha sin reciprocidad. Pero estas oportunistas son poco comunes.
La sofisticación del sistema hormiga-acacia no es un milagro aislado de la evolución, explican Adrian Forsyth y Ken Myata en su libro Tropical Nature. Esta extraña alianza forjada sin diálogo ni tratado entre dos partidos que no tienen ni deseo ni ambición es simplemente un ejemplo más de la selección natural. Y “una de las formas más tangibles para comprender el tremendo potencial creativo en el azar a través de la inmensa extensión de tiempo evolutivo”. O en otras palabras, una forma sencilla de comprender la enormidad de la evolución.
Fuentes: Tropical Nature por Adrian Forsyth y Ken Miyata, A Neotropical Companion por John Kricher.
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