La caída del muro de berlín desde los ojos de Linder
Los alemanes están por celebrar el 9 de noviembre un acontecimiento que sin duda, después del fin de la guerra, significó para Alemania un verdadero motivo de fiesta: la caída del Muro de Berlín. Hubo familias que quedaron durante años separadas, alemanes que murieron en el intento de cruzarlo, tantas historias sobre el día cuando se construyó. Y tantas historias sobre el día en que cayó.
Peter Linder, embajador alemán en Guatemala, nació y creció alejado de aquella construcción vergonzosa. Educado en el territorio que fue apartado para Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, estuvo aislado de ese lado de la historia. Hasta cierto punto: como él, no hay alemán ajeno a las lecciones que dejó la histórica caída de esa pared.
Debió crecer con la experiencia del muro ahí presente. ¿Cuántos años tenía cuando lo levantaron?
– Nací en el año 50, cinco años después de la guerra, los dos Estados alemanes ya habían sido creados, en el 49, un año antes de mi nacimiento. Pero pasé toda mi vida escolar en la República Federal de Alemania y en mi caso, no tuvimos muchos familiares en Alemania del Este, más que familiares lejanos.
Entonces tenía 11 años cuando lo construyeron, ¿tiene recuerdos de esos días?
– No lo recuerdo, pero tengo un recuerdo un poco diferente, años despues, en 1968 visité Praga, mis padres nos llevaron el mismo día que las tropas rusas invadieron Checoslovaquia. Nosotros salimos con nuestro carro a 30 kilómetros de distancia de los tanques rusos. Me recuerdo muy bien de este viaje y de las discusiones en el carro, cuando mis padres nos dijeron que ellos tenían la experiencia de la guerra y esperaban que nunca más pasáramos esa tragedia. En realidad, la caída del muro la vemos hoy con más claridad, entendemos la cadena de acontecimientos porque lo vemos con ojos históricos, pero cuando cayó, solamente tenía la sensación de una gran sorpresa.
Hablemos de esa división de Alemania. Mientras en Potsdam definían un nuevo ordenamiento mundial, después de la guerra, también se definió que Alemania se partía en dos, que Este y Oeste no podían ser lo mismo. Era un poco contradictorio concluir la guerra y al mismo tiempo dividir Alemania.
– No era contradictorio, porque la pregunta no era cómo dividir el mundo, la tarea era cómo terminar y qué hacer con los crímenes de guerra. La gente tuvo de nuevo tiempo para pensar en sus ideologías y surgieron otra vez los fundamentalismos. El comunismo es también una dictadura y los aliados se dieron cuenta rápidamente que la dictadura estalinista en la Unión Soviética no era mejor que la dictadura nazi que ellos combatieron.
¿Cómo fue su educación dentro de esa nueva división?
– Yo estaba en el sector controlado por Estados Unidos, iba al colegio americano en la tarde y por la mañana iba al colegio alemán. En el colegio no vi el conflicto. Eso llegó cuando entré en el servicio militar.
¿Cómo?
– El servicio militar era obligatorio. Lo hice y firmé un contrato por tiempo adicional porque me pagaban dinero y bueno, nos enseñaron acerca de nuestros enemigos y de los valores que debíamos defender, la democracia, el pluralismo, liberalismo, libertad, derechos humanos, igualdad.
También en ese servicio militar concibió que había dos Alemanias.
– Sí, en el mar, vimos los barcos rusos y de Alemania del Este, los tuve a vista abierta. Claro que las cosas también cambiaron en la universidad, en tiempo de Willy Brandt, primer político en Alemania Occidental con una visión de apertura, porque también la parte occidental había sido muy limitada en su visión, no sólo el otro lado, nuestro lado también tenía la mirada limitada. Por ejemplo, muchos años después hice un viaje por tren, desde Hong Kong a Europa, ya trabajaba en la Embajada de Alemania en Filipinas. El tren paró en determinado punto y visitamos un parque. Había un obelisco, que señala la separación del agua entre Asia y Europa y ahí decía que el agua al Este es Asia y el agua al Occidente es Europa. Yo me sorprendí: “¿Ah? ¿Europa?”, pensé. En el colegio había aprendido que Europa era entre Noruega y Sicilia, aprendí así por la división, por la Cortina de Hierro, pensaba que Europa era desde Sicilia, Escandinavia, Francia, Inglaterra, Suiza un poco el mediterráneo, y bueno Alemania. Eso era Europa para mí. Y todo lo demás era “fuera de Europa”. Era otro mundo, y cuando me dijeron aquí empieza Europa, tan lejos de mi mundo, me di cuenta que Europa no era un continente del norte al sur, sino del occidente al oriente. Mucho más ancho que alto.
Y, ¿cuánto cambió su percepción de ese mundo?
– Mucho, tremendamente, el concepto de una Europa limitada había sido falso, era el concepto de una época.
Willy Brandt empezó la apertura política. ¿Cómo la vivió usted personalmente?
– Eran los años setenta y recuerdo bien que la campaña electoral implicaba la pregunta si íbamos a tener la famosa ospolitik, política de apertura, y en estos años se negociaron muchas cosas, por ejemplo, que las dos Alemanias serían miembros de Naciones Unidas, antes no había una silla para Alemania ahí. Eso implicaba que los dos Estados se aceptaban al menos como existentes. Había algo muy interesante, en la Cancillería de Alemania nunca había una sección para Alemania Oriental.
Pequeños signos, grandes significados.
– Pequeños signos, pero era la lógica: la doctrina era que esa Alemania no existía. Nunca tuvimos una fiesta nacional, todos los países la tenían, nosotros no, porque, ¿qué festejábamos?
Se celebra, por ejemplo, un país o una identidad.
– Nosotros éramos una nación dividida. Era muy político y simbólico. Celebrábamos el 23 de mayo, cuando promulgamos la Constitución, pero no era una fiesta nacional. Y recuerdo que yo hice la última recepción del 23 de mayo en La Paz, Bolivia, mi Embajador estaba de vacaciones así que me tocó hacer la última celebración en 1990.
A estas alturas ya era un diplomático y estaba consciente de los eventos históricos. ¿Qué significado tuvo para usted?
– Fui testigo de una gran parte de pasos preparativos de la caída del muro, yo tenía el puesto de Centro de Crisis, era director de esta unidad de 24 horas, así que cuando los primeros alemanes ocuparon las embajadas en Praga, en Varsovia, Budapest, a los primeros que nos tocó cubrir el hecho fue a nosotros. Así que día y noche estuve involucrado en esta temática, hasta el fin de octubre, pues me transfirieron a La Paz, Bolivia.
Así que vivió la caída del muro desde lejos.
– La viví de lejos. Llegamos a Bolivia y diez días después el muro cayó.
¿Lo vio en televisión?
– (El embajador lleva sus manos a la cara y hace una cara de sorpresa).
No esperaba que sucediera.
– No. Nadie lo esperaba. Nosotros pensamos que íbamos a tener libertad de viajar (entre una y otra nación) pero nadie hablaba de unificación. Ni el 9 de noviembre. El tema era pasar, ir y volver. El tema de la unificación llegó unas seis semanas después de la caída.
¿Qué estaba haciendo cuando el muro cayó? ¿Cómo se enteró?
– No era fácil hacer llamadas, no había internet, fue por télex. Tengo una pequeña colección personal de recuerdos, un periódico de ese día y la copia de un télex, noticias de Deutsche Welle.
La identidad del alemán a 20 años de la caída está marcada por esa división. En las propias elecciones se manifiestan: el Este muestra resultados distintos al Oeste.
– Mucho se ha hecho, pero falta mucho. Los ciudadanos de Dresden y de otras ciudades del Este vivieron desde la toma de poder de Adolf Hitler en 1933 en una dictadura, primero la nazi y luego la comunista. Nunca aprendieron la libertad y cómo vivir en ella.
Tienen una historia más silenciada.
– Y más ideologizada. Hoy mismo vimos una película en la que el jefe del partido comunista dijo: “Nunca vamos a construir un muro”, y el día siguiente lo empezaron a construir. Era una mentira abierta.
Pero es sorprendente la forma en que ustedes los alemanes asumieron con honestidad y apertura su historia.
– Fue relevante para Berlín, para Alemania, para Europa. El Muro de Berlín fue un muro físico, pero hay países que tienen sus muros que no son físicos pero dividen. La pobreza es un muro, la lección de Berlín no es solamente que hay que bajar muros físicos, sino el mensaje es saltar divisiones silenciosas y artificiales o ideológicas, económicas o políticas. Hay mucho simbolismo en ello.
Acá por ejemplo, hay un muro que nos separa del mundo indígena.
– El étnico, pero está también el muro de la pobreza. Y no solamente en Guatemala, prácticamente no hay país que no tenga sus separaciones internas.
¿Qué sucedió con su carrera diplomática después de la caída?
– Me trasladaron a Holanda y fui jefe del Departamento Económico, ahí debí organizar viajes para empresarios holandeses para invertir en Alemania Oriental.
Qué difícil.
– ¡Ay! Era otro mundo. Era muy diferente, empezando por las carreteras, el color de las casas, la comida de los restaurantes, era como estar en otro país, en realidad era otro país.
Me refiero a que seguro no era fácil seducir a los holandeses de invertir en el Este.
– Ellos querían vender sus flores y sus quesos y nosotros queríamos que invirtieran. Un empresario no quería invertir millones un día después de la unificación, era un riesgo, una aventura.
Implicaba creer.
– Claro que sí, pero en caso de dinero la gente no quiere sólo creer.
Cuando los alemanes cuentan la historia de Angela Merkel subrayan que ella no representa al político tradicional, ni al “establishment”. Venía del Este, para empezar.
– Es cierto, pero ha sido parte de un grupo de jóvenes que buscaban libertad. Ella es parte de este movimiento pidiendo aperturas sin motivos políticos, eran motivos más personales e individuales.
Motivos más personales que políticos. Hoy muchos alemanes liberales votan conservador por causa de ella. Y los analistas políticos explican que las nuevas generaciones de alemanes son menos ideológicas y más pragmáticas.
– No creo que sea un hecho alemán, creo que es global. La despolitización es abundante, Estados Unidos es un ejemplo. La gente tiene otros problemas, ya no es la confrontación, es más la vida cotidiana.
Como gozar de un seguro social efectivo o seguros a la hora del desempleo.
– Es así, la ausencia de conflictos internacionales, la ausencia del abierto peligro de una guerra atómica, la percepción de peligro reducido, y en los últimos 20 años paralelo a la unificación se bajó la percepción del peligro de la Tercera Guerra Mundial, entonces es otra generación la que manda, gente joven que no tiene nada que ver con los acontecimientos de antes, con la postura de confrontación.
Y creo que a la gente que hoy tiene 30 años le parece estúpida la idea de construir un muro para separar a la gente.
– Así es, fue estúpido. Ahora nos preocupa más la salud, educación, trabajo, ingreso y retiro. Hoy día la gente en Europa vive 25 por ciento de su vida jubilado, la medicina nos permite vivir más para disfrutar. Pero esta generación de ancianos pide otras cosas, por ejemplo, quiere menús más pequeños en los restaurantes porque comen menos y quieren pagar menos. Yo estoy en el proceso de comprarme los platos reducidos, comeré menos y pagaré menos (risas).
La última pregunta, señor Embajador, cuando contó que vio la caída del muro, hizo este gesto: se llevó las manos a su rostro y abrió los ojos con sorpresa. Aunque esa división no afectó directa ni personalmente su vida, ¿qué lección le dejó ver con sus ojos esa caída?
– Ay pero qué difícil responder. Una consecuencia para mi vida personal, creo que hay una lección: las cosas no son para siempre, esa es la gran lección, y que también decisiones que parecen eternas, no lo son. Es la lógica de cambio, no sólo en elecciones o cambios constitucionales, sino cambios que sobresaltan obstáculos grandes y sólidos. Ese era un muro grande y sólido y la gente logró saltarlo aunque parecía un obstáculo insuperable. Esa es la filosofía detrás de todo esto.
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4 comentarios:
carlos german tarrago hoenes: (2009-11-17 15:05:20 horas)
buen dia me gustaria una entrevista pues tengo una experiencia muy interesante que compartir, estudie y vivi 5 años en republica checa, soy uno de los doce estudiantes de este pais uno por millon de habitantes que ha tenido esa experiencia tan diferente y quiero compartirla en su programa.
espero sus noticias, tengo mil fotos y un diploma que dice que fui uno de los dose. pero soy uno de los siete que si sacaron el titulo en una universidad checa.
puede ser una motivacion para esas personas jovenes que quieren superarse, conste que tengo 41 años y soy super joven tambien.
carlos german
Lic. MgA. Carlos Germán Tarragó Hoenes,
Colegas, S. A.
movil: 5404 0227
carlos german tarrago hoenes: (2009-11-17 15:04:08 horas)
buen dia me gustaria una entrevista pues tengo una experiencia muy interesante que compartir, estudie y vivi 5 años en republica checa, soy uno de los doce estudiantes de este pais uno por millon de habitantes que ha tenido esa experiencia tan diferente y quiero compartirla en su programa.
espero sus noticias, tengo mil fotos y un diploma que dice que fui uno de los dose. pero soy uno de los siete que si sacaron el titulo en una universidad checa.
puede ser una motivacion para esas personas jovenes que quieren superarse, conste que tengo 41 años y soy super joven tambien.
carlos german
Lic. MgA. Carlos Germán Tarragó Hoenes,
Colegas, S. A.
movil: 5404 0227
Luis Palacios: (2009-11-01 14:52:13 horas)
Estoy en Alemania por unos dias, trabajo con organizaciones de jovenes alemanes que tienen mucha vocacion por ayudar al projimo, desde el ano 92 estan trabajando en Guatemala para la construccion de escuelas, soy un admirador de su dedicacion y decision por cambiar las cosas. El Embajador tiene mucha razon con los muros invisibles, en Guatemala hicieron uno para mantener al pueblo en ignorancia, por eso hoy los politicos hacen lo que se les da la gana, el dia que logremos romperlo nuestro pais podra florecer como ahora lo hace Alemania, para mi un pais digno de emular. Los guatemaltecos y en particular los pueblos mayas tienen todo el derecho de recuperar su dignidad y reconocimiento como ejemplo de una de las culturas mas sorprendentes de la humanidad. Que Viva Guatemala y que Viva Alemania, abajo todos los muros, visibles e invisibles en toda la tierra.
sergio licardie V: (2009-11-01 08:03:36 horas)
Antes, antes, antes, en la primaria cuando enseñaban a escribir, nos decían que los nombres propios se escribían con mayúscula en la primera letra. Parece que las reglas han cambiado o por consigna se degrada al famoso muro de Berlín.
4 comentarios: