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Guatemala, domingo 01 de noviembre de 2009

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Opinión:

Piedra de Toque: La desaparición del erotismo

Mario Vargas Llosa

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Hay muchas formas de definir el erotismo, pero tal vez la principal sea llamarlo la desanimalización del amor físico, su conversión, a lo largo del tiempo y gracias al progreso de la libertad y la influencia de la cultura y las artes en la vida privada, de mera satisfacción de una pulsión instintiva en un quehacer creativo y compartido que prolonga y sublima el placer físico rodeándolo de rituales y refinamientos que llegan a convertirlo en obra de arte.

Tal vez en ninguna otra actividad se haya ido estableciendo una frontera tan evidente entre lo animal y lo humano como en el dominio del sexo, diferencia que, en un principio, en la noche de los tiempos, no existía y confundía a ambos en un acoplamiento carnal sin misterio, sin gracia, sin sutileza y sin amor. La humanización de la vida de hombres y mujeres es un largo proceso en el que intervienen el avance de los conocimientos científicos, las ideas filosóficas y religiosas, el desarrollo de las artes y las letras y en esa trayectoria nada se enriquece más ni cambia tanto como la vida sexual. Esta ha sido siempre un fermento ígneo de la creación artística y literaria y, recíprocamente, pintura, literatura, música, escultura, danza, todas las manifestaciones artísticas de la imaginación humana han contribuido al enriquecimiento del placer a través de la práctica sexual. Por eso no es abusivo decir que el erotismo representa un momento elevado de la civilización y es uno de sus ingredientes determinantes. Para saber cuán primitiva es una comunidad o cuánto ha avanzado en su proceso civilizador, nada tan útil, rompiendo sus secretos de alcoba, que averiguar cómo hace el amor.

El erotismo, sin embargo, no sólo tiene esa función positiva y ennoblecedora de embellecer el placer físico y abrir un amplio espectro de sugestiones y posibilidades que permitan a los seres humanos satisfacer sus particulares deseos y fantasías. Es también un quehacer que saca a flote aquellos fantasmas escondidos en la irracionalidad que son de índole destructiva y mortífera.
Freud los llamó la vocación tanática, que se disputa con el instinto vital y creativo –el Eros– de la condición humana. Librados a sí mismos, sin freno alguno, aquellos monstruos del inconsciente que asoman y piden derecho de ciudad en la vida sexual, si no son frenados de algún modo, podrían acarrear la desaparición de la especie. Por eso el erotismo no sólo encuentra en la prohibición un acicate voluptuoso, también un límite violado el cual se vuelve sufrimiento y muerte.

Nadie ha estudiado con más lucidez que Georges Bataille este aspecto dual –vida y muerte, placer y dolor, creación y destrucción– del erotismo y por eso ha hecho bien Guillermo Solana poniendo de título a la exposición que ha organizado en los locales del Museo Thyssen y Caja Madrid el que dio el gran ensayista francés al último libro que publicó en vida: Lágrimas de Eros. Se trata de una excelente muestra que con unos 120 cuadros, esculturas, fotografías y videos ilustra la variedad temática y la excelencia formal que ha llegado a alcanzar la experiencia sexual en sus mejores expresiones artísticas. El asunto es tan vasto que una exposición de arte erótico sólo puede aspirar a ser la punta del iceberg, pero, en este caso, la antología ha sido elegida con la sabiduría y el buen gusto necesarios para dar al espectador una idea clara de la exuberancia ilimitada de que ella es apenas un indicio.

Una de las enseñanzas más flagrantes que se desprende de la exposición es que el erotismo no es tanto un hecho en sí, una entidad aislada y diferenciada de otras, sino más bien una mirada, una elección subjetiva, una pasión o una manía que se proyectan sobre todo lo existente, erotizando a veces cosas que parecerían serle totalmente ajenas y hasta írritas, como la religión.
 Es natural y obligatorio que la antigüedad pagana, con su amoralismo, haya sido una fecunda inspiradora de pintura y escultura eróticas –también lo ha sido de literatura– y que temas como el nacimiento de Venus, las esfinges y las sirenas, Apolo y Jacinto, Andrómeda encadenada y Endimión dormido –salas de la exposición– hayan incitado a grandes artistas y debamos a ello un buen número de obras maestras. Pero no menos estimulante para la fantasía erótica lo ha sido el cristianismo, desde Eva y la serpiente, un tema recurrente a extremos de enloquecimiento de centenares de pintores, hasta la Magdalena, la pecadora arrepentida y penitente cuyas formas desnudas, ampulosas o góticas, son uno de los íconos del imaginario erótico en todas las épocas y para todas las escuelas. Y qué decir del martirio de San Sebastián y de las tentaciones de San Antonio en el desierto que a su vez han tentado a una numerosa genealogía de artistas que van de Brueghel a Picasso y Saura, pasando por Jan Wellens de Cock (su pequeño cuadro es uno de los más memorables de la muestra) y Paul Cézanne.

La religión sirvió de aguijón al vuelo creativo y, también, de coartada para sortear la censura eclesiástica. Si la exhibición de las formas desnudas de hombres y mujeres del común en nombre de la estricta belleza era censurable, no lo era tanto si quien exhibía sus pechos, muslos, nalgas y hasta el vello púbico y los órganos sexuales eran el mismísimo Redentor o una santa o un santo. De esta estrategia se valieron para saturar sus murales y lienzos de desnudos y discreta o descarada concupiscencia pintores tan respetados por el establecimiento y la jerarquía como un Rubens, un Ingres, un Rodin o un Gustave Doré.

Otra curiosa conclusión algo deprimente se desprende de Lágrimas de Eros, por cierto profetizada también por el propio Bataille. La desaparición de frenos y censuras, la permisividad total en el campo amoroso, en lugar de enriquecer el amor físico y elevarlo a planos superiores de elegancia, exquisitez y creatividad, lo banaliza, vulgariza y, en cierto modo, lo regresa a aquellos remotos tiempos de los primeros ancestros, cuando consistía apenas en el desfogue de un instinto animal. Un testimonio de ello es la extraordinaria pobreza del arte erótico contemporáneo que Guillermo Solano, pese a sus esfuerzos en la selección de obras para la muestra, no ha podido disimular. Es verdad que un Picasso o un Delvaux elevan considerablemente el promedio, pero la mayoría de las pinturas, videos o esculturas de artistas modernos representados son de una indigencia imaginativa lastimosa cuando no de una triste idiotez. Pasar del Endimión dormido de Antonio Canova al video David, de Sam Taylor-Wood en el que vemos al futbolista David Robert Joseph Beckham durmiendo beatíficamente apoyado en su diestra, no sólo es un anticlímax sino un salto dialéctico del arte genuino al arte frívolo (o la simple tontería).

Este abaratamiento y degradación del erotismo en nuestros días es, vaya paradoja, consecuencia de una de las grandes conquistas de la libertad que ha experimentado el mundo occidental: la permisividad sexual, la tolerancia para prácticas y fantasías que antaño merecían el rechazo de la moral imperante y eran objeto de condena social y castigo judicial. Al desaparecer la prohibición desapareció también la transgresión, aquel aura temeraria, la sensación de violentar un tabú, de pecar, que condimentó la práctica del erotismo en el pasado y que atizó tanto la invención literaria y artística. Para la experiencia común de las gentes, que la vida sexual haya migrado de la existencia clandestina que tenía a la luz de la plaza pública (o poco menos) y que ahora el “erotismo” sea un ingrediente privilegiado de la publicidad comercial (la Eva y la serpiente fotografiada por Richard Avedon con Nastassja Kinski y el boa constrictor que la abraza son un ejemplo de lo que quiero decir) y de los avisos económicos en los diarios con que las prostitutas atraen clientes, significa pura y simplemente que el erotismo ya no existe, que pasó a ser caricatura y esperpento de lo que fue.

¿Es bueno o malo que haya ocurrido así? En términos sociales, bueno, sin la menor duda. La vigencia de prejuicios, prohibiciones y censuras trajo consigo atropellos, abusos,
discriminación y sufrimiento para muchos (en este caso, sobre todo, para las mujeres y las minorías sexuales). Pero desde el punto de vista de las bellas artes y de la literatura ha significado que el placer físico se volvió un tema anodino y convencional, semejante al paisajismo, el retrato de caballete, las marinas o las odas patrióticas. Hacer el amor ya no es un arte. Es un deporte sin riesgo, como correr en la cinta del gimnasio o pedalear en la bicicleta estática.

Madrid, octubre de 2009

© Mario Vargas Llosa 2009
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, S.L.
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3 comentarios:

  1. olga rivas: (2009-11-01 14:07:50 horas)
    Mientras hayan poetas y escritores como Vargas LLosa, habrá erotismo, y este artículo, magnífico, aunque pesimista, nos trae a consecuencia que no, que el erotismo no puede morir, y Vargas Llosa lo dice, indirectamente. ¿Cómo vivir sin el pensar de cómo es o será? ¿Cómo no hacer el amor, no solo en persona, sino además en el pensamiento? ¿Cómo no regar al amado con perfumes y aceites para que su piel vibre al toque de las manos que le acarician? ¿Cómo ignorar que el erotismo no existe cuando hay un Edelberto Torres Rivas, escribiente y sociólogo y octogenario también, que a pesar de todo, es más erótico que el erotismo mismo? No, el erotismo sigue, y seguirá, porque el humano para alimentar su ego, su vida necesita de tal pra poder vivir.
  2. anibal perez: (2009-11-01 11:58:52 horas)
    Magistral recorrido a través de la historia del arte para explicar la libido del ser humano. Y no hay duda, para mí, que la represión sexual, cualquiera que sea la excusa, ha provocado, a través de los siglos, sociedades mojigatas, sostenedoras del atraso, de la hipocresía y la oscuridad intelectual. Vargas-Llosa se digna comunicarnos como va el mundo en cuanto manifestaciones culturales al otro lado del charco. Y lo hace con su estilo particularísimo, sin egoísmo y con el sutil propósito de enriquecer el criterio de los lectores. Y cada quien reconoce los secretos de su propia vida privada: no hay duda que una vida sexual sana y exuberante ayuda a espantar los fantasmas que nos anclan al pasado, a los temores y a la imposibilidad de crecer, de madurar y poder ver, con ojos mas tranquilos, nuestros días y nuestra sociedad. Comprender y aceptar los misterios de la vida, entre ellos la vida sexual, implica acceder a una vida mas feliz, meta de todo ser humano. El tabú de la vida sexual debe ser entendido a la luz de los instintos inherentes al ser humano, puestos en su adecuada dimensión como Vargas-Llosa, al menos, ejemplifica, con todo estilo y cátedra, en esta necesaria e indispensable columna.
  3. Ramiro Asturias Zamora: (2009-11-01 03:23:11 horas)
    Por eso, en la poesia -y la modalidad del verso libre- he escogido el genero erotico. Lo explico en el prologo a un breve poemario original, asi: "Sigo degustando leer como los principes relataron la belleza de Sara al faraon: 'Bello el aspecto de su rostro, fino el cabello de su cabeza; cuan hermosos sus ojos y que dulce su frente, su nariz y el resplandor de sus mejillas; que hermoso su seno y cuan bello su colorido; cuan hermosos sus brazos y sus manos, que perfectos sus pies...l y que perfectos sus muslos. Ninguna doncella y esposa que entra en el baldaquin es mas bella...; a todas las mujeres su belleza enaltece y esta por encima de todas. Y junto a tanta belleza tiene mucha cordura.' (Columna XX del apocrifo arameo del Genesis, acerca de la vida de Abraham.) Y sigo escribiendo (a la David, Vallejo, Neruda, la Dickinson) en verso, pareciendome a veces mi propia expresion casi automatica. Acaso no admitio alegremente Mozart sognar la celestial musica que al amanecer anotaba de un plumazo en sus perfectas y tan prolijas partituras? Sigo asi desplegando velas no siempre grises y banderas no siempre blancas, heroics reminiscencias. Pues, quien no ha venido almacenando para si los primeros besos no arrebatados, ya sin las artimagnas de un corsario? Mas cual estelas que resplandor de estrellas sobre la superficie de vidas cruzadas; menos cual aventuras de un templario a destiempo y circunstancias de esquinazo sublimable. Aprendiendo como esta vida nos ensegna a no hundirnos en el marasmo pueril de un narcisimo parnasiano; como desvia nuestro rumbo hacia vivencias mas reales y seductoras! Son operaticas sirenas posadas en los escollos de magallanezcos estrechos donde poder simular con cierta emocion, otros naufragios que no hayan de resultarnos demasiado incomodos. Para atisbar aunque sea de reojo, las profundidades vairas de nuestra mistica natura. Aprovechando la pleamar de una cristalina poesia erotica; erotica en el buen sentido, el literario. Sigo en fin, zarandeando esta castiza red de palabras y cantos, a extender una y otra vez sobre el flujo y el reflujo del amor y los de la muerte. Clamandolos a la gitana, por satisfacer al menos el cotidiano solaz de mi octogonal corazon mayense, que incluso agnora a ratos dos lindas dognas de mi patria: Mama-Julia y Adelaida, mis abuelas a quienes me permito dedicar este poemario. Mis excusas a los dones configuradores de elegantes exageraciones de este oficio, Borges y Asturias. Pues pese a mi libertaria actitud renacentista, tengo presente la sabiduria popular: 'cada maistrito con su librito.' "
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