El arquitecto Alfredo Maúl siembra cada fin de año alrededor de 250 árboles, eso compensa, según sus cálculos, lo que él ha producido de dióxido de carbono durante ese tiempo. El fin último es mitigar lo que produjo de contaminación, y eso que él lleva un estilo de vida sumamente ecológico. Su casa/estudio/oficina solía ser parte de una empresa, así que tuvo que modificarla tirando paredes y abriendo ventanas en diferentes puntos, entre otras cosas, para poder hacer un uso mixto del espacio. Ahora el recinto constituye todo un ejemplo de responsabilidad con el ambiente, y una muestra de que aprovechar y cuidar de los recursos naturales es más que factible.
La mitad de la casa funciona con energía comprada a la empresa eléctrica, y la otra produce su propia energía a través de un sistema solar ubicado en el techo de la vivienda. Además está a punto de contar con un sistema eólico, que producirá energía a través del viento y que reducirá aún más el uso de la energía convencional. “Ahora pago entre Q25 y Q30 de luz al mes, y el monto será menor cuando funcione al máximo el sistema eólico, todo mis electrodomésticos son eficientes, y sólo uso Leds o bombillas compactofluorescentes que significan un ahorro considerable, y es que estoy convencido de que en un futuro muy cercano el agua y la luz van a ser recursos realmente escasos y valiosos, por eso vale la pena empezar desde ahora a cuidarlos y sobre todo a ahorrarlos”, comenta el arquitecto Alfredo Maúl, quien además de tener varios proyectos personales, se dedica a brindar asesoría en temas ecológicos a empresas de varias índoles, incluyendo constructoras.
Maúl recicla incluso el agua que utiliza. Lo que se desperdicia a la hora de la ducha o mientras se lava los dientes va a parar al depósito del inodoro. “No tiene nada de malo que el agua del inodoro lleve consigo restos de jabón y de pasta de dientes, al contrario hasta es bueno y de paso no se desperdicia el agua potable que tanto costó tratar. Además yo no compro agua embotellada, sino bebo agua filtrada dentro del apartamento mismo. El inodoro a la vez es eficiente, es decir, lleva un tanque con dos descargas”, explica el arquitecto. La oficina de Maúl recolecta agua de lluvia que después utiliza para regar el jardín, y dentro del propio baño se encuentra un modelo inventado por él mismo que permite ver el nivel de agua que hay en el lugar, de manera que uno no sólo se vuelva más responsable, sino que verifica que haya agua recolectada para unos tres días en caso de cualquier emergencia. Y se podría recolectar más si el caso lo ameritara.
Maúl separa la basura cuidadosamente. Tan es así que después de haber apartado el vidrio y el plástico, el arquitecto junta todos los restos de basura orgánica, como cáscaras de fruta, café o papel, y los coloca dentro de una caja para que con el tiempo vayan descomponiéndose (el proceso se conoce como compostaje), esto se convierte en humus o tierra negra, con la cual ha ido sembrando su jardín. “He podido crear mi propia tierra, y con ella he sembrado todas las plantas que hay en mi balcón. La idea que intento llevar a la realidad es que toda la basura orgánica debería regresar a la tierra, y toda la basura industrial debería regresar a la industria. Ahora ya no me cabe duda de que viviendo en un apartamento se puede ser responsable con el ambiente”, enfatiza. Según sus cálculos él produce alrededor de una libra de basura a la semana, cuando cualquier persona produce entre tres y cuatro libras diarias.
La mayoría de productos que se consumen en la casa son orgánicos, desde el pollo hasta la leche, pasando por el jabón y el champú. “Jamás tomaría una leche que viene de fuera porque sé que todo el proceso de producirla, envasarla y exportarla incluye un daño al ambiente, prefiero la leche producida aquí y con fecha de caducidad pues lleva menos tratamiento. Para mis víveres no voy a un supermercado normal, sino a donde puedo estar seguro de adquirir productos que no han sido inyectados de hormonas o tratados con fertilizantes, abonos o pesticidas químicos. Quizás esto hace que los víveres sean un poco más caros, pero si la mayoría de personas los pide, a la larga van a obligar a los comercios a incluirlos dentro de su ‘stock’”, dice Maúl.
El arquitecto tuvo que botar varias paredes de la oficina en la zona 4 que convirtió en su hogar/estudio eficiente para permitir la entrada de luz natural y promover una ventilación cruzada que le permitiera el ahorro del uso de aparatos de aire acondicionado o calefacción. Después lo amuebló sólo con muebles reciclados, es decir, que se hicieron de materiales que ya existían o que habían sido desechados por otras personas y que él arregló. “No puedo negar que vivir así me tomó un tiempo de aprendizaje y adaptación, pero en ningún momento puedo decir que fue una mala experiencia o demasiado difícil, es más, estoy convencido de que un niño que aprende desde pequeño a ser responsable con el ambiente no notaría la diferencia ni extrañaría nada de lo que el mundo tradicionalmente ofrece, mientras acaba con su entorno ecológico”, concluye. Dentro del apartamento hay una estación meteorológica que registra datos del cambio climático en el país. Allí tiene además una computadora en donde va registrando lo que consumen el estudio y la casa en sí, los kilómetros que recorre su vehículo y el gasto que eso involucra, entre otros datos, para calcular el dióxido de carbono del cual él ha sido responsable y compensarlo sembrando los árboles respectivos. Imagínese cuántos árboles tendríamos que sembrar los que no vivimos así…
Para asesoría comuníquese con el arquitecto a maul@maulprojects.com
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