Tengo que lamentar y condenar el reciente asesinato en Comalapa, del abogado maya Fausto Otzín Poyón, a quien conocí y traté por su participación en los movimientos sociales. Fausto fue uno de los fundadores de la Asociación Juvenil en Solidaridad y Apoyo (AJESA) en Comalapa, de donde era originario. Tenía 32 años y sólo su familia sabe los grandes esfuerzos que hizo para estudiar y poner sus conocimientos al servicio de los más necesitados. Su cuerpo apareció tirado en el barranco Paxot, de Comalapa, el 18 de octubre, un día después de haber desaparecido. Este y otros asesinados de dirigentes sociales deben ser investigados, pues si bien es cierto muchos son obra de la delincuencia, sabemos también que hay quienes aprovechan la ola de violencia para asesinar activistas de los diversos sectores sociales que exigen justicia.
Vaya mi homenaje a Fausto, con unos trozos de la oración fúnebre en el entierro de Robin García, que la iniciaron con el pensamiento de Félix Varela. En medio del silencio fúnebre, se escuchó la voz que decía: “Cuando la patria peligra, y la indolencia sensible de unos y la execrable perfidia de otros, hacen que el pueblo duerma y vaya aproximándose a pasos gigantescos a un precipicio, ¿es imprudencia levantar la voz y advertir el peligro? Esa es la prudencia de los débiles. Mi corazón la desconoce; quiero descender al sepulcro, sin que la memoria de mi vida me presente un sólo instante en que yo haya tenido ese silencio parricida”. “Por esa razón gritamos: ¿quién ha dicho que Robin García ha muerto? ¿Quién es ese ciego que no ve esa luz, que derrama calor y vitalidad al pensamiento obrero y campesino? Robin García sigue latiendo en los corazones palpitantes de los guatemaltecos conscientes y su semilla brota en mil pétalos de gloria en la juventud combativa del estudiante progresista”. “Los encargados de administrar la justicia en nuestro pueblo, se codean con los peores asesinos y criminales. El avorazamiento de estas hienas al servicio del capitalismo los vuelve buitres feroces, y su locura los lleva a asesinar la sangre joven estudiantil”. “La juventud tendrá presente tu lucha y buscará con valor honrar la sangre con la que hoy abonas el camino de este pueblo que sufre y aprende a querer a sus mártires, como quiere a su tierra, como quiere a su vida. El pueblo: los obreros, los campesinos, los estudiantes, los jóvenes, los niños, todos, absolutamente todos, tienen derecho a vivir en paz, con bienestar y con un trabajo digno”.
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