Tenemos que aceptar que nuestro modo de vivir en Guatemala, en América y en el mundo, está generando graves problemas cuya solución no puede esperar. Algunos de esos problemas son cada día más evidentes, por ejemplo, el deterioro del medio ambiente que hace que el futuro sea incierto.
Nuestro futuro está amenazado particularmente por el estado general de la educación en todos los niveles del sistema educativo. La educación escolar y la superior no han logrado aún un nivel suficiente para las exigencias del presente, menos para las del futuro.
Lo mismo podemos decir de la situación de la organización política y administrativa del Estado. Existen fundamentos para afirmar que no vivimos en Estado de Derecho y que nuestro sistema nacional tiene grandes deficiencias para el presente, mucho más para la complejidad que nos traerá el futuro.
Hemos llegado al punto que si no actuamos a tiempo, ya hoy, las futuras generaciones no tendrán tiempo para actuar. Hay procesos que se han ido de las manos como el crecimiento demográfico, la degradación del medio ambiente y las abismales desigualdades entre pobres y ricos, entre el norte y el sur. Y en el mismo seno de nuestra sociedad, el dominio gansteril y mafioso que sube y que nos lleva a pensar que mañana será demasiado tarde. Hoy todos somos responsables de lo que hemos hecho y de lo que hemos dejado de hacer y también del impacto que tendrá nuestro comportamiento presente en el futuro.
Hoy la ética debe ocuparse del presente y tiene que asumir el futuro. El momento es ahora, tenemos que definir la ética para el futuro. No se trata de definir la ética que tendremos que vivir, se trata de incorporar con seriedad las responsabilidades que estamos modelando para las próximas generaciones. La tarea es difícil porque no tenemos viva y activa, colectivamente hablando (al menos en Guatemala) una ética para nuestro presente. Es abrumadora la corrupción en la que estamos sumergidos y lo peor: nos estamos acostumbrando a ello, ¿o no?
La pregunta final es ¿qué valores estamos dejando a las futuras generaciones capaces de dar sentido y posibilidades de realización como seres humanos? Quiera Dios las cosas cambien a una velocidad que nos permita ver recuperados los valores de nuestra civilización occidental: vida, libertad, familia, respeto, honradez, justicia, responsabilidad y solidaridad. Amén.
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