Pensándolo bien, ¿no sería conveniente una reforma legal para que la junta directiva del Congreso se quedara un año más en el cargo?
Hace algunos meses, previo a su reelección como presidente, Roberto Alejos anunció que presentaría una iniciativa de reforma a la Ley Orgánica del Organismo Legislativo (LOOL), para que la Junta Directiva se elija por un período de dos años, y no anualmente, como ocurre ahora. Considero que tal propuesta merece ser analizada, pues, aunque podría tener inconvenientes, es posible que beneficie la labor y la imagen del Congreso y contribuya a una mayor estabilidad en las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo.
Una de sus desventajas es el riesgo de que se generen abusos de poder. En el pasado, algunos de quienes han dirigido el Congreso han influido en la contratación desmedida de personal, o han adoptado decisiones discrecionales, como jugar con los ahorros del Legislativo para ganar comisiones, o beneficiarse con tasas más altas de interés. Sin embargo, las reformas a la LOOL, aprobadas en 2008, podrían minimizar tal riesgo. Ahora el funcionamiento administrativo y financiero de este organismo es responsabilidad de un director general y varios específicos.
Entre las ventajas, evitaría el desgaste que, año con año, genera la elección de los integrantes de la Junta Directiva. Es evidente que la ciudadanía está cansada de oír acerca de las “negociaciones para la próxima directiva”, cuando faltan meses para el 14 de enero, fecha del relevo. Peor aún, cuando se escuchan señalamientos de intercambio de favores por votos, quejas y jaloneos. Mientras tanto, las leyes se quedan parqueadas, esperando los necesarios acuerdos entre y al interior de los diferentes bloques legislativos.
Aunque la reelección de Alejos para presidir el Congreso en 2010 permitirá dar continuidad a procesos ya iniciados, la forma en que se integró el resto de la directiva produjo inconformidades al interior de los partidos participantes, al frustrar las aspiraciones de quienes esperaban ocupar cargos en ella. Para el partido de gobierno, podría representar perder más diputados, lo cual debilitaría su capacidad de maniobra. Además, tal descontento podría ocasionar que leyes de interés para el Ejecutivo, como préstamos, o el presupuesto de la nación para el próximo año, no encuentren el apoyo suficiente, ni siquiera dentro de su propia bancada.
Por otra parte, negociar anualmente la forma como se integra la Junta Directiva, también conlleva problemas para los otros partidos representados en el Hemiciclo. Es un hecho que, en términos generales, se caracterizan por su fragilidad institucional y por la falta en muchos casos, de identidad y lealtad, incluso entre sus diputados, pues con facilidad cambian de bancada cuando lo estiman conveniente a sus intereses. En pocas ocasiones estos cambios obedecen a razones ideológicas o de incomodidad justificada.
Por eso, quizá sea mejor que la elección se efectúe cada dos años, para que al menos dé tiempo de recuperarse antes de comenzar una nueva batalla. Dado que el Congreso es el centro neurálgico de la democracia, la firme convicción de mejorar su desempeño y ganar el aprecio de la ciudadanía a la que representa, es un reto imprescindible.
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