Desde su creación en 1968, el Nobel de Economía no había contado con las circunstancias de 2009. Este año, dicho galardón tuvo dos características especiales, primero, una de las galardonadas fue mujer; y segundo, que la contribución de la premiada se relaciona con la gestión de los recursos naturales; lo que plantea un importante giro en las perspectivas de la Real Academia de Ciencias de Suecia y en consecuencia, en las esferas académicas de la economía.
Sin embargo, el hecho de la entrega del premio a una mujer opacó –en términos mediáticos– las importantes contribuciones de la premio nobel. En este contexto, uno de los aportes más sobresalientes de Elinor Ostrom es el haber argumentado decididamente en contra de la generalización de la “Tragedia de los Comunes”. Siendo esta última una especie de parábola –aparecida 1833 (William Foster Lloyd)– y popularizada por Garrett Hardin; parábola que se resume en: “lo que es de todos, nadie lo respeta”.
La tesis de Elinor Ostrom se basa en varios estudios sobre formas de gestión de recursos naturales de acceso común, como es el caso de las huertas de irrigación en España, sistemas de riego en Filipinas o la tenencia comunal en Suiza.
En ellos se reconoce siete principios aplicables a esos sistemas de gestión, a saber; a) límites claramente definidos; b) coherencia entre las reglas de apropiación y provisión; c) arreglos de elección colectiva; d) supervisión; e) sanciones graduadas; f) mecanismos para la resolución de conflictos, y; g) reconocimiento mínimo de derechos de organización.
Hiram Ángel Lara, refiriéndose a la obra de Ostrom, afirma: “Afortunadamente deja abierta la posibilidad para agregar ideas que resulten particularmente especiales para entender el fracaso o éxito en la explotación de recursos de uso común en cualquier parte del mundo”.
El hecho de que se reconozca a una mujer por primera vez con este premio es importante. De la misma manera, es importante que la academia esté tomando en cuenta nuevos desafíos de la economía. Pero no deja de tener valor, que formas de gestión colectiva, como las parcialidades en Totonicapán, los bosques comunales en el altiplano y en el oriente del país, y las concesiones forestales en Petén, aparezcan como una oportunidad para el desarrollo sostenible del país. cayocabrera@gmail.com.
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