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Guatemala, miércoles 04 de noviembre de 2009

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Opinión:

El triste idilio de la máscara y el espejo

El Maximón de Santiago Atitlán fascina, porque debajo de la máscara no hay rostro. No hay nada.

Mario Roberto Morales

Fuente menor Fuente normal Fuente grande

Si alguna moraleja se puede sacar del mito de Narciso, esta tiene que ver con la inconveniencia de identificarnos con la imagen que nos devuelve el espejo, pues esa identificación corre el riesgo de convertirse en una fascinación abismal de fatales consecuencias, cuando el sujeto, atrapado por la creencia de que es igual a su reflejo, se ve deglutido por este al extasiarse mirándose en él, y acaba fundido con su mejorada réplica para así convertir en nada su imagen y su persona. Es lo que le pasa a Lida Sal cuando se prenda de su gloriosamente mestizo traje de “perfectante” y cae al lago.


En la vida real, el peligro de identificarnos con la imagen que nos formamos de nosotros mismos quizá no tenga las consecuencias mortales del mito, pero en tanto que nuestra imagen no somos nosotros sino sólo nuestro reflejo invertido, bien vale la pena preguntarnos quiénes somos sin la máscara que los otros (nuestros espejos) nos colocan sobre el rostro para darnos un nombre y así diferenciarnos. Pretender que nuestra imagen y nosotros somos la misma e idéntica cosa y no darnos cuenta de que la identidad es una ficción, nos hace andar por la vida eternamente disfrazados de lo que no somos, creyendo a pie juntillas que somos el disfraz.


Por eso el Maximón de Santiago Atitlán fascina. Porque debajo de la máscara no hay rostro. No hay nada. Tampoco tiene cuerpo ni consistencia alguna debajo de las estacas y los trapos que lo conforman. Con ello pareciera decirnos: “Somos la máscara, eso es lo único que pobremente sabemos. Pues es de la máscara, de la imagen, del reflejo, que sacamos nuestro sentido de mismidad. Para conocer lo que hay más allá hace falta trascender el espejo, y para lograr esto hay que superar la identidad en lugar de engolosinarnos con ella. El precio a pagar por esta osadía de conciencia es alto, aunque si logramos reponernos de la caída podremos a la vez alcanzar una forma superior (por más consciente) de existencia. Ahí está Kukulkán para probarlo. A él, sus enemigos le regalaron un espejo para hacerlo sucumbir en la vanidad, y lo lograron. Antes del espejo él no sabía que tenía rostro, identidad. Al llegar a creer que él y su identidad eran lo mismo, cayó, como Narciso, víctima de su propio engaño. A pesar de esto, no tenemos más remedio que asumir la identidad, la máscara. Pero sólo como una oportunidad para ir más allá de nuestro rostro reflejado y así descubrir quiénes somos de verdad. Esto fue lo que hizo Kukulkán para redimirse al descubrir que lo que hay más allá de la imagen tiene poco que ver con ella, con la identidad”.


La identidad sólo puede forjarse ante el espejo que son los otros, y por eso la imagen resultante no nos corresponde. Es un reflejo en el cual creemos, un atributo adjunto que nos sirve para diferenciarnos, como la ropa. Nada de anómalo hay en ello. Fatal sería percibir el reflejo, la imagen, la identidad como algo esencial y dado por los dioses, y no construido por nosotros. Pues al identificarnos con la imagen nos pasa lo que a Narciso y a Lida Sal: el reflejo nos devora como la luz al insecto y nos impide saber quiénes somos de verdad, ya que al sólo creernos la imagen, deshistorizamos su construcción y renunciamos a explicarnos los procesos concretos que nos llevaron a percibirnos de esta o aquella manera.
La máscara de Maximón no oculta un rostro porque es Kukulkán redimido. Ya venció a sus demonios y no requiere de espejos para saber quién es ni para transfigurarse en su contrario cada vez que le da la gana.

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7 comentarios:

  1. italo morales: (2009-11-04 21:32:30 horas)
    Este artículo es de esos en el que cada palabra cuenta. Incita, pica, inquieta. Solamente leer "El Maximón de Santiago Atitlán facina, porque debajo de la máscara no hay rostro. No hay nada. Eso sería suficiente. Qué más? Otra oración impactante "creyendo que...somos el disfraz." Ufffffff. Maravilloso. Gracias M.R. Morales
  2. juan fratti: (2009-11-04 16:21:46 horas)
    El artículo debío haber salido el 28 de octubre, el mero día de Maximón o Nima Mam (El gran abuelo). Sus devotos le prendieron sus candelas, incienso, le ofrendaron un su puro (el tabaco es su moneda de pago), tanto en el interior de Guatemala, como los que se encuentran en numerosas ciudades de Europa, Mexico, Centroamérica, Estados Unidos, Canada, Australia...etc. Hicieron alguna obra de caridad, en su nombre, claro está, sin decirlo, HAZ BIEN Y NO MIRES A QUIEN.....y por cierto, no está vacío tiene su envoltorio de sibaque...su mujer.
  3. sergio licardie V: (2009-11-04 13:15:11 horas)
    muy bonito articulo, interesantes conceptos
  4. David Diaz : (2009-11-04 09:59:30 horas)
    Muy interesante la columna sobre un viejo tema filosofico: la cuestion de la identidad. Sin embargo, es posible saber quienes "somos de verdad" al margen de los otros? El autor hace una distincion entre "lo que uno es" (la persona? el caracter?) y "su identidad", pero, cual es la diferencia entre estos dos elementos que constituyen a uno? Aun si las identidades son ficciones, acaso dejan de ser reales? Acaso no tienen efectos en la vida real? Por ultimo, quien tiene la autoridad para decirnos, como "pueblo", que es nuestra verdadera identidad? Acaso es posible "ser uno mismo" en sociedad, libre totalmente de lenguaje, las normas culturales, convenciones, etc?
  5. Javier Román: (2009-11-04 09:48:39 horas)
    Una vez, visitando el Palacio de Bellas Artes en México, me topé entre los libros que allí tenían en venta con Lida Sal, antes nunca lo había escuchado ni mencionar entre los escritos de Miguel A. Asturias. Lo compré y me senté en la Alameda a leerlo, aún era temprano, no pude terminarlo porque se me fue acabando la luz del día y las súper ratas que hay en ese parque empezaron a salir a su rutina (me refiero a las ratas ratas y no a los otros, también abundantes). El cuento es pequeño pero no fácil de leer, al menos a mí me costó avanzar por tanto retroceder. La cosa, pues, es que cuando leía Lida Sal me traía a pensar sobre la imagen que queremos ver y no la que se refleja en el espejo. Porque hay quienes viendose reflejados al espejo no ven su imagen sino la que desean ver. Algo así como los mestizos guatemaltecos que insultan a los indios por ser indios sin verse reflejados en ellos; quizás por miedo. Sucede otro tanto con los nuevos patrones que los medios de comunicación impunen, al acosarnos con personajes que no reflejan nuestra imagen pero que buscan que los agarremos de modelo para que querramos ser vomo ellos aún sabiendo que somos diferentes. Sucedía que por esos años en México, las mujeres, con pocas excepciones se pintaban de rubio el cabello; no era casualidad porque Raúl Velasco con su programa siempre en Domingo, había comenzado a cambiar los modelos mexicanos creados por los artitas que habían logrado imponer un modelo más real acorde a los patrones nacionales. Bueno, a veces todos vemos a un ser diferente al verdadero que reflejamos en nuestro espejo por ello es buena esta reflexión.
  6. JOSUE AUGUSTO PEREZ FIGUEROA: (2009-11-04 08:46:58 horas)
    La maxima Socratica: CONOCETE A TI MISMO y la maxima crisitiana: CONOCEREIS LA VERDAD Y LA VERDAD OS HARA LIBRES. En la maxima Socratica se debe de incorporar el cogito ergo sum de Rene Descartes: Pienso, luego existo y en la maxima crisitiana, el saber que si no reconocemos nuestra tendencia individual natural es hacer el mal, nunca vamos a tomar un rumbo correcto, es decir, la reflexion sobre el bien y el mal que nos asedia a cada instante y sobre el cual debemos decidir, define en ultima instancia lo que somos. Las mascarada es el resultado de querer aparentar lo que no somos o no sabemos que somos. Cuando se toma conciencia de uno mismo y se sabe que mucho de nuestra condicion depende de nosotros mismos (principio liberal) entonces podemos emprender el camino del desarrollo y ello implica la lucha por cambiar las estructuras sociales de la oligarquia. NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCION
  7. Ramiro Asturias Zamora: (2009-11-04 04:21:36 horas)
    Identidad personal... algo inherente, o tan solo adquirible? Don MRM, si yo lo calificare de 'maremoto,' estaria acaso -como simple hombre, que no un dios- reconstruyendo su identidad personal? Porque Ud. opina que nosotros mismos construimos la identidad, que no los dioses... En otras palabras, por que algunos, sin necesidad de mascaras o artificios similares, nos identificamos con el 'nahual' del 'jaguar'... otros, mas bien con el del 'aguila'... y aun otros con el de la 'serpiente' (so pena de que los vean como: sapos y culebras...)? He alli la gran cuestion espiritual, que deviene antes que el ropaje carnal del cuerpo terrenal, y subsiste a las innumerables muertes fisicas de sus celulas, como a sus innumerables y cotidianas resurrecciones, y aun al colapso final del mismo. (No se nos olvide que los mayas llamaban a los profetas: 'Ah Bobat,' es decir: sacerdotes cuyas almas o 'Yulio' tras morir, se convertian en astros -o estrellas como las que en la pre-existencia nos regocijaramos ante el plan de salvacion propuesto por el Segnor, por sobre el del usurpador... Por eso el termino 'Yulio' resulta ser equivalente a: 'alma' y a 'estrella.') Asi sea.
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