Unacrisis es siempre una oportunidad. Esta frase, repetida varias veces en el último año, no puede tener un sentido más concreto que el que experimentan diversos sectores económicos en nuestro país. Pues si bien la crisis golpea a la mayor parte de los hogares guatemaltecos, no para todos representa una situación que debieran lamentar.
Por diversas razones que no viene al caso analizar, los precios de algunos productos de exportación han tenido este año un comportamiento bastante positivo. Si usted es dueño de plantaciones de caña, cardamomo, café, o bananos, sabrá perfectamente a qué me refiero. Este año, el año de la crisis, ha representado para todos esos inversionistas un buen año que difícilmente pueden lamentar.
El resultado es significativo, pues las exportaciones de azúcar se han incrementado hasta agosto de este año en cerca de US$55 millones (en relación a agosto de 2008). En el caso del cardamomo, el incremento es de US$100 millones; mientras que las exportaciones de bananos subieron casi US$130 millones. El café no registra un cambio tan positivo, pero con precios internacionales por encima de US$1.20 por libra, es difícil encontrar un cafetalero triste en este momento. Súmele a todo eso la devaluación del quetzal y la dicha se puede incrementar hasta un 15 por ciento.
Igualmente este año ha sido bueno para los bancos, pues si bien el crédito no ha tenido mucho movimiento, las ganancias por la devaluación del quetzal, las tasas de interés altas (12 puntos por encima de la inflación, en el caso de los créditos más baratos), y los bonos del Gobierno a una tasa inmejorable de más de 7 puntos reales, no han dejado mucho espacio para llantos y quejas (aun si la morosidad crediticia anda por encima del 3 por ciento).
Así que el año de la crisis, el año del hambre en el arco seco y en el altiplano, es para algunos privilegiados guatemaltecos un año para estirar las piernas y relajarse sin tanta pena. ¿Cuánto de estas ganancias extraordinarias deberían de compartir con la sociedad nuestros opulentos conciudadanos? El evangelio indica que todo, pues eso fue lo que le pidió Jesús a un hombre bueno y rico que se acercó al Maestro para pedir consejo sobre cómo acceder al Reino de los Cielos.
Pero claro, Jesús, como todos sabemos, era un radical exagerado que nunca llevó un curso como Dios manda en la Universidad Francisco Marroquín. Así que mejor atengámonos al juicio más moderno de la Madre Teresa. “¿Cuánto debe uno de dar, Madre?”, le pregunto el hombre rico. Y ella contestó tranquilamente: “Hasta que duela, hijo, hasta que duela”.
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