El problema de Honduras resultó crítico y complejo para la comunidad internacional en la medida que las decisiones apresuradas de la OEA, amén de la impotencia de su secretario general, llevaron el caso a un estado de crisis profunda. Y de repente, tras cuatro meses de amenazas y chantaje político, Estados Unidos apareció como la caballería en las películas de vaqueros, y se metieron entre los dos patojos pleitistas para detener el enfrentamiento. Resolvieron el asunto de un plumazo, porque el mandatario depuesto y el golpista están dejando en manos del Congreso la decisión final de quién velará por las próximas elecciones y la entrega del mando al nuevo presidente electo. Unos llaman el acuerdo Pacto de Tegucigalpa-San José, para salvaguardar la imagen de la OEA incompetente y del presidente tico, goleado por los hondureños en política como en el fútbol, y se llama Diálogo de Guaymuras para los hondureños a quienes molesta la intromisión extranjera. El acuerdo dejó en manos de la representación política nacional la decisión de si se podría o no reponer en el cargo a Mel Zelaya. Lo importante es que la comunidad internacional aceptará por válida cualquier decisión resultante, lo que dará lugar a un Gobierno de Unidad Nacional que asegurará que las elecciones próximas sean prístinas, para que Elvin Santos (liberal) o Porfirio Lobo Sosa (nacionalista), pueda ocupar la Presidencia sin restricciones, aceptado y confirmado por la metiche comunidad internacional. El asunto queda así solucionado, pero en Honduras la gente en las calles se pregunta, y entonces, ¿cómo quedamos?
Los chismes y diretes populares indican que el Congreso ya está concertado. Se comenta que Thomas Shannon llegó a Honduras con la espada desenvainada, que le removió a los políticos el techo de vidrio, que amenazó a Zelaya con poner a uno de sus hijos en las manos de la DEA, y sacó a luz un montón de cosas sucias a todos los implicados, y los hizo firmar sin más. Hay quienes piensan que Zelaya regresará al poder por unos cuantos días, aunque ya imposibilitado a los caprichos, como un monigote, para dar gusto a los países cuya imagen quedó expuesta por la injerencia fallida. Y otros afirman que jamás, que el Congreso está de parte del actual gobierno, que fueron ellos mismos quienes destituyeron una vez a Zelaya y van a confirmar su decisión. Lo que sea deberá suceder muy rápidamente, porque la OEA planea una reunión el 16 de noviembre en Tegucigalpa para levantar los embargos. Y lo más triste es escuchar al presidente destituido reclamándole a Hillary Clinton su apoyo, porque cree que Estados Unidos lo está dejando abandonado dentro de la embajada amiga que le brindó asilo político, mientras Lula da Silva celebra el final del conflicto y está a punto de recibir a Thomas Shannon como embajador del imperio. ¿Cuál será el capítulo siguiente de esta telenovela?
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