El actual gobierno pretende que el Congreso apruebe un nuevo paquete de impuestos (aumento del ISO y del ISR) con el propósito de garantizarse una mayor recaudación tributaria.
El actual gobierno pretende que el Congreso apruebe un nuevo paquete de impuestos (aumento del ISO y del ISR) con el propósito de garantizarse una mayor recaudación tributaria. Esta iniciativa gubernamental se produce a pesar de que el presidente Álvaro Colom, en su campaña electoral, prometió que no aumentaría los impuestos, así como de la gravísima crisis económica que está viviendo nuestro país, que se está traduciendo en retraimiento del consumo y de la desinversión, así como en quiebras y desempleo.
Un gobierno responsable, ante esta precaria y explosiva coyuntura, debería ajustarse el cinturón, tal como lo están haciendo todos los guatemaltecos, y reducir el gasto público a niveles realistas, así como buscar la eficiencia y racionalidad en el uso de los recursos.
El actual régimen no se diferencia mucho de los gobiernos anteriores. Su afán ha sido el mismo: gastar y gastar sin calidad, transparencia, control ni rendición de cuentas. Como siempre, el clientelismo ha imperado y la burocracia sigue aumentando ilimitada e irracionalmente. Asimismo la discrecionalidad, el despilfarro, la opacidad y la corrupción siguen siendo nuestro pan diario. Pero peor aún, el grueso de los impuestos se está gastando en burocracia, clientelismo y asistencialismo, porque el Gobierno simplemente no tiene capacidad de inversión pública y social.
Eso sí, los que viven de la cosa tributaria acá y en el extranjero, siempre están elucubrando en torno a cómo sacarle más raja al patrimonio y a los ingresos de los contribuyentes, que día a día se ganan la vida trabajando, creando y emprendiendo, aún en condiciones extremadamente precarias y difíciles como las actuales.
Ningún dinero es suficiente para los gastadores estatales. Tanto es así que, además de los nuevos impuestos, están contratando préstamos multimillonarios, los que en menos de tres años podrían duplicar la deuda externa. No obstante, el gasto público no se está traduciendo en mejores servicios públicos (justicia, seguridad, salud y educación). Por el contrario, los servicios públicos dejan mucho que desear, por no decir que son desastrosos.
En fin, vamos contra corriente. Mientras en EE.UU. y Europa se reducen o devuelven los impuestos para estimular la economía en estos tiempos de vacas flacas, en Guatemala se aumentan. En todo caso, los políticos deben saber que las cosas no van para mejor y que, a estas alturas, es irresponsable e imprudente decretar más impuestos o tratar de sacar agua de las piedras. ¡El paquete tributario debe ser rechazado!
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