En el mes de julio de 1963, el legendario circo Dúmbar dio su última función en Guatemala.
En el mes de julio de 1963, el legendario circo Dúmbar dio su última función en Guatemala. La desgracia llegó al circo cuando estacionó sus carros, carpas y carromatos en los terrenos baldíos de La Pólvora en Antigua Guatemala y sus funciones nunca llegaron a despertar el interés de los antigüeños, quienes se rehusaron a asistir a un circo desteñido y remendado, y a cuyos animales se les podía contar las costillas por lo flacos.
El circo venía arrastrando sinsabores por toda Centroamérica debido a la falta de interés del público, cada vez más difícil de impresionar y divertir, debido al desaliño y pobreza de sus actores y a la apatía de sus animales, quienes se rehusaban a realizar sus rutinas en público a pesar del látigo fustigante de sus domadores.
En las escasas funciones que se llevaron a cabo en la ciudad colonial, con lunetas y galerías prácticamente vacías, se hizo frecuente la rechifla, principalmente cuando era el turno de los payasos ya que el despiadado público infantil, arremetía, sin empacho ni pena, una sartas de improperios y burlas, obligándolos a abandonar la arena, cabizbajos y tristes, entre abucheos y rechiflas y frases hirientes como “ustedes en lugar de risa daban lástima, payasos espantosos”.
En Guatemala, el circo se declaró en quiebra. Una madrugada, el dueño colombiano huyó de La Antigua. Empacó sus pocas pertenencias en una valija de cuero y tomó el escaso dinero que encontró en la gaveta de los poporopos, dejando deudas, empleados furiosos, domadores inciertos y un grupo de viejos animales muertos de hambre.
Los bienes del circo fueron inmediatamente embargados por el gobernador de Antigua y muchos de los actores y domadores tomaron camino como Dios los ayudó. Los que sufrieron la peor parte fueron los animales: dos leones tristes, un tigre desteñido, dos jaguares, uno de ellos sin colmillos frontales, un oso siberiano que se estaba quedando calvo, un canguro muerto de frío, dos pumas, un elefante, un hipopótamo con jiote, una hiena y una tortuga gigante era el saldo trágico del Dúmbar.
La noticia de los animales abandonados en La Pólvora corrió de boca en boca en La Antigua. Como si fuera las romerías para visitar al Señor de San Felipe los días de Cuaresma, los panzas verdes llegaban a ver a las fieras. “Pobrecitos”, decían, “pero qué barbaridad”, “qué falta de corazón”, al tiempo que le llevaban hojas de lechuga a la tortura, bananos al elefante y desperdicio de hueso a las fieras, sin saber realmente qué llevarle al pobre canguro que para entonces ya estaba tullido por la lluvia y el frío.
Para sobrevivir, el domador del elefante ofreció funciones con su enorme paquidermo en medio de los lodazales y los aguaceros, espectáculo que logró la atención de los niños, a pesar del entusiasmos desatado entre los antigüeños por la reciente llegada de la televisión a Antigua.
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