Lo que le ha sucedido al lago no debiera sorprender a nadie, pero lo ha hecho.
El día después de mañana ya comenzó. Al menos eso parece ser probable para el lago de Atitlán. “El lago ya no va a ser el mismo”, dice Iván Azurdia, de Ati’t Ala’. Se trata de una verdad difícil de aceptar, incómoda.
Una de las razones del éxito del documental de Al Gore de 2006 fue demostrar que el planeta ya había traspasado, con el calentamiento global, el punto de no-retorno donde la preocupación y las simples palabras ya no servían de mucho.Pero, es que ¿alguien quiere resignarse a aceptar lo que le sucede a Atitlán? ¿A dejar morir este lago?
Aproximadamente 972 toneladas métricas de nitrógeno y 381 de fósforo contenidas en 101 mil 499.8 toneladas métricas de suelo agrícola erosionado entraron al lago entre 2002 y 2003, según un estudio de Red Iarna. Basuras, aguas servidas, restos de fertilizantes que al descomponerse dieron de comer a la bacteria invisible. A finales de octubre organizaciones de sociedad civil pusieron manos a la obra “llamando a todos nuestros contactos”, dice Mónica Berger, de Ati’t Ala’. Formaron una masa crítica que ha movido las estructuras de las instituciones y de ahí surge el plan de emergencia consensuado con el vicepresidente Espada y el ministro Luis Ferraté con 32 acciones urgentes divididas en 5 ejes estratégicos y un sinnúmero de acciones para el corto, mediano y largo plazo y un presupuesto aún incierto.
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