La educación debe ser universal y plural, y no elitista y excluyente
En 1984, fui invitado, por primera vez, a impartir una cátedra universitaria. Recuerdo que, al mismo tiempo que me sentí muy honrado por la distinción, también me embargó el compromiso y el desafío que aquello entrañaba. Y no era para menos, porque si fracasaba no sólo defraudaría a quienes me habían confiado la responsabilidad docente, sino que también a los estudiantes con quienes compartiría la experiencia del proceso enseñanza-aprendizaje. Veinticinco años ha transcurrido desde aquella feliz iniciación como docente universitario y uno tras otro he venido renovando mi compromiso con la educación, la que, inequívocamente, es la base del conocimiento, que, a su vez, es donde reside la esencia de la información, de la tecnología, de la comunicación y de la prosperidad. Carlos Fuentes dice: El capital productivo no crecerá sin el capital social y este no aumentará sin el capital educativo.
El mayor reto para un profesor es mantenerse actualizado no sólo en cuestión de conocimientos, sino también en las nuevas técnicas educativas, a fin de que el proceso enseñanza-aprendizaje siempre se renueve y los alumnos tengan acceso a información abundante y novedosa, así como a experiencias recientes. De suerte que el entrenamiento permanente del educador es fundamental. El maestro es un agente de cambio, porque la educación es la raíz del cambio.
Por tanto, una sociedad que apuesta al futuro y que no desea rezagarse de él debe invertir en educación y garantizar a la población calidad educativa y el acceso seguro a ella, desde la básica hasta la superior. La educación vitalicia también debe ser efectiva, porque es una tragedia que los profesionales y técnicos no se actualicen en un ambiente tecnológico cambiante.
Por supuesto, la educación debe ser universal y plural, y no elitista y excluyente. Todos deben tener acceso a los frutos de la educación y no solamente unos pocos. La sociedad exitosa es aquella que invierte principalmente en educación. Sus líderes no escatiman esfuerzos en capacitar y garantizar el acceso a nuevas fuentes de conocimiento. En todo caso, no son los recursos naturales los que hacen rica a una nación, sino su gente capaz de imaginar, crear, hacer, criticar y competir. Dice Elba Ester Gordillo que: La educación hoy, marcará no sólo la división entre el día y la noche de nuestra historia, sino que será la piedra de toque para insertarnos en el progreso de nuestra época, o sufrir la trágica ignominia de abandonar el barco de la historia.
Mucho he reflexionado sobre mi participación en la vida nacional y estoy convencido que lo mejor que he hecho es compartir mi conocimiento y experiencia a través de la cátedra. Nada me ha dado tanta satisfacción y tranquilidad conmigo mismo. No obstante, 25 años en esta brega de eternidades, como afirmaba Gómez Morín, es un aporte muy modesto. Empero, créanme que es un regalo de Dios ir a clase inspirado en el pensamiento de Plutarco que reza: Los cerebros no son vasos que hay que llenar, sino lámparas que hay que encender.
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