Esta nueva obra de teatro se centra en las luchas de poder, el cinismo y la crueldad humana.
Son sólo dos chicas en la escena, Sofía y Rebeca, pero se sobran y se bastan para representar a dos niñas que juegan a ser adultas en un mundo caracterizado por la opresión y el poder de las distintas clases sociales. Con fuerza en el escenario y muchas ganas de lanzar un mensaje al espectador sobre el abuso de poder y la crueldad humana, la asociación de artistas Tras-Bastidores, integrada principalmente por mujeres, presenta durante unos días, su nueva obra teatral El Juego.
“Buscamos armar obras que busquen algo, es el caso de El Juego, en el que ofrecemos una visión cruel de los roles y manejos lúdicos del poder, vistos desde lo individual y que inciden en el desarrollo colectivo de lo social, de las relaciones humanas”, señaló la directora de la obra y de la compañía, Jany Campos.
Esta joven directora, con amplia experiencia en gestión cultural, explicó que durante la función se hará partícipe al público de forma chistosa: “El reto es imitar las realidades que padecemos, siempre a través del humor cínico propio de la escritora de la obra, la venezolana Mariela Romero”.
Campos habló de los problemas del teatro para desarrollarse y profesionalizarse. “El artista debería poder vivir del arte, no recibir dinero como donativo. Vivimos en un sistema capitalista y al final, el arte es parte del sistema”, dijo y agregó que hay que enseñar al público que pagar una entrada es invertir en otro producto artístico.
“Los artistas somos profesionales a pesar de que mucha gente no lo entienda así”, se trata, según la directora, de un problema de base, de estructura en el arte escénico en Guatemala y en Centroamérica. “Introducirse en las agendas políticas y empresariales está bien porque el arte también crea crecimiento, humaniza”.
No es ésta la única obra teatral que trata de impactar en el espectador y hacerle reaccionar sobre las injusticias y abusos de poder que vivimos cada día en el país. El Convite es otra de las representaciones que, con éxito durante las tres semanas que ha estado en el Teatro Bellas Artes, busca conmover al espectador y hacer que la sociedad cuestione la realidad en la que vivimos.
“No decimos nada que no sepa la gente, pero sí lo evidenciamos en comportamientos comunes como la doble moral, la hipocresía y la mezquindad que hay en este circo político-económico en Guatemala”, dijo Marco Canale, director de la obra, cuya última función tendrá lugar el próximo viernes.
Por su parte, el actor Josué Sotomayor declaró que para él, El Convite es una muestra de “teatro molesto”: “Ojalá la gente salga harta de lo que ha visto en la escena”.
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