Cuando Adela entró en labores de parto, su esposo la trasladó al centro de salud más cercano. Después de ocho horas de dolor, sangre y miedo, decidieron referirla al hospital de La Tinta porque ahí ya no podían hacer nada por ella. En La Tinta esperaron más de 4 horas, hasta que viajaron rumbo a Cobán porque el doctor andaba de vacaciones (Cobán queda a 110 kilómetros de La Tinta). Emprendieron ruta a las tres de la madrugada y una hora y media más tarde, justo en las orillas nubosas de Tucurú, Adela murió. De seguro que la niebla espesa fue acarreando con su último aire (dicen que la niebla está hecha de fantasmas tristes). Con esta historia inicia el valioso informe del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, Icefi, titulado: “¿Derechos o Privilegios? Derecho a la salud, educación y alimentación en Guatemala, un momento decisivo”.
De cada 20 niños que nacen, 1 no alcanza la edad de 5 años debido a enfermedades infecciosas y diarréicas; la mujer guatemalteca corre un riesgo 20 veces mayor que la costarricense de morir por complicaciones de parto o embarazo; únicamente el 39 por ciento de alumnos termina la primaria a tiempo; sólo el 20 por ciento de jóvenes se matriculan en diversificados; la esperanza de vida no alcanza los 70 años; más de la mitad de la población vive bajo la línea de pobreza, entre muchas penurias más.
Nuevamente son los pueblos indígenas quienes sufren con énfasis la histórica y recurrente falta de voluntad política por cambiar estas trágicas condiciones de raíz. La calidad de contrastes que padecemos es perseverante: somos el quinto país exportador de café del mundo, pero el quinto país con desnutrición crónica en niños menores de 5 años. Más avionetas per cápita, pero sólo el 14 por ciento de las escuelas públicas cuenta con las facilidades básicas necesarias. ¡Ah primavera desquebrajada!
¿Qué hacer con estos números reiteradamente desconsolados? Quizás iniciar poniéndoles cara, boca, pies, empeines, pulmones y la capacidad de llorar. ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar? El informe propone que la calidad y equidad en la asignación del gasto social son tan importantes como la cantidad para avanzar hacia la plena realización de los derechos humanos. Implementar un proyecto fiscal audaz, capaz de vincular las frases: “más cantidad” con “mejor calidad” de inversión social. Porque esos números a veces sonríen, pero muy poco. ¡Ya no quieren ser parte de la niebla!
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