Con estos arranques que provoca la otoñal estación octubrina, la Presidencia de la República sentenció: vamos hacia una modificación impositiva, que elevará los impuestos directos, especialmente la renta y otras medidas para ampliar la base tributaria, evitar evasión y elusión. De inmediato surgen voces de rechazo. No somos parte de ellas, somos escépticos, no confiamos en la entereza y la realidad de la afirmación. Nos basamos, para ello, en la falta de certeza de las precedentes afirmaciones presidenciales –sobre el tema–, y lo espurio de la última propuesta fiscal presentada –por el Ejecutivo– al Congreso de la República; luego de la “taza de café” compartida en Casa Presidencial, entre el mandatario y el “sector privado organizado”.
Al caso, entonces, vemos 2 escenarios probables: 1) nueva infusión de café, y el asunto no pasará a más, lo cual confirmaría la hipótesis de que el discurso estuvo dirigido a presionar por la aprobación del préstamo de US$350 millones, que se complicaba por esos días en el Legislativo y, 2) que la crisis haga sacar fuerzas de flaqueza a la administración Colom y que con el apoyo de fuerzas sociales, se impulse la modificación tributaria, y que el Congreso no tenga más alternativa que aprobarla.
Los argumentos: el primer escenario está basado en que en medio de esfuerzos electorales, el financiamiento privado a los partidos políticos es ingente, y estos para obtenerlo, no dudan en comprometer decisiones políticas de futuro –y justamente no modificar tarifas impositivas, ha sido una petición tradicional–; esto hace pensar que por más presión social que se ejerza, los diputados estarán más embelesados en garantizar su reelección, consecuentemente, no contrariar a potenciales donantes. Algunos de los cuales resultan ser los “grandes contribuyentes”, a quienes, según Álvaro Colom, va dedicado el dardo.
El segundo escenario tiene por base que la alianza social de apoyo llegue a ser contundente, con capacidad de movilización tal, que obligue a los diputados a repensar sus posibilidades electorales, desde la perspectiva del voto masivo que emerge de sectores sociales y populares. Sin embargo, para que este escenario tenga éxito, es imprescindible conocer y comprometer al Ejecutivo, por el destino de los fondos. No se trata de engordar la burocracia, programas clientelares o, en el peor de los casos, favorecer la corrupción. Los fondos deben estar asegurados, para dinamizar la economía campesina y popular, con programas transformadores de acceso a crédito y medios de producción.
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