Si tan sólo, hace 20 años, las autoridades ediles de turno hubieran tomado decisiones para obligar a los miles de propietarios de fábricas, rastros y agroindustrias a construir sus plantas de tratamiento de aguas servidas y deshechos sólidos, en la proporción que, a cada cual, le hubiera correspondido, no estuviéramos ahora ante la irreversible situación en donde se muere la vida y se vuelven fétidas las aguas de nuestros lagos y ríos principales. Pero está más que demostrado que aquí, la mayoría de gobernantes no toman las decisiones políticas que les corresponden y actúan, precisamente, para solapar o proteger cualquier acción que pueda dañar o lesionar los intereses económicos de aquellos que generosamente les financian sus campañas. El pueblo y sus sueños de equidad, ¡que se jodan¡ De lo contrario, ya los alcaldes de la ciudad de Guatemala, Villa Nueva, Villa Canales y Amatitlán se lo hubieran exigido a todos los que desaguan sus desechos, responsables de la muerte del lago de Amatitlán. Que la llamada “Autoridad del Lago” siga haciendo sus campañitas de limpiar la hidrilla no servirá de nada, si los problemas medioambientales no se tratan desde sus propios orígenes.
La mayoría de problemas de contaminación que más dañan nuestros recursos y nuestra salud ha sido y será responsabilidad de los alcaldes municipales combatirlos, eliminarlos o dejarlos a la deriva como lo han hecho desde que, en más de 40 años, la población ha crecido precipitadamente, sin que las diferentes autoridades hayan asumido el trabajo que les ordena el Código Municipal en el sentido de procurar la conservación del medio ambiente. Su pasividad ante tan significativas amenazas es la que ha propiciado el descalabro. ¿Para qué han servido los juzgados de Asuntos Municipales y su represivo personal, en estos casos?
Es una pena que no exista un medio legal ante el que debieran responder como autoridades electas por las comunidades para que velen por su desarrollo y bienestar. Hay casos en que alcaldes, en 4 reelecciones, es decir más de 15 años de ejercer su cargo, no han hecho nada, absolutamente nada, en la preservación del medio ambiente. Lo que aflora, en su categoría de tragedia, es el abandono y el cinismo con que no han afrontado sus deberes. Por ejemplo, de los 333 municipios, sólo 9 intentan tratar la basura, mientras que al resto lo tiene muy sin cuidado que los vertederos clandestinos proliferen por donde mejor se les antoje. Situación que ha permitido que el 95 por ciento de las fuentes superficiales de agua esté contaminado. No se digan los más caudalosos ríos y los lagos.
Los alcaldes, incluyendo a los diferentes que han pasado como autoridades de la ciudad de Guatemala, se han cruzado de hombros antes de pensar en solucionar el problema de los vertederos de basura y condenan a los cientos de vecinos de todos los barrios aledaños a los botaderos a respirar las miasmas y gases que de ellos emanan. La solución de los botaderos de basura es impostergable. Que su poder sea independiente no lo debieran interpretar como medio de actuar sin conciencia e irresponsablemente ante los problemas que más nos dañan y nos atrasan.
Sin la voluntad política de los alcaldes para dedicarse a enfrentar los problemas del medio ambiente, no podrán llegar muy lejos todas las agrupaciones sociales y el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales que ahora se asocian para hablar de todos esos problemas. Les deseo una respuesta de acciones. De papeles y propuestas ya estamos saturados.
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