Guatemala es un país cada vez más ruidoso, explosivo en los centros comerciales y supermercados con sus bocinas impertinentes que pasan escupiendo música rítmica del tipo tropical a todo volumen, para atraer o distraer a los compradores. Hay quienes creen que el ruido divierte, o será porque atonta, pero a la parafernalia del comercio se suma el tráfico, los motores necios, las bocinas insistentes, y ya nos va quedando poco del aire claro chapín, de la calma característica de un país de volcanes y montañas, salvo el refugio de Radio Faro Cultural, nuestra emisora de música clásica en FM 104.5 que está protegida como Patrimonio Cultural de la Nación, y trasmite en horario reducido desde un oscuro y minúsculo recinto en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. ¿Por qué no invertir otro poco más para hacer de dicha emisora un gigante? La música clásica nos enriquece el espíritu, nos torna tolerantes y respetuosos, y no hay mejor festín que ir en un auto, atrapados en medio del tráfico a la hora pico, atascados cuando sobrevienen los chubascos de agua, pero disfrutando de un concierto de cámara, de las composiciones de los grandes maestros de la música universal.
Lástima que ahora incluyan de vez en cuando programas aburridos e intrusos, que compiten con nuestro deseo de escuchar música, obligándonos a cambiar de emisora. O es una lástima demostrar el atraso chapín al anunciar el “disco compacto del día”, como si no vinieran ya todos los discos en tal formato, aunque entiendo que la emisora aún utiliza sus viejos LP de 33 revoluciones por minuto, porque en ocasiones la música nos llega con ese viejo raspado de la aguja sobre el surco, como lluvia, lo que asumo se debe no a mala recepción sino al empleo de tecnología vieja, lo que también tiene su gracia. Después de todo, lo que importa es la melodía, y el descanso que nos proporciona al liberarnos la mente y hacernos sentir bien.
Pronto tendremos un amplio servicio de transporte urbano moderno y novedoso, con sistema de prepago y toda la tecnología propia para brindar al guatemalteco un servicio digno, y creo que para el caso sería oportuno imponer la música clásica para distraer a los pasajeros, obligando a las emisoras a sintonizar Radio Faro Cultural. Después de todo existe un subsidio vigente, y ello permitiría instruir a la población, aunque sea a la fuerza, porque de tanto escuchar la mejor música del mundo afinaríamos el oído y desarrollaríamos masivamente el intelecto, y seríamos menos violentos y menos brutos. En casa y en la vida social que cada quien escuche lo que mejor se le antoje, pero en oficinas públicas y servicios de transporte, deberíamos sintonizar la radio cultural, para validar su importancia e influir en la población. En las acciones públicas no debería privar el mercado ni sus secuelas de imitación comercial, sino un sistema coordinado inteligentemente para motivar el progreso educativo de la población.
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