La pregunta filosófica existencial que se hizo Shakespeare de “ser o no ser”, es la que debemos formularnos en la vida, porque representa el gran desafío para alcanzar lo que nos hemos propuesto. Cuando se tiene una visión la debemos fortalecer con la decisión y la voluntad de hacerla realidad en el momento y la determinación de no desviarnos en el curso de nuestra existencia, como sucede en muchas ocasiones y con múltiples propuestas personales. Sucede con los jóvenes y con los adultos. Aquellos que fueron sueños a futuro, son hoy la decepción y frustración con la que recuerdan aquel momento.
Muchos iniciaron sus estudios universitarios con gran entusiasmo e ilusión de llegar a ser, al final de la carrera, unos profesionales exitosos con un futuro abierto para su familia. Sin embargo, la visión del momento no fue fortalecida en el curso de su existencia y se fue debilitando por diversas circunstancias que los condujeron a abandonar lo que, en principio, era el gran sueño. Otros no han seguido el consejo sabio de no gastar más de lo que se gana, de llevar un control de sus ingresos y reservar un porcentaje para el ahorro. Años después quedarán solamente los lamentos de lo que no pudieron ser ni hacer. Recuerde hacer de su fracaso o dolor un momento, no un monumento.
Todo depende de nosotros. Porque si determinamos enfrentar los momentos críticos de la vida, los procesos caóticos en la economía nacional y particular con mesura en los gastos, sin endeudarnos, podremos enfrentar nuestros propios proyectos de tranquilidad y seguridad familiar. Debemos tener claro lo que debemos ser, lo que queremos hacer, cada quien tiene su propia filosofía y modo de enfrentar sus propios ciclos en la vida, pero muchas veces por no tener el concepto definido de lo que queremos hacer, se quedan nuestros proyectos sin terminar, empezados y abandonados. Quizás este planteamiento pareciera que fuera dirigido más a los jóvenes que a los adultos, pero en ambos niveles de la vida se necesita un replanteamiento, y sobre todo, para alejarnos de las deudas. Siempre he compartido este mensaje de comprar por necesidad y no por vanidad, porque ese es el origen de los problemas económicos que enfrentamos.
Muchas cosas que nos suceden en el camino del diario vivir y muchas cosas que también se producen como nación, es por no tener claro el diseño de la visión, para que como en una competencia de atletismo, la carrera se completa hasta cuando se llega a la meta. En ese recorrido se presentan obstáculos y distractores, pero debemos ser como el competidor que sigue firme y enfocado hacia adelante.
Esos distractores que pueden afectar nuestra visión de lo que queremos ser y hacer, se presentan como cosas buenas que nos alejan del objetivo, las que más tarde serán elementos que permitan nuestra frustración. Por eso es importante tener bien clara nuestra visión y nuestra misión en la familia, en la vida, en la Iglesia. Nosotros somos agentes morales libres que tenemos voluntad propia y esa voluntad es la que determina si hacemos lo que el Señor dice o hacemos lo que otras personas indican. El hombre es tan grande o tan pobre como los que le rodean. Por eso hay que rodearnos de sabios hasta donde podamos, a veces nuestro gran error es rodearnos de gente débil y limitada de su mente, insegura, ineficiente. De nosotros depende lo que escogemos. Sigamos el ejemplo de Jesús, quien escogió a los que iban a estar con Él. Aceptemos los grandes desafíos, todavía tenemos la oportunidad de hacer cosas más grandes con una visión vigorosa y con una meta definida para terminar lo que hemos empezado y ser lo que debemos ser y hacer lo que debemos hacer. Al final lo invito a que participe en el seminario de Liderazgo R.E.A.L. que desarrollará John Maxwell, el 18 de noviembre
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