Guatemala es una de las ciudades más contaminadas visualmente. Hay puntos de la ciudad donde ya no hay paisaje sino vallas publicitarias. Lo mismo aplica en las principales carreteras del país. No sé si a usted, pero a mí me desagrada muchísimo cómo cada vez más espacios son utilizados por las empresas para promocionar sus productos o servicios. Por ejemplo, no hace mucho, podía ir al baño en restaurantes sin que me bombardearan con publicidad enfrente a los mingitorios. Eso se acabó. Ni que decir de subir a un elevador y poder estar en silencio. Ahora nos saturan ese espacio con ruidosos y repetitivos anuncios. Fachadas completas de edificios cubiertas de vallas publicitarias. Televisiones gigantes. Carros, buses y taxis que se vuelven anuncios rodantes.
Pero si lo anterior no es el colmo, ¿qué me dice de las frondosas chicas que con licras sugestivas anuncian toda clase de bebidas, especialmente alcohólicas, en plenas contiendas deportivas? Me pregunto qué porcentaje de los espectadores de la última Vuelta Ciclística de Guatemala se motivaron más en presenciar esa lid deportiva por las famosas edecanes que por los sufridos ciclistas. O cuántos de estos se esforzaron al máximo para salir en la foto, rodeados de besos posados al subir al podio (conste que no es envidia).
Es realmente burdo el bombardeo publicitario que ahora se ve agravado por el proselitismo político que nos satura en franca contravención a las reglas electorales que el TSE no es capaz de hacer valer con firmeza. Si esta epidemia publicitaria no es controlable, al menos que hubiera algún intento de mejorar la calidad de los anuncios. No hace mucho, ir al cine traía como beneficio adicional, ver los cortos o avances de los próximos estrenos. Ahora, uno que otro se salva entre tanto anuncio, la mayoría de pésima resolución para el formato de cine. Más que crisis económica, la nuestra es axiológica. ¿Por qué no el gremio de vallas y demás artilugios publicitarios dedican parte de ese espacio a campañas de fomento de valores cívicos? ¿Por qué no los empresarios que utilizan estos medios demuestran responsabilidad y fomentan sus productos como se hacía antes? Es decir, sin contaminar visualmente al país. ¿Por qué no las autoridades respectivas toman cartas en el anuncio, perdón, en el asunto… y reducen los espacios publicitarios? Imagínese Guatemala sin tanto anuncio. Sería más bonita, ¿no? ¡Consumismo desventurado!
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