Durante su reciente visita con motivo del 30 aniversario de Asies, el doctor Josef Thesing, miembro de la Fundación Konrad Adenauer por muchos años y gran amigo de nuestro país, compartió algunas reflexiones sobre la situación de la democracia en América Latina. Finalizó su ponencia deseando que los guatemaltecos lográsemos vivir en el paraíso. Según señaló, Guatemala tiene todas las condiciones para ser un sitio próspero. No sólo es un lugar privilegiado, de una extraordinaria riqueza natural y cultural, sino que muchos de sus habitantes son personas maravillosas y bien intencionadas. A su juicio, esta combinación debería permitirnos vivir armoniosamente. Sin embargo, debemos reconocer que nuestra democracia es endeble y que no logramos impulsar el anhelado desarrollo sostenible. Nos cuesta ponernos de acuerdo, incluso en aquellos aspectos que todos consideramos trascendentales. Por ejemplo, decimos apostarle a la educación, pero no logramos consensuar un plan de largo plazo. Asimismo, nos declaramos demócratas, pero no siempre actuamos como tales, ni respetamos el orden institucional. Para alcanzar los resultados que anhelamos debemos comenzar a actuar y a relacionarnos de otra forma.
Coincidentemente, la reflexión del connotado experto se realizó mientras sus conciudadanos festejaban dos décadas de la caída del Muro de Berlín, suceso que propició el inicio de la reunificación alemana. Recuerdo ese 9 de noviembre de 1989 cuando el mundo se detuvo para ver las imágenes de miles de personas celebrando el sorpresivo acontecimiento. Las estaciones de televisión del planeta mostraban los rostros iluminados de los ciudadanos de Alemania Oriental cuando ingresaban sin restricción a Berlín Occidental, mientras eran recibidos con los brazos abiertos. Las manos se unían para derribar la muralla que los había separado por décadas. Los sonidos de los cinceles proclamaban una nueva era. La “infranqueable” barrera de concreto, símbolo inconfundible de división, temor y persecución, había desaparecido de la noche a la mañana. Hasta ese instante, el muro había marcado con claridad la cancha de la guerra fría, haciendo que las diferencias ideológicas y políticas separaran y enfrentaran a hermanos, amigos y vecinos. A pesar de las innumerables historias de quienes habían buscado vencer el obstáculo y del clima prevaleciente en la región, todo apuntaba a que la separación entre las dos Alemanias era algo irreversible en el corto plazo. Sin embargo, la caída del Muro de Berlín desencadenó un inmenso esfuerzo de reconciliación, que ha dado lugar a la próspera y fortalecida nación que vemos ahora. Ello evidencia que aun las situaciones más complejas tienen solución. Ojalá que los guatemaltecos también logremos salvar las barreras que nos separan y buscar juntos una vida mejor para todos.
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