Ha sido tradición en nuestro país que se cierren los juzgados y tribunales como consecuencia de las vacaciones de los funcionarios y empleados judiciales.
Ha sido tradición en nuestro país que se cierren los juzgados y tribunales como consecuencia de las vacaciones de los funcionarios y empleados judiciales. La razón del cierre es simple: todos los servidores públicos que trabajan en los tribunales salen de vacaciones al mismo tiempo.
A primera vista, estas decisiones parecen muy lógicas y razonables. Sin embargo, esta impresión se desvanece con interrogantes como las siguientes:
¿No contribuye a la violación del derecho constitucional al debido proceso y a una administración de justicia pronta y cumplida, que, a juicio de los expertos, es la de mayor incidencia en nuestro país, que los procesos judiciales se detengan por un mes, con motivo de las vacaciones de los burócratas?
¿Cuáles son las implicaciones y consecuencias de que los procesos judiciales se suspendan, porque el respectivo tribunal está cerrado por vacaciones?
¿Cuánto desorden y distorsión procesal se produce a raíz de los traslados de expedientes y procesos judiciales de los juzgados y tribunales que cierran por vacaciones a los que se quedan abiertos o de turno?
En nuestra opinión, los tribunales de justicia no deberían cerrar jamás sus puertas al público, por la elemental garantía de acceso a la justicia. Las vacaciones de los burócratas deberían programarse o calendarizarse sin necesidad de cerrar los tribunales. Al efecto, debería disponerse de funcionarios y empleados comodines que suplieran las vacaciones de los servidores titulares.
Por cierto, este sistema calendarizado de vacaciones, sin que se cerraran los tribunales, fue implementado con éxito en tiempos de la Corte Suprema de Justicia presidida por el licenciado Ricardo Sagastume Vidaurre (1982-1983), pero, posteriormente, por presiones insospechadas se volvió al sistema tradicional, que es el que impera actualmente.
Definitivamente este es un vivo ejemplo de nuestro subdesarrollo. Algo que nos diferencia de sociedades más avanzadas que la nuestra. En todos los países desarrollados del mundo los tribunales de justicia siempre están abiertos al público, y los burócratas disfrutan de sus vacaciones en forma rotativa y calendarizada.
Indefectiblemente, esta práctica inconsecuente, al igual que los puentes, asuetos y feriados arbitrarios, deben erradicarse del sector justicia.
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