Hace algunos años se proyectó una película llamada Back to the future (Volver al futuro) en donde el tema principal era ir al pasado o al futuro y tratar de corregir todo aquello que se ha hecho mal. Con este tema se identifican muchas personas a quienes les gustaría viajar al pasado y cambiar algunas cosas que hicieron y que ahora son motivo de arrepentimiento o de vergüenza. Otros están pendientes de lo que sucederá en el futuro. Lo que sucede en ambos casos es una esclavitud, una relación de dependencia, porque viven atados a los acontecimientos que impactaron en su vida en el pasado, como una pésima relación con sus padres, con sus cónyuges, con sus maestros o con sus patrones o empleados.
En ese pasado, todos encontramos una caída, un resbalón, algún fracaso, algún pecado. Pero más que eso, vivir atados a esos acontecimientos significa una atadura que nos impide vivir el presente, porque estamos tan resentidos, tan amargados, que no lo deleitamos. También puede ser que estemos tan preocupados por el mañana y cómo ha de ser, qué tendremos dentro de tanto tiempo. Nos preocupa el futuro de la nación, para saber a qué partido nos afiliamos, quién va a ganar las próximas elecciones, y con el afán de tener dinero. ¿Cómo será ese futuro?
Y esa incertidumbre que se vive y que nos conduce a tratar de saber qué será de nosotros más adelante, no es nueva. El ser humano en busca de conocer el futuro, de un milagro, y de causarle un mal a otro, se involucra en el ocultismo, en la adivinación a través de la lectura de la mano, la lectura de las cartas o tarot, la adivinación por espejos, la bola de cristal, la lectura de los horóscopos en la hechicería. Otra práctica muy común es el conjunto de ritos, conocimientos y poderes sobrenaturales con los que se pretende ayudar o hacer daño. Esta palabra está relacionada a la práctica de artes mágicas. Muchos la usan para hacer conjuros para su futuro y otros para pedir el mal para una persona o familiar en específico. Y hay más, hay rituales satánicos, y por eso el aparecimiento de personas muertas y destrozadas.
Hay niños que se han enlazado a la práctica de la llamada güija, que parece un inocente juego, pero esa relación del espiritismo les ha causado daño moral, les ha robado la seguridad para su vida, los ha llenado de temores. La verdad que el pasado y el futuro es una imposibilidad humana. No tenemos ni pasado ni futuro, lo único que tenemos es el presente, ese es el regalo de Dios, por eso le pusieron presente. No podemos hacer nada por nuestro pasado ni por nuestro futuro, pero sí podemos hacer todo por nuestro presente.
Es importante que disfrutemos a nuestra familia. En lo particular me gusta un poema que escribió Ana María Rabatté, poetisa chilena, que tituló En vida hermano, en vida. Disfrútela, hay quienes están pensando en el pasado, la estafa que les hicieron, el robo, la ofensa. Los amarga tanto que no tienen contentamiento o viven entre nubes soñando para el mañana, consultando con espiritistas, con adivinadores sobre ese futuro que quizá ya no llegará, por eso es importante el hoy, el presente.
No se involucre con el ocultismo y todas las ramas de la hechicería, confíe en que hay una esperanza y que usted tiene en quién confiar como el salmista que dijo “Yo, Señor, en ti confío”. Ahí le dirán cosas que no se cumplen, que le dan falsas expectativas. Para una vida plena, una vida alegre y sin temor de qué puede suceder, viva el presente. Hoy que están vivos nuestros seres queridos debemos amarlos, ahora que tenemos salud debemos disfrutar la vida, ahora, en vida.
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