Ahora que se ha lanzado la campaña para unirse en contra de la violencia hacia las mujeres, es importante recordar qué significa la palabra “macho”. Hay múltiples acepciones en el Diccionario de la Lengua Española sobre este término. Por ejemplo, los que vienen al caso mencionar son: animal del sexo masculino; mulo; hombre necio; el tronco de la cola de los cuadrúpedos, y el macho de la cabra, que es el cabrón. En las cosas o artefactos, la pieza que entra dentro de otra. Por supuesto, también significa como adjetivo, el hombre fuerte, vigoroso, valiente o animoso.
Y machismo simplemente significa la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Por prepotencia ha de entenderse el alarde, o peor aún, el abuso de poder. De por sí, la definición es machista, porque no entiendo por qué se pueda realmente pensar que un hombre tenga más poder que una mujer, por el solo hecho de ser hombre (sino, basta observar algunas parejas públicamente conocidas). Con el tema en mente, me recordé que Eduardo Galeano ha escrito cosas interesantes sobre el machismo. En su último libro titulado ‘Espejos’, encontré un breve relato titulado Fundación del Machismo en el cual nos cuenta que Zeus castigó la traición de Prometeo, creando a la primera mujer, llamada Pandora. De ella se dice que era hermosa y curiosa, pero ante todo, atolondrada. Se supone que Pandora se hizo presente ante lo mundano con una ánfora (que el renacentismo la cambió por una caja) que al destaparla, desató todas las desgracias imaginables (la vejez, la enfermedad, la fatiga, la tristeza, la locura, el vicio, la pobreza, etcétera). Por supuesto, este relato lo trae a cuenta, porque se parece un poco a la visión sobre el rol de Eva. Así pues, pareciera que en la cultura occidental, el machismo es de raíz. Esa varonil prepotencia es milenaria. Justificada en elucubraciones fantasiosas escritas por hombres.
Pero es tan sencillo: si de verdad profesamos la absoluta igualdad en dignidad de todos, hombres y mujeres, no hay cabida para el machismo y todas sus secuelas. Yo prefiero quedarme con la versión de que Pandora lo que traía en su ánfora eran todos los bienes, y que al destaparla, dichos bienes regresaron al Olimpo quedando en la tierra únicamente la esperanza. Ello, porque sin la mujer, no hay vida. Así de simple. Así de obvio. Por lo tanto, toda violencia contra la mujer debiera ser considerada delito de lesa humanidad.
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