ElGobierno se animó a pasar el sombrerito, se olvidó de sus promesas, de la convicción con que el entonces candidato aseguró a los chapines: todo sería bonito. Con total inteligencia acabaría en seis meses con la sucia delincuencia; generaría trabajo, atraería inversión, sería un gobierno casto, visionario, diferente… un gobierno de tesón. De trabajo, de pasión; un gobierno trascendente, resuelto a las soluciones, volcado a tantas carencias: ¡el gobierno de la gente!
A dos años de gestión, todo quedó en el olvido; ya no existe convicción, las promesas se olvidaron, los planes y planteamientos fueron realmente un pantano: agua sucia, pestilente, de frustración recurrente que con tantos gobernantes, timadores y farsantes parece hoy intrascendente. Es “natural”, es “gracioso”, que cada nuevo mandato, el valor resulte odioso; la verdad esté proscrita, la decadencia es la norma… la transa y la ineptitud, realidades que deforman.
La respuesta a la mentira, a planes que no existían, al tráfico de favores, a lo sucio, lo maligno, al fracaso de nación… y todos los sinsabores; es otra vez la charada que esgrimieron otros tantos, pusilánimes, cobardes, timadores o nefastos. La respuesta es: “más impuestos que paguen los que más tienen, acusar a quien se oponga de golpista, de traidor, de cínico, de oligarca, de pedante y destructor”. Pero 12 años atrás, si revisamos las cuentas, el presupuesto estatal era casi la mitad; 12 años atrás –también– la mitad de nuestros niños padecían –sin saberlo– de abandono, exclusión, ignorancia, negligencia, olvido y desnutrición.
Una prueba contundente de lo vil y lo indecente, es que hoy los diputados, los corruptos, los traidores, los anodinos esbirros, los cínicos e ignorantes, los traficantes de influencias, los patéticos mañosos, los cobardes y engañosos… “se pelean” sin pudor por aprobar los tributos. No porque ayude al país, tampoco por convicción, tampoco por ser astutos, sino con una misión. La esperanza de estos seres –a los que algunos defienden y otros cuantos les confieren total representación– es que aprobarán más pisto, siempre y cuando haya para ellos; para obra inconsistente, para transar en sus pueblos, para gasto insustancial con visión electoral.
De aprobarse la “reforma” que es otro parche sin forma; todos los guatemaltecos, pobres, ricos y medianos, cuando agarren su teléfono, entregarán con sus manos 15 len –al mandatario– como premio y cual respaldo a toda su indecisión, su cinismo y sus agravios. Quince len por un minuto, a quien no cumplió jamás con su palabra y promesas… un mitómano fugaz. Quince len por el acoso de criminales y maras; 15 len por transitar en calles tan inseguras, 15 len y alimentar actividades oscuras; 15 len que será mucho más pisto para mañosos, más transas en el Congreso, más desperdicio de fe, más políticos “traviesos”. ¡Piénselo!
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