El próximo domingo 29 se celebrarán elecciones generales en Honduras, previamente convocadas por el Tribunal Supremo Electoral.
El próximo domingo 29 se celebrarán elecciones generales en Honduras, previamente convocadas por el Tribunal Supremo Electoral. En las mismas se elegirá al Presidente y Vicepresidente de la República, a los diputados al Congreso y a las autoridades municipales en todo el territorio nacional.
La potestad de restituir o no a Manuel Zelaya como Presidente de Honduras quedó en manos del Congreso Nacional, de conformidad con el Acuerdo Tegucigalpa/San José, suscrito el pasado 30 de octubre por las comisiones negociadoras del gobierno provisional presidido por Roberto Micheletti y de Manuel Zelaya, extremo que será discutido el 2 de diciembre de este año, según lo anunció la junta directiva del Legislativo, después de recabar las opiniones de la Corte Suprema de Justicia, del Ministerio Público y del Tribunal Supremo Electoral.
Aunque Zelaya desconoció el Acuerdo Tegucigalpa/San José, ya que tarde se dio cuenta de que no favorecía sus intereses, dicho convenio es el instrumento que deberá servir de base para superar la crisis política surgida a raíz de la destitución y posterior expulsión de Zelaya. La palabra empeñada no es juego y, por ende, no se vale desdecirse.
Ahora Zelaya hace berrinche y dice que ya no desea ser restituido como Presidente de Honduras. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Quiere o no quiere que se le restituya? ¿O será que ya se dio cuenta de que la restitución puede llevarlo directamente a la cárcel, porque no se aprobará una amnistía que lo exonere de responsabilidad penal?
En todo caso, lo más importante es que finalmente el pueblo hondureño será el que decida su futuro a través de los comicios. En consecuencia, mal hacen los gobiernos que se resisten a aceptar el veredicto popular, porque no sólo están desconociendo el principio universal de autodeterminación de los pueblos, sino también están menospreciando la institucionalidad hondureña, cuyas decisiones deben ser respetadas y observadas.
Lo importante es que después del próximo domingo las condiciones políticas imperantes en Honduras serán otras y la comunidad internacional tendrá que aceptar la voluntad del pueblo hondureño expresada en las urnas electorales y reconocer que sólo el pueblo salva al pueblo.
Ojalá que las elecciones hondureñas sean limpias y transparentes, porque de su resultado veraz e imparcial dependerá la legitimidad del nuevo gobierno.
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