A Lapy Palmieri le gustan mis columnas cuando reconozco valores nacionales, pero es imprescindible decir esto, aunque me lleve de corbata a Arturito Núñez. En lo que corresponde a la “responsabilidad social empresarial”, hay mucha tela que cortar, menú variado según el tipo de empresa: a) las que asumen su responsabilidad, y las que no, b) las arrogantes que cacarean y no cumplen su compromiso y las que verdaderamente lo cumplen, c) todavía hay más, las premiadas que no lo merecen, y las no premiadas que lo merecen. La organización que se dedica a hacer esa clase de reconocimientos, ¿verdaderamente analizará los merecimientos? ¿Hoy es noticia, la tragedia del lago de Atitlán? No lo creo, ¿cuál noticia?
Hace diez décadas, era el segundo vertedero de basura acuática después del lago de Amatitlán. Luego de mucho esfuerzo durante todo el siglo pasado, ya hay resultados. Hacen cola el lago de Izabal y Río Dulce, se agrega un nuevo interesado en formar parte del selecto grupo: la laguna de Lachuá. Esa ignorancia hoy tiene un precio del que podemos echar la culpa a los políticos, mejor sí se trata de doña Sandra. Y además, como no ven qué se hace con las aguas servidas de sus propiedades, el crimen es perfecto. Esa irresponsabilidad, estimulada y debidamente patrocinada, trasladada a otras áreas, como la despiadada minería, engalana el escenario, tanto por el problema ecológico, no debidamente abordado por tirios y troyanos, muy motivados por el pecado o regalo de esos materiales, pero eso sí, recursos no recuperables.
El tema es que en pleno siglo XXI, debo mencionar, que ya se ven pasos de animal grande, advertir la espantosa contaminación visual político-empresarial que se nos avecina, con motivo de la anticipada campaña electoral, ya presente no es tampoco ninguna sorpresa, por el adorno de carreteras, avenidas y sitios principales. Los patrocinadores están siendo generosos con los candidatos de sus simpatías. Mientras un grupo de empresarios responsables desde hace tiempo ha venido asumiendo su compromiso de erradicar la contaminación visual, ocasionada por las vallas publicitarias, políticas y/o religiosas y otros objetos. “Líderes” como Harold Caballeros, o Abraham Rivera, que proponen resolver los problemas nacionales, nos atosigan con vallas, para ofrecer que ellos son ¿diferentes? y que van a terminar con todos los males, así que, desde que salimos de casa, nos intoxican los ojos de bacterias más que a la vista.
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