El Congreso se ha convertido en un cuadrilátero. En el primer round, la UNE perdió el combate por la aprobación del presupuesto para 2010. Todos sabemos que se volverá a aplicar el de 2009 con sus discrecionalidades para transferencias, así que en realidad, quién sabe si realmente el partido oficial no se dejó ganar. Pero el siguiente round sí que es casi a muerte, pues con el presupuesto que sea, si no hay dinero, ni transferencias a Cohesión Social podrán realizarse. Así que la lucha por la aprobación del paquete fiscal va en serio. Ya lo estamos viendo. El Presidente, en cadena nacional, ha lanzado públicamente la advertencia que si no se aprueba el mencionado paquete, reducirá el gasto público en salud, educación y seguridad. ¡Vaya manera de ahorrar!
Si por retórica entendemos el arte de la persuasión, creo que con esos argumentos, más que convencer o persuadir, lo que se logra es mayor animadversión a una propuesta impopular pero necesaria. En la retórica presidencial pareciera haber una falacia: si las transferencias condicionadas se hacen principalmente a cambio que los hijos de los beneficiarios vayan a la escuela y a los centros de salud, ¿con qué maestros, médicos y paramédicos se darían los servicios respectivos? Pero donde más que advertencia parece amenaza lo anunciado por Colom, es cuando dice que recortará presupuesto en seguridad. En el fondo está instando a los maestros, médicos y policías a salir a la calle a defender sus plazas. Las huelgas de los primeros dos gremios, son legendarias. Si de ahorrar se trata, ¿por qué no pensar en cancelar toda publicidad gubernamental, por ejemplo?
El Presidente representa la unidad nacional según la Constitución. Está llamado a lograr grandes consensos y paz social. Yo estoy completamente de acuerdo con que el Estado necesita recaudar más ingresos fiscales. Pero a mí me convencen las razones de fondo, no las amenazas de debilitamiento institucional premeditado y de confrontación social. Quizá las mismas se han vertido por la actitud de otros partidos políticos que quieren hacer de chivo los tamales (aló Manuel Baldizón y compañía), pero aún así, nada justifica esas magnas amenazas. El estadista guarda serenidad en los momentos más difíciles. Combatir frontalmente la corrupción, por ejemplo, sería una buena manera práctica y no retórica de fomentar el pago de impuestos.
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