Retomo un tema que es mucho más grave de lo que nos han contado; hablo del caso de la tragedia del otrora paradisíaco lago de Atitlán. Los cuentos de los cuentacuentos nos aseguran que el fósforo y la elevación de la temperatura de sus aguas, hizo proliferar la cianobacteria… pero pronto desaparecerá y todo volverá a ser normal. Jamás creí esa historia; sabía por simple observación –siendo neófito en la materia– que el problema del lago se originaba en los intestinos de lugareños y visitantes, cuyas heces fecales van a parar –al menos en tres poblados– directamente a las aguas que tanto hemos admirado y que cambiaban de color durante el día… tornándose hoy en un feo café que cubre casi toda su superficie y de continuar la contaminación… jamás volverá a ser azul o turquesa.
Sospechaba que la corrupción de alcaldes, hoteleros y autoridades “de fiscalización”, que junto a la indiferencia de la Cámara de Turismo o al Inguat, se encojen de hombros frente a la tragedia ecológica… eran la causa de la agonía del lago. Para descartar mis sospechas o confirmarlas, recorrí –una vez más– el lago por agua y extraje muestras –que envié a analizar– de seis lugares distintos, estos fueron: Panajachel, Santa Catarina y San Antonio Palopó, San Lucas Tolimán, Yatch Club Atitlán y el centro del lago. Estaba seguro que en los dos primeros lugares mencionados, a juzgar por el tufo… habría de todo, incluyendo Escherichia coli.
Los resultados son funestos; en Panajachel y Santa Catarina Palopopó (así la bauticé en julio), muestran una contaminación terrible… dando un recuento aeróbico de 125 mil y 6 mil unidades formadoras de colonia por mililitro, siendo lo normal –según estándares internacionales– un máximo de 500. En cuanto a coliformes totales, la presencia es de 560 y 120, respectivamente… siendo lo máximo aceptable 1. El resto de las muestras analizadas por un laboratorio serio, también revelaron aeróbicos y coliformes. La presencia vasta de aeróbicos implica la existencia de millones de bacterias consumidoras de oxígeno y son estas –no sólo la cianobacteria– las que están terminando con el oxígeno del lago. Los coliformes, confirman –como la E. coli– ni más ni menos, la presencia de popó; de esa cuenta inferimos que –como me aseguró un connotado médico que me asesoró en la interpretación de los resultados– “el problema real del lago es que está lleno de caca”… en algunos sitios más que en otros; lo menos contaminado es el centro del lago… pero también se encontraron heces.
Conocer la verdad y no dejarnos llevar por historias falaces es toral; si el lago sigue recibiendo la defecación masiva de Panajachel, San Pedro y Santa Catarina, la cual desfoga impunemente a través de tubos de gran diámetro, frente a la mirada indiferente de hoteleros y lugareños y “autoridades”… el lago morirá y pronto será –trágicamente– conocido como Popotitlán. ¡Piénselo!
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