La crisis en Honduras ha demostrado que Estados Unidos no ha cambiado su política hacia Latinoamérica. Todavía prefiere gobiernos militares y fascistas que democráticos para defender sus mezquinos intereses.
Aquí se ve lo infame que es darle un Premio Nobel a un presidente que sigue bañando en sangre al mundo a pesar de que está en sus manos cambiar la historia.
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