¿Cuántas veces ha sido usted mordido por Emetra, amigo lector? ¿Cuántas veces intentó morderle? ¿Cuántos amigos suyos han sufrido sus mordidas? ¿De cuántas personas ha sabido? ¿Cuántas las mordidas que ha sufrido y cuántas aquellas de las ha sabido amigo lector?
La verdad de las cosas es que Emetra, al parecer, no muerde y sus agentes empiezan a ser percibidos entonces –y por razones obvias, que obras son amores y no buenas razones–, como algo distinto, ¿no lo cree?
Hace algunos años nadie pensaba que se tratara la ordenación del tránsito en las áreas urbanas de los distintos municipios –y tan especialmente en las ciudades– de una función municipal y existía sobre esta idea la mismísima resistencia que hoy existe para que asuma otra función que es también –de igual manera– una función municipal –pero lamentablemente desconocida como tal entre nosotros–: garantizar, en su jurisdicción municipal, la seguridad de las personas. Si no hay seguridad, ¿para qué todo lo demás? ¿Qué le importan los servicios a los muertos?
Resulta obvio que brindarle seguridad a los vecinos tiene que ser, necesariamente, la primera función del municipio pero –raras excepciones– los municipios se resisten a asumirla.
Hoy se ha entendido, por fin, que la dirección del tráfico en las ciudades –en todo centro urbano– es una función que compete al municipio y que estos la realizan de mejor manera que las entidades que derivan del gobierno central, conocedores de sus necesidades, prioridades e incluso de sus gustos.
Pero volviendo a Emetra, ¿ha sido usted mordido por Emetra? ¿No es cierto acaso que al ver ahora a un policía municipal de tránsito, empieza a reconocer en él a una persona que trata de ayudarle?
¿Se acuerda de aquel silbatazo intimidante, preludio de la mordida que venía?
Los agentes de tránsito han sido revestidos de dignidad y están respondiendo.
Las cosas buenas no se reconocen ni se dicen en esta Guatemala nuestra, tan polarizada por el odio.
Si se es rojo, todo lo que hagan los cremas resulta irrelevante y muy mal hecho. Si se es crema, la apreciación sobre los rojos adolece de la misma miopía que nos castra.
Por eso estamos como estamos. Por eso está Honduras en el mundial, y no nosotros. Por eso es que nunca llegaremos a un mundial. ¿Dónde están los semilleros? ¿Dónde el deporte federado y no federado, desprovisto de colores?
Emetra y sus agentes lo están haciendo bien y pareciera entonces, ¿por qué no?, que lo demás también es posible.
Pasaron años sin que se entendiera que la ordenación del tránsito en la ciudad es una función municipal por excelencia. ¿Cuántos años pasarán para que se entienda que la seguridad es la función principal del municipio? ¿Cuántos años pasaron para que se entendiera que sin transporte colectivo de excelencia, no había solución posible para el tráfico?
Pero al fin, por lo visto, se va entendiendo. ¿Cuánto más tardará para que entendamos que es el municipio el Estado pequeño, más próximo al ser humano, con más capacidad para conocer de sus problemas y servirle… ¿Mordido por Emetra? Por algo será que no, ¿no le parece?
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
14 comentarios: